La imagen de arriba pertenece a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Washington, D.C. Todos los derechos reservados. Image de Canva
Mensaje del obispo David M. O’Connell, C.M.
En ocasiones, recibo cartas que recomiendan (¡a veces incluso exigen!) que mis hermanos obispos y yo dediquemos menos tiempo al tema del aborto y nos centremos en otros asuntos. Con frecuencia, se caracteriza el aborto como un tema político divisivo, en lugar del tema moral que en realidad es.
Desde hace varios años, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos se refiere al aborto como “nuestra prioridad primordial” porque ataca directa y deliberadamente la vida misma en su etapa más vulnerable.
La cruda realidad es que, desde 1973, según el Instituto Guttmacher, se han practicado más de 63 millones de abortos en Estados Unidos, el doble de la población de todo el estado de Texas. De hecho, ¡la mayoría de los países del mundo tienen poblaciones inferiores a 63 millones! A estas alarmantes estadísticas estadounidenses contribuye la mayor disponibilidad de fármacos abortivos (en concreto, la mifepristona), que se empezó a distribuir oficialmente por correo en diciembre de 2021.
Como obispo de la diócesis de Trenton, respaldo el liderazgo de la invitación de la USCCB del 27 de julio a todos los católicos de los EE. UU. a unirse en un esfuerzo renovado y enfocado de oración y acción desde ahora hasta finales de octubre (Mes del Respeto a la Vida) para detener la propagación de medicamentos abortivos. Nosotros, los obispos, hemos instado a los católicos a buscar la intercesión de San José, defensor de la vida (https://www.respectlife.org/prayer-to-st-josephy en español,https://es.respectlife.org/prayer-to-st-joseph) y para enviar mensajes a las farmacias y corporaciones farmacéuticas involucradas en este último y trágico intento de promover el aborto en nuestra nación. ¡San José, ruega por nosotros!
Oración a san José, defensor de la vida Amadísimo san José: Ante el pedido de un ángel, amorosamente llevaste a María a tu hogar. Como humilde siervo de Dios, guiaste a la Sagrada Familia por el camino hacia Belén, acogiste a Jesús como tu hijo en el refugio de un pesebre, y huiste lejos de tu patria para la seguridad de la Madre y el Hijo. Alabamos a Dios porque tú, siendo su fiel protector, nunca dudaste sacrificarte por quienes fueron encomendados a ti. Que tu ejemplo nos inspire también para acoger, atesorar y proteger el más preciado don de la vida que nos regala Dios. Ayúdanos a comprometernos con fidelidad para servir y defender la vida humana —en especial donde es vulnerable o esté amenazada. Obtennos la gracia de hacer la voluntad de Dios en todas las cosas. Amén.
