Inspirada por su fe, inmigrante está comprometida a ayudar al prójimo

August 1, 2023 at 11:11 p.m.
Marisol Canales busca ayudar a otros migrantes como consejera de inmigración para Catholic Migration Services, un proveedor de servicios legales que está afiliado con Caridades Católicas de Brooklyn y Queens. (Foto OSV News, cortesía de Gabriel Marocchi)
Marisol Canales busca ayudar a otros migrantes como consejera de inmigración para Catholic Migration Services, un proveedor de servicios legales que está afiliado con Caridades Católicas de Brooklyn y Queens. (Foto OSV News, cortesía de Gabriel Marocchi) (Handout)

By GABRIEL MAROCCHI
Osv News

BROOKLYN, Nueva York OSV News –Marisol Canales, quien emigró de Perú a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor para ella y su hijo Yaveh, sabe que para muchos extranjeros, el sueño americano puede ser cruel, frío y solitario. Por eso ahora ella busca ayudar a otros migrantes como consejera de inmigración para Catholic Migration Services, un proveedor de servicios legales que está afiliado con Caridades Católicas de Brooklyn y Queens.

Canales se autocalifica como una "mujer curiosa". Recuerda que al cumplir 5 años sintió el llamado de Dios y quiso conocerlo. Las clases de religión que tomó de niña marcaron su futuro, llevándola a ayudar al prójimo, dijo.

"Mi curiosidad me demanda a aprender día a día, no solo de aquellas personas que me rodean, sino también de las herramientas que tenemos a nuestro alcance", dijo. Así, "no solo puedo crecer en mi fe, en mi vida, en mi trabajo, pero también puedo, con todo lo aprendido, ayudar a otros a cumplir su sueño".

En 1994, Canales y su hijo (de 4 años) emigraron a Estados Unidos y aprendieron en carne propia la dura vida del inmigrante indocumentado sin saber que esa experiencia no solo le cambiaría la vida, sino también le sería de gran utilidad en su futuro.

Canales afirmó que a pesar de haber vivido durante los años 80s en Costa Rica y Panamá, esta nueva etapa fue más compleja. Uno de los principales obstáculos fue el idioma inglés, pero tomó clases para destruir esa pared que le impedía el poder libremente comunicarse, siendo su meta el bienestar de su hijo.

Su "curiosidad" la llevó a la Iglesia de San Bartolomé en Elmhurst, Queens, en donde se unió al grupo juvenil Jornadas de Vida Cristiana, convirtiéndose con el tiempo en catequista, lectora y asistente de la directora de Formación de Fe. En 1997, fue invitada a vivir un retiro espiritual que la ayudó a conocerse más profundamente. Allí conoció a otras jóvenes que, como ella, tuvieron que dejar sus hogares, sus familias en busca de ese sueño americano que, dijo, era como un jardín sin flores que con amor, sacrificio, y fé fueron poco a poco creciendo.

Luego, al dar su testimonio en un retiro para jóvenes sobre el apostolado, Canales se dió cuenta que Dios tenía un mensaje. Ella deseaba ser ejemplo de ese apostolado, por eso una vez más su "curiosidad" la llevó a buscar una nueva meta, ayudar al prójimo. Pero debido a su estatus legal muchas puertas se cerraron, añadió.

Desmoralizada, decidió hablar con un sacerdote. Él le informó que un grupo de jornaleros indocumentados esperaban todos los días ser recogidos para trabajar en una calle del barrio de Queens en Nueva York, donde pasaban frío, calor y especialmente hambre. Esta última palabra fue la que motivó a reunir a un grupo de jóvenes para que la ayudaran. Cada sábado desde el año 1998 hasta principios de la pandemia, Canales y su equipo preparaban más de 150 sándwiches y café para estos inmigrantes indocumentados.

Al principio muchos de los jornaleros no confiaban en ellos, algunos tenían miedo de que Canales y su equipo fueran agentes del Servicio de Inmigración, pero con el tiempo los jornaleros se dieron cuenta de que sus intenciones eran honestas. Allí pudo aprender más de ellos, de las pericias que muchos pasaron para venir a los Estados Unidos, algunos cruzando las fronteras exponiéndose al frío, hambre y al abandono en muchos casos de los "coyotes" que luego de quitarles hasta el último centavo con la falsa esperanza de ayudarlos a cruzar la frontera, los dejan varados en medio de un lugar desconocido y peligroso, contó con lágrimas en los ojos.

