Por John Knebels, OSV News
OSV News – El 19 de enero, el mariscal de campo Fernando Mendoza disfrutaba del logro de haber llevado a la Universidad de Indiana a su primer campeonato nacional de fútbol americano, pero enseguida desvió la atención hacia algo más grande: “Este momento va más allá de mí”, dijo después. “Antes que nada, quiero darle gracias a Dios”.
Minutos antes, bajo las potentes luces del Hard Rock Stadium, en Miami Gardens, Florida, la Universidad de Indiana estaba a un paso de hacer historia.
Comenzaba el último cuarto. Cuarta jugada y cuatro yardas por avanzar, ya cerca de la zona de anotación. Los Hoosiers vencían a Miami 17-14 en el partido por el campeonato nacional. La opción segura era despejar; la más cauta, intentar un gol de campo. Pero la decisión fue otra: una jugada diseñada para que corriera el mariscal de campo (quarterback).
Mendoza, católico practicante y ganador del Trofeo Heisman 2025, recibió el balón de fútbol americano y se lanzó de lleno entre los defensores. Recibió un fuerte golpe en la línea de las 5 yardas, tambaleó, pero se mantuvo en pie y siguió avanzando. Los defensores de Miami volvieron a rodearlo mientras se inclinaba hacia adelante, decidido a no caer. Llegaron dos golpes más mientras, casi arrastrándose, cruzaba la zona de anotación con el balón extendido y el estadio enloquecido. Rápidamente se convirtió en uno de los touchdowns más vistos en la historia del fútbol universitario: repetido sin cesar en redes sociales, despojado de contexto, pero cargado de significado.
Para Indiana, esa anotación fue clave para asegurar el primer campeonato nacional en la historia de la universidad, una victoria por 27-21 que coronó una temporada perfecta de 16 triunfos y ninguna derrota. Apenas dos años antes, Indiana había cerrado la temporada con apenas tres victorias y nueve derrotas y era, históricamente, el programa de fútbol americano universitario con más derrotas acumuladas.
La transformación de Indiana comenzó con una apuesta arriesgada. Tras el derrumbe de 2023, el programa contrató a Curt Cignetti, un entrenador con fama de cambiar culturas. En 2024, los Hoosiers mejoraron de manera notable, con 11 victorias y solo dos derrotas, y alcanzaron el décimo puesto del ranking nacional. Al finalizar esa temporada, Mendoza se transfirió desde la Universidad de California en Berkeley: un mariscal de campo con talento y carácter, marcado por una carrera con escasas oportunidades y varios triunfos que se le habían escapado por poco.
Cuando terminó la Christopher Columbus High School de Miami, una escuela católica dirigida por los Hermanos Maristas, Mendoza era considerado un prospecto de bajo perfil, con apenas dos estrellas. Durante la pandemia de COVID-19, sus oportunidades de ser reclutado estuvieron a punto de desaparecer: recibió una sola oferta de beca. Aun así, mantuvo la paciencia y la disciplina y, según él mismo ha contado, se mantuvo firme en su fe católica.
Mendoza condujo la ofensiva con una serenidad notable, y terminó conquistando prácticamente todos los grandes premios individuales del fútbol americano universitario. El 13 de diciembre, durante la ceremonia del Trofeo Heisman en la ciudad de Nueva York, fue distinguido como el mejor jugador del país, el reconocimiento individual más prestigioso del deporte.
Incluso en ese escenario, su mensaje fue el mismo.
“Antes que nada, quiero darle gracias a Dios por permitirme perseguir un sueño que durante mucho tiempo sentí inalcanzable”, dijo Mendoza, visiblemente emocionado. Tras mencionar a sus compañeros y entrenadores, dirigió sus palabras a su familia, especialmente a su madre, Elsa, quien desde hace años lucha contra la esclerosis múltiple.
“Mami, este trofeo es tan tuyo como mío”, afirmó. “Siempre fuiste mi mayor fan. Eres mi luz, mi motor, mi lugar seguro. Tu sacrificio, tu valentía y tu amor fueron mi primer manual de juego, y el que voy a llevar conmigo a lo largo de toda mi vida”.
“Me enseñaste que la fortaleza no necesita imponerse ni hacerse notar; puede ser silenciosa y firme”, agregó. “Es elegir la esperanza y creer en uno mismo, incluso cuando el mundo no da demasiadas razones para hacerlo”.
Mendoza honró sus raíces cubanas al hablar en español y se fundió en un abrazo con su hermano Alberto, mariscal de campo suplente de Indiana en 2025, a quien definió como su “compañero de equipo para toda la vida”. Fe, familia y fútbol se entrelazaron de manera natural, no como una puesta en escena, sino como un testimonio.
Quienes lo conocen de cerca aseguran que esos gestos públicos reflejan hábitos de su vida cotidiana. Según cuentan, reza el rosario todos los viernes, escucha la Misa en línea antes de los partidos y evita la música estridente para mantenerse enfocado. Asiste regularmente a Misa y recurre con frecuencia a los sacramentos.
El padre dominico Patrick Hyde, párroco del St. Paul Catholic Center de la Universidad de Indiana, ha sido testigo de esa coherencia. “Fernando respalda lo que dice en la televisión dando gloria a Dios en la Misa dominical”, escribió el padre Hyde en X, quien felicitó a Mendoza en el campo de juego tras la victoria de Indiana por 56-22 sobre Oregon en la semifinal del 9 de enero
“Él está ahí por amor a Dios, no en busca del reconocimiento de los demás”, añadió el padre Hyde.
En la Nochebuena, Mendoza llevó su Trofeo Heisman al St. Paul Catholic Center, no para exhibirlo, sino como un gesto sencillo de agradecimiento.
Más de un mes después, el 19 de enero, volvió a estar en el escenario más grande de su deporte. Al sonar el silbato final, entre la lluvia de confeti y con la historia asegurada, Mendoza abrazó a su madre en el centro del campo. Ambos se emocionaron hasta las lágrimas.
“Quiero darle toda la gloria y las gracias a Dios”, repitió.
En una temporada dominada de principio a fin, la fe de Mendoza nunca pareció ensayada. Fue constante y auténtica, sostenida por gestos concretos y una vida coherente. De aquel recluta casi ignorado al ganador del Trofeo Heisman y campeón nacional, su camino estuvo marcado por una sola certeza: volver siempre a la misma fuente, sin apartarse jamás.
John Knebels escribe para OSV News desde los suburbios de Filadelfia.
Foto: El mariscal de campo de los Indiana Hoosiers, Fernando Mendoza (#15), católico y ganador del Trofeo Heisman 2025, saluda a su madre, Elsa Mendoza, después del partido del Campeonato Nacional de Fútbol Americano Universitario contra los Miami Hurricanes en el Hard Rock Stadium en Miami Gardens, Florida, el 19 de enero de 2026. Los Hoosiers derrotaron a los Hurricanes por 27-21 en la final del campeonato. (Foto OSV News/Crédito obligatorio: Sam Navarro-Imagn Images a través de Reuters)
