Con toda la confusión en los debates políticos sobre el costo de cuidados de salud para todas las personas de los Estados Unidos, es difícil determinar lo que saldrá.
Recientemente, la Conferencia de Obispos Católicos estadounidenses pidió al Congreso “considerar criterios morales importantes, especialmente acerca los más vulnerables entre nosotros, quienes incluyen a los por nacer y las personas que viven una pobreza profunda”.
Los obispos estadounidenses consistentemente defienden un sistema de cuidados médicos en que “se cuida a todos y en que nadie muere a propósito”. Los obispos pidieron al Congreso asegurar el cuidado médico para las millones de personas que dependen de él.
Al reconocer que la Iglesia Católica “provee el cuidado médico, compra el cuidado médico y apoya a las personas necesitadas cuando el sistema les falla”, los obispos urgieron al Congreso adoptar “un nuevo espíritu de cooperación para el bien común”.
Como obispo, no pretendo escoger un lado en las partidas políticas con todo esto. Mi única preocupación es nuestra respuesta al llamado del Señor Jesús en el Evangelio a mostrar el amor y la compasión para los demás en cada manera desde la concepción hasta la muerte natural. Proveer el cuidado médico es una manera concreta para lograr eso.
Tengo la esperanza y rezo que, en estos días cuando tantas personas anticipan lo peor y viven con un miedo táctil, “los mejores ángeles de nuestra forma de ser” ganaran y que conmuevan a las personas con posiciones de poder a responder positivamente al llamado del Señor Jesús.
— El obispo David M. O’Connell, C.M.
