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home : peces : peces May 23, 2019


4/29/2019 11:27:00 AM
La fe pascual en la misericordia derrotará al pecado
Un mensaje del obispo David M. O'Connell, C.M.
Fieles tienen velas durante Las Lecturas, incluyendo la historia de la Creación, durante la Vigilia Pascual en la Catedral Santa María de la Asunción, Trenton.Foto pescadora | Craig Pittelli
Fieles tienen velas durante Las Lecturas, incluyendo la historia de la Creación, durante la Vigilia Pascual en la Catedral Santa María de la Asunción, Trenton.
Foto pescadora | Craig Pittelli

Bishop David M. O'Connell, C.M.


El bien y el malo están profundamente raizadas en la humanidad; coexisten. Sin embargo cuando Dios creó al mundo, las Escrituras nos dicen que “Dios vio todo lo que había hecho; y era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). ¿Cómo entonces originó la maldad? El Libro de Génesis luego nos describe el “Jardín de Edén” y un árbol que ahí “en medio del jardín” con fruta que contenía el conocimiento del “bien y mal” para las personas que la comieran. Era, según el autor, una serpiente astuto en el jardín que presentó este conocimiento al hombre y la mujer creados por Dios, a pesar de su dirección clara de no comer la fruta de aquel árbol. Ellos cayeron a la tentación de la serpiente y Dios les expulsó del jardín. La maldad entró al mundo.

Esa es la historia de la creación en el Libro de Génesis. Ha habido debates de parte de académicos y teólogos hace miles de años.

En los términos más simples, la maldad se originó con la decisión humana de hacer el contrario que lo que quería Dios, pensar y escoger y actuar de una manera contraria a la razón que Dios tiene por nosotros. Tal forma de decisión era posible por la naturaleza del ser humano, creado por Dios con el intelecto y libre albedrio. Estos  aspectos distinguen  a los humanos de cada otra criatura creada por Dios. El intelecto permite al ser humano conocer el bien intencional inherente en la creación de Dios y el libre albedrio permite al ser humano poder actuar según ese bien, para hacer lo que un ser humano debe hacer.

Dios es totalmente bueno y la fuente de todo bien. Cuando los seres humanos intentaron conocer más que la bondad que Dios quería en la creación y libremente escogieron “el otro”, la maldad entró a la experiencia humana. Contradijeron al deseo de Dios. La tradición cristiana llama “pecado” a aquella contradicción. Como resultado, la humanidad ha luchado con el bien y el mal/el pecado en el mundo desde “el origen” de aquella contradicción.

Esta es una explicación simple pero a pesar de cómo entendemos o explicamos el origen y la existencia del mal/el pecado, Dios no se rindió ni abandonó a su creación ni a los seres humanos dentro de ella. Dios no dejó de amar a su creación ni a los seres humanos dentro de ella. Dios tuvo misericordia. Leemos en el Evangelio, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. El que cree en Él no es condenado…” (Juan 3:16-18).

Los cristianos por todo el mundo acaban de celebrar la Pasión, la Muerte y la Resurrección del Hijo de Dios, la última prueba del amor y la misericordia de Dios para nosotros a través del Señor Jesucristo Resucitado, a pesar de nuestros pecados. Esa es nuestra fe Pascual. Y sobre la roca de esta fe Pascual, el Señor Jesús construyó su Iglesia para que fuera un recuerdo constante de su amor, misericordia y gracia por nosotros, porque somos pecadores.

San Pablo nos recuerda que “allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Es por eso que nunca podemos perder nuestra fe y esperanza en el Señor Jesús cuando nosotros afrontamos el mal/el pecado, hasta cuando pasa por nuestra propia acción o falta de acción. Y nosotros no podemos rendirnos de nosotros en la Iglesia.

El Señor Jesús nos ha prometido que “las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra” su Iglesia (Mateo 16:18). Tenemos que creer en esa promesa de todo corazón.






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