Bolonia, Italia, Santuario de San Luca. Pintura del Sagrado Corazón de Jesucristo. Fotro de Canva.
Por el obispo David M. O’Connell, C.M.
El mes de junio está tradicionalmente dedicado al Sagrado Corazón. El 11 de junio de 2026, como parte de la celebración del 250.º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia, los obispos de los Estados Unidos consagrarán los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús. Se alienta a las comunidades de fe católica de todo el país a unirse a los obispos en la celebración de la consagración de nuestra nación al Sagrado Corazón mediante su propia oración y actos de devoción. Los obispos estadounidenses han ofrecido esta oración con motivo de la consagración de los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús.
Oh Sagrado Corazón de Jesús:
Tú conoces los anhelos de nuestros corazones y deseas que gocemos de tu amistad.
De tu costado traspasado has derramado la fuente de la vida, de la cual tenemos sed.
Tu corazón arde de amor, deseando que todas las personas retornen a una recta relación contigo.
Celebramos los abundantes dones que le has dado a esta nación, fundada en las verdades evidentes de que nuestro Creador ha dotado a todas las personas del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Hacemos reparación por las ofensas contra Ti y contra la dignidad humana que han tenido lugar en esta nación.
Que nuestros corazones se unan al tuyo, para que nuestras familias y comunidades gocen de paz y felicidad; que las relaciones rotas se reconcilien, las injusticias se reparen y las heridas de nuestra tierra sanen.
Que tu santa Iglesia Católica sirva como signo que señale a todos los pueblos tu amor infinito.
Oh, Deseo de las Naciones y Centro de la Historia, te pedimos que bendigas a estos Estados Unidos de América.
Tú, que vives y reinas con Dios Padre
en la unidad del Espíritu Santo,
Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros!
¡Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros!
El evento será transmitido en vivo a través del sitio web de la USCCB y de otras cadenas católicas.
En su Audiencia General del 28 de mayo de 2025, Su Santidad el Papa León XIV exhortó: “Volvámonos al Sagrado Corazón, modelo de verdadera humanidad, y pidámosle que haga nuestro corazón cada vez más semejante al suyo”
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se erige como una de las expresiones más profundas y perdurables de la espiritualidad católica. Enraizado en las Escrituras y profundizado a través de siglos de reflexión teológica y experiencia mística, el Sagrado Corazón simboliza el amor ilimitado de Cristo por la humanidad. Revela el núcleo mismo de la fe cristiana: el misterio del amor divino hecho visible, vulnerable y cercano.
En su encíclica de 2024, *Dilexit Nos* (“Él nos amó”), el difunto Papa Francisco ofreció una meditación renovada y profundamente pastoral sobre esta devoción, exhortando a la Iglesia a redescubrir el poder transformador del corazón de Cristo en un mundo fragmentado e inquieto.
Fundamentando su reflexión en las palabras de San Pablo —”Él nos amó” (Romanos 8:37)—, el Papa Francisco invitó a los fieles a contemplar el Sagrado Corazón no como una imagen nostálgica o sentimental, sino como un signo vivo de la presencia y la amistad perdurables de Cristo. “Su corazón abierto nos ha precedido y nos espera —escribió—, incondicionalmente, pidiendo únicamente ofrecernos su amor y su amistad”.
El fundamento bíblico de esta devoción reside especialmente en el Evangelio de San Juan, donde el costado traspasado de Cristo se convierte en fuente de vida sacramental (Juan 19:34). Con el paso del tiempo, santos como Margarita María de Alacoque y teólogos como San Juan Eudes configuraron esta devoción hasta convertirla en un elemento central de la piedad católica. El Corazón de Jesús llegó a significar no solo su sufrimiento físico, sino también su amor emocional y espiritual: un amor plenamente divino y plenamente humano.
Lejos de ser una reliquia del pasado, el Sagrado Corazón sigue siendo un símbolo vivo del deseo de Cristo de atraer a cada persona hacia una relación de confianza, sanación y transformación. Su Corazón nos espera sin condiciones, ofreciendo una misericordia sin medida.
Esta invitación resulta especialmente urgente en una cultura marcada por la superficialidad, el consumismo y el distanciamiento emocional. El corazón —tanto física como espiritualmente— sigue siendo esencial para comprender la unidad entre cuerpo y alma, razón y emoción, fe y acción.
En las Escrituras, el corazón es el lugar de la sinceridad y la conversión. Tal como exclamaron los discípulos en el camino a Emaús: “¿Acaso no nos ardía el corazón por dentro?” (Lucas 24:32), así también un encuentro con Cristo enciende un fuego interior. Este corazón ardiente se convierte en una metáfora del despertar que se produce cuando uno experimenta la presencia del Señor resucitado.
La filosofía clásica y la antropología bíblica afirman que el corazón no es meramente simbólico, sino el verdadero centro de la experiencia humana. Es el lugar donde se toman las decisiones, se forjan los deseos y se discierne la verdad. La devoción al Sagrado Corazón se convierte, por tanto, en un llamado a la renovación interior y a la autenticidad.
Sin embargo, el Sagrado Corazón no se limita a la piedad personal; es también fuente de renovación eclesial y social. En ese Corazón pueden depositarse todas las esperanzas y, desde él, se busca con confianza la salvación de la humanidad. El Corazón de Jesús se convierte en el modelo de la misión de la Iglesia: amar incondicionalmente, servir con alegría y permanecer cercano a las heridas del mundo.
En un tiempo de crisis globales —ecológicas, sociales, éticas y espirituales—, el Sagrado Corazón ofrece un remedio para la indiferencia y la división. Es un Corazón que escucha, sufre y actúa. Llama a cada creyente a convertirse en un instrumento de misericordia y en un testigo del amor.
En definitiva, el Sagrado Corazón de Jesús es más que una imagen devocional; es una brújula teológica y espiritual para la Iglesia de hoy. Invita a todas las personas a redescubrir el Corazón de Cristo como fuente de sanación, unidad y misión. Seguir a Jesús es dejarse atraer hacia las profundidades de su amor: un amor que late eternamente en el corazón del mundo y para el mundo.
