CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Siguiendo la Vía Francígena, un sendero donde caminaban peregrinos durante tiempos antiguos, unos 300 participantes del Sínodo de los Obispos y jóvenes de parroquias de Roma se dirigieron hacia la Basílica de San Pedro para orar en la tumba del apóstol.
Los cardenales, obispos, sacerdotes y jóvenes en excursión cargaban pequeñas mochilas, zapatos cómodos o botas, listos con sombreros y botellas de agua para caminar 3.7 millas (6 kilómetros) desde un reserva natural urbana hasta la iglesia más grande de la cristiandad.
Patrocinada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, la peregrinación se llevó a cabo el 25 de octubre como parte del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.
La caminata fue una oportunidad para que los participantes pudieran darle tiempo a la oración y para tomar fotos, pero también, según el folleto de la peregrinación, les ofreció una manera de experimentar la condición itinerante de la iglesia, que es el pueblo de Dios en camino hacia el Jerusalén celestial.
También decía que el Sínodo de los Obispos “es una señal de un viaje que la comunidad de los creyentes quiere cumplir” respondiendo a lo que Dios pide, escuchar su palabra más atentamente, a renovar el corazón y profesar la fe de una manera más “comprometida y responsable”.
El papa Francisco recibió el grupo de peregrinos mientras entraban en la Basílica de San Pedro y los dirigió en una profesión de la fe sobre la tumba del apóstol, quien con su vida y martirio dio testimonio de la fe.
El papa se quedó para la Misa celebrada por el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos.
El arzobispo Rino Fisichella, director del consejo para la nueva evangelización, ofreció la homilía y habló sobre cómo la vida y vocación de San Pedro comenzaron con la gran confianza que él puso en la palabra de Jesús y los milagros que esa confianza había de cosechar.
Sin embargo, Pedro nunca estuvo lo suficientemente listo para entregarlo todo por el Señor, quien siempre fue paciente y lo amó de todos modos, dijo el arzobispo.
Él dijo que tomó otros 30 años para que el apóstol estuviera listo para hacer más que solo seguir a Cristo, entregándolo todo a Dios, incluyendo su propia vida.
“Aquí Pedro logra su vocación. Le toma 30 años. No importa. Dios es paciente con nosotros”, dijo el arzobispo. “Él tiene que encontrar un corazón abierto”.