Esta nueva enseñanza que Dios ponía en su camino la motivó a poner al día su estatus legal, y a aprender cómo ayudar a otras personas que, como aquellos humildes trabajadores, no tenían un estado legal. Fue en gran parte su motivación para luchar en contra de la injusticia, dijo.

Después del ataque terrorista del 9/11, como muchos de los neoyorquinos indocumentados, Canales se quedó sin trabajo. Nuevamente, Dios le indicó su camino y es a través de Caridades Católicas de New York -- que Canales describe como "sus salvadores" -- revisaron su estatus legal, contándole las opciones que tenía para regularizar su caso.

Al mismo tiempo fue invitada a formar parte del equipo de voluntarios de Caridades Católicas ed Manhattan. Canales aprendió más de cerca las necesidades y pericias que viven los indocumentados en Nueva York. Al ver su dedicación y sabiendo que Canales necesitaba trabajo, una empleada la recomendó para trabajar como secretaria en Emerald Isle Immigration Center, una organización sin fines de lucro que ayudaba a los indocumentados.

Al trabajar allí por casi cinco años, ella sintió que Dios la había guiado a un lugar donde podía ayudar a personas que como ella no tenían papeles y querían regularizar su situación. Además de sus labores como secretaria, su dedicación y curiosidad la llevaron a aprender de cada caso que se acercaba y estudiar (usando el internet) sobre las nuevas leyes. Sus jefes notaron su entrega para ayudar a los demás y le ofrecieron la posición de consejera junto con clases de entrenamiento -- las cuales fueron fundamentales en su carrera, dijo Canales.

En 2011, Canales comenzó a trabajar como consejera supervisora de inmigración de Catholic Migration Services, una sociedad sin fines de lucro creada en 1971 por el obispo Francis Mugavero de Brooklyn -- la oficina ha ayudado a migrantes de 167 países.

Canales ayuda a los clientes preparando solicitudes de ajustes de estatus, naturalización, tarjeta verde (green card), DACA y extensiones de Visa R1 que es la visa otorgada a religiosos de otros países.

Su ansia de aprender no ha cesado. Een Mayo del 2023 viajó a Phoenix, Arizona, para participar en los Entrenamientos Migratorios Anuales de Catholic Legal Immigration Network para continuar con su educación, estar al tanto de las nuevas reglas y regulaciones migratorias y poder ayudar a todo aquel que visita su oficina.

Ella participó en cursos para aconsejar con honestidad a quien por algún motivo no puede acceder a una representación legal que le ayude a obtener un estatus migratorio legal en los Estados Unidos.

Canales sufre al oír las historias de inmigrantes estafados. Ella siempre aconseja que "antes de venir a vivir a los Estados Unidos usen la internet para poder informarse mejor de la realidad que la gente indocumentada vive en este país". Las veces en las que nada se puede hacer, Canales les explica esto a los migrantes con delicadeza y profesionalismo, ya que ha visto a víctimas de engaños y estafas donde abogados o entidades que dicen ayudar a los inmigrantes cobran cifras abismales.

Ella compartió, sin dar nombre para proteger la privacidad del cliente, la historia de un joven que fue engañado por un familiar cercano quien le había prometido ponerle un abogado -- lo que nunca pasó. Con el tiempo, el joven obtuvo la residencia y se acercó a la oficina de Caridades Católicas para pedir ayuda con la aplicación de la ciudadanía, que había sido rechazada en dos oportunidades.

Canales lo ayudó a llenar por 3ra vez la aplicación la cual en esta oportunidad no fue rechazada y, luego de un año el sueño de este joven que tomó 26 años en convertirse en ciudadano estadounidense se hizo realidad.

La felicidad y paz de todos aquellos que son ayudados por su equipo es lo que motiva a Canales seguir ayudando. "La mayor riqueza que recibo es el ver el rostro de felicidad de aquellas personas que han luchado por años", dijo.

Pero Canales hizo hincapié en que antes de viajar hay que informarse sobre las posibilidades de venir de manera legal. "Nunca crean a los que les dicen: vente a los EE.UU. y al poco tiempo te salen los papeles", aseguró. Para los que vienen sin visa de trabajo o residencia, el proceso para regularizar su situación puede tomar años y ser sumamente costoso. Además, añadió, hablen con otros inmigrantes, vean cómo es vivir en este país, pregunten los precios de los alquileres porque "este sueño en algunos casos puede convertirse en pesadilla".

