Pie de foto: El artista peruano Walt Wizard ajusta el solideo de su estatua de silicona del papa León XIV en su taller en Lima, Perú, el 28 de octubre de 2026, antes de exhibirla con motivo del viaje apostólico del papa León a Uruguay, Argentina y Perú, del 6 al 17 de noviembre. Foto de OSV News/Stifs Paucca, Reuters.
Por Junno Arocho Esteves, OSV News
OSV News — De pie en el balcón de la Basílica de San Pedro en mayo de 2025, el Papa León XIV se dirigió a los católicos de todo el mundo con un mensaje de paz y un llamado a los cristianos a “caminar todos juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado”.
Antes de su elección, se desempeñó en Roma durante aproximadamente dos años como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Sin embargo, durante su primer discurso, sus pensamientos no se alejaron mucho del lugar que llamó hogar durante más de dos décadas.
“Y si me permiten también una palabra, un saludo a todos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”, dijo el Papa.
La última etapa de la gira del Papa León por tres países de América Latina llevará al pontífice, nacido en Estados Unidos, a su patria adoptiva, y su llegada –ya no como obispo local, sino como Sumo Pontífice– será probablemente el acontecimiento más esperado.
Para el pueblo peruano, la visita apostólica no es solo una bienvenida al Vicario de Cristo; es el regreso de un misionero, un vecino, un pastor que conocía de cerca la realidad de quienes vivían allí, en particular de los pobres y los marginados.
Su regreso, poco más de un año después de su elección, significa que Perú no solo recibe a un pontífice, sino que celebra el regreso a casa de alguien cuyas experiencias allí moldearon su visión de la Iglesia universal.
— La misión —
El entonces padre Robert Prevost pisó por primera vez suelo peruano en 1985, y se desempeñó como sacerdote en una parroquia de Chulucanas.
En la biografía del pontífice escrita por Elise Ann Allen, el Papa León recordó su llegada, que tuvo lugar un año después de que unas inundaciones devastadoras hubieran asolado la región y las carreteras “aún estaban destruidas”.
El Papa dijo que era “una situación de extrema pobreza, muy diferente de lo que es incluso hoy, y había una parte de mí que miraba alrededor y decía: ‘Señor, ¿a dónde me has traído?'”.
Antes de su llegada, el Papa había vivido en Roma durante cuatro años y le encantaba vivir allí. Sin embargo, poco después de su llegada a Chulucanas, fue hospitalizado por fiebre tifoidea y recordó haber pensado: “Dios, o me mejoras o me llevas, porque esto es horrible”.
Al señalar que la clínica a la que lo llevaron se llamaba “Clínica Roma”, el Papa dijo que sabía que Dios tenía sentido del humor al ver cuánto extrañaba la Ciudad Eterna.
El Papa le dijo a Allen que fue “difícil dejar Roma, porque en cualquier lugar donde he vivido, realmente me involucro. Así que él me lleva de Roma a Perú, que era una diferencia enorme, y termino en la Clínica Roma diciendo: ‘Bueno, Dios, ya entendí el punto'”.
Ese momento, tan poco después de su llegada, marcó un punto de inflexión, ya que abrazó plenamente su misión y el país que llamaría su hogar.
A partir de ese momento, se acercó mucho a sus feligreses. En el documental de Vatican News sobre la vida del Papa en Perú, “León de Perú”, un feligrés, Héctor Camacho, recordó haber visitado al futuro Papa en la parroquia y haber notado que estaba triste.
Camacho recordó que el entonces padre Prevost le dijo que viajaba a Estados Unidos porque su madre, Mildred, había fallecido. Conmovido por el dolor del sacerdote, Camacho le contó que su esposa estaba embarazada y le preguntó si podía ponerle a su hija el nombre de su difunta madre, y también le pidió que fuera el padrino de la niña, lo cual el futuro pontífice aceptó.
“Estoy seguro de que va a hacer una gran labor a favor de toda la gente del mundo”, dijo Camacho a Vatican News, “porque yo estoy seguro de que donde haya guerra, él va a poner paz. Donde hay discordia, él va a poner amor. Porque él tiene esas características, esas cualidades. Él tiene un aura positiva”.
Esos primeros años en Perú, incluyendo su servicio en Trujillo como formador de los agustinos, forjaron su sensibilidad pastoral, ya que aprendió a escuchar y se sumergió en las realidades de la pobreza y la migración del campo a la ciudad.
Fue elegido prior general de los agustinos en 2001, y regresó a Roma, donde permaneció hasta 2013. Regresó brevemente a Chicago y, aunque eventualmente volvería a su patria adoptiva, no fue exactamente como él pensaba que sería.
— Un nombramiento inesperado —
En 2014, el Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de Chiclayo, un nombramiento que su futuro sucesor no esperaba.
El Papa León le contó a Allen que, cuando el difunto pontífice se desempeñaba como arzobispo de Buenos Aires, él y el entonces padre Prevost –quien en ese momento era prior general– tuvieron un pequeño desacuerdo.
“Él (el Papa Francisco) me había pedido algo. Tenía que ver con cuestiones de personal, y tomé decisiones que eran contrarias a lo que él había solicitado”, recordó el Papa. “Así que, cuando se convirtió en papa, pensé: ‘Bueno, él sabe quién soy, no me va a llamar para ser obispo, porque sabe que le diré que no, dependiendo del asunto'”.
Sin embargo, cuando el Papa Francisco lo nombró para Chiclayo, el futuro pontífice dijo que su predecesor le comentó que recordaba que el entonces padre Prevost se había puesto de su lado frente a un funcionario de la Santa Sede.
