Un mensaje del Obispo David M. O’Connell, C.M., para el Conmemoración de los Fieles Difuntos
Empezamos el mes de noviembre con la Fiesta Solemne de Todos los Santos y el próximo día la Conmemoración de los Fieles Difuntos en el purgatorio. La tradición de devotar cada mes a una intención especial empezó en el siglo 16 y ha seguido hasta el día de hoy y se asigna noviembre anualmente para recordar en oración a “todas las personas que murieron marcadas con la señal de la fe”. Nosotros identificamos a los santos como “los triunfadores de la Iglesia” y creemos que viven en la presencia eterna de Dios. Los demás de los fieles difuntos se llaman “la Iglesia sufrida”: son los creyentes que han muerto y que tienen almas que existen en un estado de expiación por los pecados que cometieron durante sus vidas. Esta condición de “expiación” se conoce como el purgatorio.
Aunque a menudo se entienda o presente de forma equivocada, el purgatorio es un elemento de la doctrina de la Iglesia que describe nuestro fallecimiento de esta tierra y su conexión a la libertad entera y la alegría del cielo. Ciento cincuenta años antes de Cristo, el Libro de Macabeos proclamó que “Esta es la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado” (2 Macabeos 12:46). Entonces nosotros cristianos, con la fe en la Resurrección de Cristo y la promesa de la vida eterna a quienes creen en Él, rezamos por los difuntos que sus almas también puedan subir con Cristo. En lugar de ser un castigo, el purgatorio es una señal del amor, el perdón y la misericordia infinito que Dios tiene para nosotros aunque pequemos. Las almas en el purgatorio entrarán al paraíso, esa es nuestra convicción. Y hace mucho tiempo que ha sido nuestra costumbre ayudarles en su camino a través de nuestras oraciones y buenas obras en sus nombres, especialmente durante el mes de noviembre.
