Reflexión sobre la convocatoria
Fue un honor de ser parte de la delegación de nuestra diócesis que participó en la Convocatoria de Líderes Católicos, con el lema “La Alegría del Evangelio en los Estados Unidos;” esta se dio inicio el 1 de Julio y concluyó el 4 de julio, en la ciudad de Orlando, Florida. Se trató de un evento histórico en que la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, convoco a la participación de miles de laicos, sacerdotes, religiosas y obispos de todas las diócesis del país.
La meta fue evaluar los desafíos y las oportunidades que presentan los tiempos actuales con el objetivo de formar discípulos misioneros en el contexto actual de la Iglesia en los Estados Unidos. El Cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, D.C., recordó a los presentes la importancia de ser discípulos misioneros aclarando que “es más que una idea sino un encuentro con la persona de Jesucristo.”
La primera razón de ser de la Iglesia es la “Evangelización”, que significa llevar a Jesús y su Buena Nueva a toda la gente. El verdadero discípulo misionero del Señor tiene que tener un profundo conocimiento sobre Jesús y su Evangelio, sobre todo tiene que tener una relación con Él, “conocer íntimamente a Jesucristo”, para que su vida personal pueda llegar a ser un “verdadero testimonio evangélico.”
Durante estos encuentros, el discípulo misionero recibe un fortalecimiento de cómo mantener una vida intensa en la oración y en comunicación con Jesús. Nutrido con la gracia de estos encuentros frecuentes, el discípulo experimenta el ardor del celo apostólico y se apresura a compartir con otros las maravillas del Señor, irradiando así con su testimonio de vida cristiana a todos los que le rodean. Recordemos lo que hicieron la Samaritana, los discípulos de Emaús y muchos otros durante la larga historia de la Iglesia y también hoy en día.
¿Arde también nuestro corazón cuando le escuchamos? ¿Damos auténtico testimonio de vida cristiana? ¿Corremos a compartir con los que nos rodean nuestras experiencias de fe?
Quien escucha su llamado y le acepta comienza con entusiasmo el recorrido hacia el Reino: “Felices lo que tienen espíritu de pobre… los que lloran… los pacientes… los que tienen hambre… los compasivos… los de corazón limpio… los que trabajan por la paz… etc., porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mateo 5: 3-9).”
“Al anunciar a Jesucristo, que es la paz en persona (cf. Ef 2,14), la nueva evangelización anima a todo bautizado a ser instrumento de pacificación y testimonio creíble de una vida reconciliada(Evangelii Gaudium #239).”
Las “Bienaventuranzas” expresadas por Jesús dibujan su rostro y describen su caridad. Nos describen los caminos que conducen al establecimiento del Reino de Dios entre nosotros. Venciendo los obstáculos que surgen siempre en nuestro camino, nos disponemos a participar en la plenitud que reside en el Señor. Como Iglesia, nos corresponde ser germen y comienzo de ese Reino aquí y ahora, aspirando su advenimiento pleno cuando Cristo vuelva glorioso.
