Foto: Unos 300 hombres de todas las edades participan en la Misa anual en la Montaña, en la que pasan tiempo en oración y construyendo compañerismo. Fotos de José Santiago
Por David Karas, corresponsal
Para Matt Hulbert, de 70 años, asistir a misa al aire libre y hacer senderismo con más de 300 compañeros católicos fue uno de los momentos más destacados de su fin de semana del Día del Padre.
Hulbert —miembro de la parroquia de San Pablo en Princeton— se unió el 20 de junio a hombres de todas las edades para participar en la Misa anual en la Montaña; la jornada comenzó con una misa matutina celebrada en el pabellón al aire libre del Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Asbury, seguida de una caminata hasta la cima del monte Tammany, en la zona prístina de Delaware Water Gap.
“Fue una experiencia impactante y reconfortante ver a tantos hombres reunidos: jóvenes, mayores y de todas las edades”, comentó Hulbert, quien participaba por primera vez. “Creo que es muy importante que los hombres más jóvenes participen y vean cómo nosotros, los mayores, damos ejemplo. Fue un día magnífico y lleno de optimismo: muchas sonrisas, risas y una gran camaradería»”
Organizado por el Departamento diocesano de Evangelización y Vida Familiar, el programa anual contó con la representación de parroquias de toda la Diócesis de Trenton y de otras zonas. El padre Neisar Cárdenas, vicario parroquial de la parroquia de San José en Toms River, celebró una misa bilingüe, y el padre Kevin Kelly —sacerdote oratoriano de la Diócesis de Metuchen— pronunció la homilía. Miembros de las parroquias de San Marcos (Sea Girt), San Antonio de Padua (Hightstown) y Cristo Rey (Long Branch) participaron en la misa como lectores y encargados de la acogida.

“El evento reúne a hombres católicos para promover la solidaridad, el compañerismo y la fraternidad”, dijo Josué Arriola, director diocesano de Evangelización y Vida Familiar. “Este encuentro ofrece una oportunidad para la reflexión, la confesión y la celebración de la Eucaristía en un entorno natural. El evento de este año fue todo un éxito, con una mayor representación de diversas parroquias de toda la diócesis.”
Hulbert se sintió conmovido no solo por la reunión de hombres que compartían y celebraban su fe, sino también por el carácter inclusivo de la misa bilingüe.
“Disfruté de la combinación de escuchar la misa tanto en español como en inglés”, dijo. “Es una sola misa, sin importar el idioma”
Javier Ramírez, de 56 años, es feligrés de la parroquia de San Marcos en Sea Girt y participó por segunda vez en la Misa en la Montaña. Este año, llevó consigo a su hijo mayor y a un amigo cercano. Se sintió motivado a participar gracias al espíritu de compañerismo vivido durante la celebración de la misa y la caminata posterior.
“Durante la consagración, el viento comenzó a soplar con mayor intensidad y el canto de los pájaros se hizo más nítido y perceptible”, dijo Ramírez. “La homilía del padre Kevin fue muy conmovedora, especialmente su mensaje de que “estamos en el mundo, pero no pertenecemos al mundo”, así como su poderoso testimonio sobre su infancia y la dedicación de su madre a los menos favorecidos”.
El día también resultó más memorable para Ramírez porque “mi hijo accedió a acompañarnos”, dijo. “Aunque al principio no tenía interés en participar, pudimos disfrutar de la compañía mutua de una manera que no hacíamos desde hace mucho tiempo.”
Arriola señaló que la experiencia anual “se ha convertido en una oportunidad para renovar los vínculos entre padres e hijos, especialmente en el caso de los hijos adultos jóvenes, cuyas relaciones podrían haberse tensado o deteriorado”, afirmó.
Al señalar el entorno idílico para conectar con Dios y con los demás, añadió: “Lo que inspira a los hombres es la experiencia de vivir nuestra fe de una manera única, especialmente en un santuario sagrado o en plena naturaleza. Las montañas han sido desde hace mucho tiempo un lugar especial para el encuentro de Dios con nosotros, ofreciendo a cada hombre una oportunidad transformadora de participar”.