“Me enfrenté a alguien en la Santa Sede y él me dijo, cuando estaba terminando mi mandato como prior general: ‘Nunca olvidaré lo que hiciste en aquella ocasión’. Y, aparentemente, no lo olvidó”, recordó el Papa León.
El nombramiento a Chiclayo planteaba un desafío delicado para el entonces obispo Prevost. En una entrevista con el National Catholic Reporter, el obispo emérito Dan Turley, de Chulucanas, dijo que la diócesis era “considerada una diócesis del Opus Dei” y que el nombramiento del misionero agustino por parte del Papa Francisco fue su forma de afirmar que “esta es una diócesis diocesana y, como Papa, puedo nombrar a quien quiera”.
Al igual que su estilo como Papa, el entonces obispo “Roberto”, como se le conocía, no se dedicó a imponer decisiones de manera autoritaria, sino que adoptó un estilo de liderazgo abierto y basado en la consulta, típico de las raíces agustinas.
Aldo Llanos, miembro del Opus Dei y profesor de filosofía y antropología en la Universidad de Piura, declaró a OSV News en mayo de 2025 que, en Chiclayo, el Opus Dei “lleva labores de formación humana para familias y adolescentes” y Mons. Prevost los conocía y confiaba en ellos, dijo. “Y ya cuando se iba, en una conversación informal con muchos de nosotros nos dijo que no había conocido gente tan trabajadora y que le hiciera tanto caso (a su obispo) como nosotros”, añadió.
Los peruanos apreciaban sobre todo su compromiso con los necesitados, especialmente durante las catastróficas inundaciones costeras provocadas por El Niño en 2017, que devastaron la región de Lambayeque. El obispo estadounidense estuvo en primera línea, visitando las zonas afectadas y movilizando a líderes empresariales para que donaran dinero y suministros.
Cuando la pandemia de COVID-19 golpeó en 2020, Perú tenía una de las tasas de mortalidad per cápita más altas del mundo, con más de 213.000 muertes registradas hasta julio de 2022.
Mientras los hospitales del norte de Perú enfrentaban escasez de oxígeno, el entonces obispo Prevost reunió a líderes cívicos y lanzó “Oxígeno de Esperanza”, una campaña de Cáritas Chiclayo que recaudó fondos suficientes para comprar dos plantas de oxígeno que proporcionaron oxígeno médico gratuito a los residentes.
Su estilo sereno de gobierno, junto con su habilidad para resolver problemas, volvió a llamar la atención del Papa Francisco, y también fue nombrado administrador apostólico de la Diócesis de Callao en abril de 2020.
El nombramiento supuso un desafío adicional para el entonces obispo Prevost, quien tuvo que lidiar no solo con la gestión de la Diócesis de Chiclayo en medio de la pandemia, sino también con una diócesis sumida en conflictos internos y divisiones entre su entonces obispo, José Luis del Palacio, y los sacerdotes y laicos.
Miembro del Camino Neocatecumenal, el obispo José Luis del Palacio enfrentaba crecientes quejas por su gobierno centralizado y la mala administración financiera, así como por haber alejado al clero y a los fieles que no pertenecían al movimiento eclesial.
Esto llevó al Vaticano a aceptar su renuncia antes de tiempo y a encargarle al entonces obispo Prevost la tarea de restablecer la estabilidad institucional y el ánimo de la comunidad diocesana.
A lo largo de ese año, el entonces obispo Prevost se centró en el diálogo directo con el clero descontento, inició revisiones administrativas y financieras, y ayudó a estabilizar la diócesis hasta que el Papa Francisco nombró al obispo Luis Alberto Barrera Pacheco para asumir la sede en abril de 2021.
— Una esperanza ‘desarmada y desarmante’ —
El regreso del Papa León a su hogar adoptivo se produce en un momento delicado para el país, que a principios de este año eligió a Keiko Fujimori como su noveno presidente en 10 años. Al igual que en muchos países, Perú no fue inmune a la polarización que ha azotado la política a nivel mundial y ha sido escenario de protestas masivas de personas agobiadas por el alto costo de vida.
Mientras tanto, el reciente anuncio del Vaticano de que el Papa se reunirá con víctimas de abuso durante su visita fue recibido con cauteloso optimismo por parte de los defensores de las víctimas en el país.
Aunque agradecen el apoyo del entonces obispo Prevost a las víctimas del ya desaparecido movimiento Sodalitium Christianae Vitae (Sodalicio de Vida Cristiana), los sobrevivientes peruanos expresaron su preocupación porque la Iglesia Católica ha avanzado lentamente en la supresión total de la presencia de este movimiento laico en las parroquias.
No obstante, para muchos, la visita de alguien a quien consideran “el primer Papa peruano” supone un respiro muy necesario frente a las divisiones políticas y sociales del país.
El Papa León “encontrará un país cada vez más ‘golpeado y abatido’, donde la gente deambula ‘como ovejas que no tienen pastor’, tal como está escrito en el Evangelio de Mateo”, afirmó el cardenal Pedro Barreto Jimeno, arzobispo emérito de Huancayo, en una entrevista con Religión Digital publicada el 1 de noviembre.
“Somos un país sin esperanza, sin horizontes que nos movilicen”, dijo el cardenal. “La presencia y el mensaje de León XIV alentará al pueblo peruano y a las instituciones, a crear un espacio de diálogo ‘desarmado y desarmante’ que respete la dignidad de toda persona humana y busque el bien común”.
Junno Arocho Esteves es corresponsal internacional de OSV News. Síguelo en X @jae_journalist.