"Mi intención no es asustarlos, sino ayudarlos a ver una realidad, la cual puede, según la persona, ser favorable o no", añadió.

Inspirada por su fe y deseo de ayudar a los demás, ella continuará trabajando con migrantes, estudiando sus casos con profundidad y aconsejándoles en su camino.


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BROOKLYN, Nueva York OSV News –Marisol Canales, quien emigró de Perú a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor para ella y su hijo Yaveh, sabe que para muchos extranjeros, el sueño americano puede ser cruel, frío y solitario. Por eso ahora ella busca ayudar a otros migrantes como consejera de inmigración para Catholic Migration Services, un proveedor de servicios legales que está afiliado con Caridades Católicas de Brooklyn y Queens.

Canales se autocalifica como una "mujer curiosa". Recuerda que al cumplir 5 años sintió el llamado de Dios y quiso conocerlo. Las clases de religión que tomó de niña marcaron su futuro, llevándola a ayudar al prójimo, dijo.

"Mi curiosidad me demanda a aprender día a día, no solo de aquellas personas que me rodean, sino también de las herramientas que tenemos a nuestro alcance", dijo. Así, "no solo puedo crecer en mi fe, en mi vida, en mi trabajo, pero también puedo, con todo lo aprendido, ayudar a otros a cumplir su sueño".

En 1994, Canales y su hijo (de 4 años) emigraron a Estados Unidos y aprendieron en carne propia la dura vida del inmigrante indocumentado sin saber que esa experiencia no solo le cambiaría la vida, sino también le sería de gran utilidad en su futuro.

Canales afirmó que a pesar de haber vivido durante los años 80s en Costa Rica y Panamá, esta nueva etapa fue más compleja. Uno de los principales obstáculos fue el idioma inglés, pero tomó clases para destruir esa pared que le impedía el poder libremente comunicarse, siendo su meta el bienestar de su hijo.

Su "curiosidad" la llevó a la Iglesia de San Bartolomé en Elmhurst, Queens, en donde se unió al grupo juvenil Jornadas de Vida Cristiana, convirtiéndose con el tiempo en catequista, lectora y asistente de la directora de Formación de Fe. En 1997, fue invitada a vivir un retiro espiritual que la ayudó a conocerse más profundamente. Allí conoció a otras jóvenes que, como ella, tuvieron que dejar sus hogares, sus familias en busca de ese sueño americano que, dijo, era como un jardín sin flores que con amor, sacrificio, y fé fueron poco a poco creciendo.

Luego, al dar su testimonio en un retiro para jóvenes sobre el apostolado, Canales se dió cuenta que Dios tenía un mensaje. Ella deseaba ser ejemplo de ese apostolado, por eso una vez más su "curiosidad" la llevó a buscar una nueva meta, ayudar al prójimo. Pero debido a su estatus legal muchas puertas se cerraron, añadió.

Desmoralizada, decidió hablar con un sacerdote. Él le informó que un grupo de jornaleros indocumentados esperaban todos los días ser recogidos para trabajar en una calle del barrio de Queens en Nueva York, donde pasaban frío, calor y especialmente hambre. Esta última palabra fue la que motivó a reunir a un grupo de jóvenes para que la ayudaran. Cada sábado desde el año 1998 hasta principios de la pandemia, Canales y su equipo preparaban más de 150 sándwiches y café para estos inmigrantes indocumentados.

Al principio muchos de los jornaleros no confiaban en ellos, algunos tenían miedo de que Canales y su equipo fueran agentes del Servicio de Inmigración, pero con el tiempo los jornaleros se dieron cuenta de que sus intenciones eran honestas. Allí pudo aprender más de ellos, de las pericias que muchos pasaron para venir a los Estados Unidos, algunos cruzando las fronteras exponiéndose al frío, hambre y al abandono en muchos casos de los "coyotes" que luego de quitarles hasta el último centavo con la falsa esperanza de ayudarlos a cruzar la frontera, los dejan varados en medio de un lugar desconocido y peligroso, contó con lágrimas en los ojos.

Esta nueva enseñanza que Dios ponía en su camino la motivó a poner al día su estatus legal, y a aprender cómo ayudar a otras personas que, como aquellos humildes trabajadores, no tenían un estado legal. Fue en gran parte su motivación para luchar en contra de la injusticia, dijo.

