ROMA (CNS) — Marcados con cenizas, los cristianos emprenden un viaje de Cuaresma luchando por dejar atrás todo lo que se convertirá en polvo y, en cambio, se enfocarán en acercarse más a Dios y a la promesa de la vida eterna de Dios, dijo el papa Francisco.
Después de una breve oración en el Monasterio Benedictino de San Anselmo, el papa Francisco caminó en procesión el Miércoles de Ceniza hacia la Misa en la Basílica de Santa Sabina, dirigida por los dominicanos, el 6 de marzo.
El cardenal titular de la basílica Jozef Tomko, quien estaba por celebrar sus 95 años el 11 de marzo, puso las cenizas sobre la cabeza del papa Francisco antes de que el papa le pusiera las cenizas al él y a los otros cardenales presentes, así como a los benedictinos de San Anselmo, los dominicos de Santa Sabina y algunos laicos.
En su homilía, el papa dijo que en el Antiguo Testamento el ayuno se anunció con un toque de trompeta: “Es un sonido fuerte, que quiere ralentizar nuestra vida que siempre va a toda prisa, pero a menudo no sabe hacia dónde. Es una llamada a detenerse, a ir a lo esencial, a ayunar de aquello que es superfluo y nos distrae. Es un despertador para el alma”.
El mensaje principal de la Cuaresma es el llamado del Señor: “Regresa a mí”, dijo.
Para regresar hacia el Señor se pide dejar pasar cosas que a menudo nos distraen o descarrilan el viaje de una persona, dijo, enumerando: “pensando solo en sentirme bien, en resolver algún problema, en divertirme un poco”, o en la búsqueda de riqueza, la sed de poder o la acumulación de cosas.
“La ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará” dijo. “Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento”.
