Un mensaje del obispo David M. O’Connell, C.M.
Mientras la Iglesia en los Estados Unidos se une para celebrar la Semana Nacional del Matrimonio, como obispo de la Diócesis de Trenton, agradezco la oportunidad de reflexionar con ustedes sobre la belleza, la dignidad y la misión del matrimonio cristiano. Este año, comenzando con el Día Mundial del Matrimonio el 8 de febrero y continuando hasta el 14 de febrero, la comunidad católica de nuestra nación se detiene para honrar la vocación que se encuentra en el corazón de la vida familiar y que constituye uno de los testimonios más poderosos del amor fiel de Dios en nuestro mundo.
El matrimonio no es simplemente un acuerdo social ni un contrato privado. Es un sacramento, un signo vivo de la alianza inquebrantable de Cristo con su Iglesia. En una cultura que a menudo considera las relaciones como temporales o desechables, el amor inquebrantable de un esposo y una esposa se convierte en un testimonio luminoso del Evangelio. Sus actos cotidianos de generosidad, perdón y perseverancia revelan el carácter mismo de Dios, que nunca se cansa de amar a su pueblo.
Esta semana nos invita a celebrar a las innumerables parejas que, con valentía y alegría, encarnan silenciosamente esta vocación. Pienso en los cónyuges que se levantan temprano para cuidar de sus hijos, que se apoyan mutuamente en la enfermedad o la incertidumbre, que trabajan largas horas para mantener a sus familias y que rezan juntos incluso cuando la vida se vuelve abrumadora. Estos momentos cotidianos, a menudo invisibles para el mundo, son los cimientos de la santidad. Son los lugares donde la gracia echa raíces.
Al mismo tiempo, la Semana Nacional del Matrimonio es un momento para que toda la Iglesia renueve su compromiso de acompañar a las parejas en cada etapa de su camino. Las parejas comprometidas que se preparan para el sacramento necesitan mentores que compartan su sabiduría y testimonio. Los recién casados necesitan aliento mientras aprenden a unir sus vidas. Las parejas con muchos años de matrimonio necesitan el apoyo de una comunidad que valore sus sacrificios y celebre su fidelidad. Y quienes sufren heridas, ya sea por separación, pérdida o relaciones difíciles, merecen compasión, oración y la certeza de que la Iglesia los acompaña.
La celebración de este año también nos invita a reflexionar sobre la familia como la “Iglesia doméstica”. En el hogar, los hijos aprenden por primera vez qué significa el amor. Descubren el significado de la confianza, la misericordia y el compromiso al observar a sus padres vivir estas virtudes a diario. Cuando los matrimonios florecen, las familias florecen. Y cuando las familias florecen, la Iglesia y la sociedad se fortalecen de maneras que ningún programa ni política pueden igualar.
A todos los matrimonios de nuestra Diócesis: gracias. Gracias por su testimonio, sus sacrificios y su fidelidad. Gracias por mostrar al mundo que el amor arraigado en Cristo es más fuerte que cualquier desafío. Los animo a seguir cultivando su relación a través de la oración, los sacramentos y el tiempo de calidad que comparten. Nunca subestimen el poder de los pequeños gestos de amor para transformar su hogar y fortalecer su unión.
Para quienes se preparan para el matrimonio: Que esta semana les inspire a acercarse al sacramento con reverencia y esperanza. Inviten a Cristo a su relación desde ahora, y lo encontrarán caminando a su lado durante el resto de sus vidas.
A nuestros jóvenes: No tengáis miedo de la vocación del matrimonio. El mundo puede ofrecer muchas imitaciones, pero el amor auténtico –generoso, fiel y que da vida– sigue siendo una de las mayores alegrías que podéis experimentar.
Y a toda nuestra comunidad: Oremos por los matrimonios, apoyemos a las familias y fomentemos una cultura en la que el compromiso para toda la vida sea honrado y alentado.
Al celebrar la Semana Nacional del Matrimonio en 2026, que la Sagrada Familia de Nazaret –Jesús, María y José– interceda por todas las parejas y familias. Que su ejemplo de unidad, confianza y amor abnegado nos inspire a construir hogares donde Cristo sea bienvenido y su amor se comparta generosamente.
Que Dios nos bendiga a todos.