Después del ataque terrorista del 9/11, como muchos de los neoyorquinos indocumentados, Canales se quedó sin trabajo. Nuevamente, Dios le indicó su camino y es a través de Caridades Católicas de New York -- que Canales describe como "sus salvadores" -- revisaron su estatus legal, contándole las opciones que tenía para regularizar su caso.

Al mismo tiempo fue invitada a formar parte del equipo de voluntarios de Caridades Católicas ed Manhattan. Canales aprendió más de cerca las necesidades y pericias que viven los indocumentados en Nueva York. Al ver su dedicación y sabiendo que Canales necesitaba trabajo, una empleada la recomendó para trabajar como secretaria en Emerald Isle Immigration Center, una organización sin fines de lucro que ayudaba a los indocumentados.

Al trabajar allí por casi cinco años, ella sintió que Dios la había guiado a un lugar donde podía ayudar a personas que como ella no tenían papeles y querían regularizar su situación. Además de sus labores como secretaria, su dedicación y curiosidad la llevaron a aprender de cada caso que se acercaba y estudiar (usando el internet) sobre las nuevas leyes. Sus jefes notaron su entrega para ayudar a los demás y le ofrecieron la posición de consejera junto con clases de entrenamiento -- las cuales fueron fundamentales en su carrera, dijo Canales.

En 2011, Canales comenzó a trabajar como consejera supervisora de inmigración de Catholic Migration Services, una sociedad sin fines de lucro creada en 1971 por el obispo Francis Mugavero de Brooklyn -- la oficina ha ayudado a migrantes de 167 países.

Canales ayuda a los clientes preparando solicitudes de ajustes de estatus, naturalización, tarjeta verde (green card), DACA y extensiones de Visa R1 que es la visa otorgada a religiosos de otros países.

Su ansia de aprender no ha cesado. Een Mayo del 2023 viajó a Phoenix, Arizona, para participar en los Entrenamientos Migratorios Anuales de Catholic Legal Immigration Network para continuar con su educación, estar al tanto de las nuevas reglas y regulaciones migratorias y poder ayudar a todo aquel que visita su oficina.

Ella participó en cursos para aconsejar con honestidad a quien por algún motivo no puede acceder a una representación legal que le ayude a obtener un estatus migratorio legal en los Estados Unidos.

Canales sufre al oír las historias de inmigrantes estafados. Ella siempre aconseja que "antes de venir a vivir a los Estados Unidos usen la internet para poder informarse mejor de la realidad que la gente indocumentada vive en este país". Las veces en las que nada se puede hacer, Canales les explica esto a los migrantes con delicadeza y profesionalismo, ya que ha visto a víctimas de engaños y estafas donde abogados o entidades que dicen ayudar a los inmigrantes cobran cifras abismales.

Ella compartió, sin dar nombre para proteger la privacidad del cliente, la historia de un joven que fue engañado por un familiar cercano quien le había prometido ponerle un abogado -- lo que nunca pasó. Con el tiempo, el joven obtuvo la residencia y se acercó a la oficina de Caridades Católicas para pedir ayuda con la aplicación de la ciudadanía, que había sido rechazada en dos oportunidades.

Canales lo ayudó a llenar por 3ra vez la aplicación la cual en esta oportunidad no fue rechazada y, luego de un año el sueño de este joven que tomó 26 años en convertirse en ciudadano estadounidense se hizo realidad.

La felicidad y paz de todos aquellos que son ayudados por su equipo es lo que motiva a Canales seguir ayudando. "La mayor riqueza que recibo es el ver el rostro de felicidad de aquellas personas que han luchado por años", dijo.

Pero Canales hizo hincapié en que antes de viajar hay que informarse sobre las posibilidades de venir de manera legal. "Nunca crean a los que les dicen: vente a los EE.UU. y al poco tiempo te salen los papeles", aseguró. Para los que vienen sin visa de trabajo o residencia, el proceso para regularizar su situación puede tomar años y ser sumamente costoso. Además, añadió, hablen con otros inmigrantes, vean cómo es vivir en este país, pregunten los precios de los alquileres porque "este sueño en algunos casos puede convertirse en pesadilla".

"Mi intención no es asustarlos, sino ayudarlos a ver una realidad, la cual puede, según la persona, ser favorable o no", añadió.

Inspirada por su fe y deseo de ayudar a los demás, ella continuará trabajando con migrantes, estudiando sus casos con profundidad y aconsejándoles en su camino.

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