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2/25/2019 11:15:00 AM
Obispos y grupos católicos se oponen a declaración de emergencia nacional
Se ve un dique, que sirve como un muro fronterizo en el valle del Río Grande cerca de McAllen, Texas. Un juez decidió que la Diócesis de Browsville tiene que permitir a la administración del presidente Trump ver el terreno donde está una capilla católica histórica en anticipación de construir el muro propuesto ahí. La decisión del juez dice que la diócesis y el gobierno tiene que llegar a un acuerdo sobre el terreno.(Foto CNS /Loren Elliott, Reuters)
Se ve un dique, que sirve como un muro fronterizo en el valle del Río Grande cerca de McAllen, Texas. Un juez decidió que la Diócesis de Browsville tiene que permitir a la administración del presidente Trump ver el terreno donde está una capilla católica histórica en anticipación de construir el muro propuesto ahí. La decisión del juez dice que la diócesis y el gobierno tiene que llegar a un acuerdo sobre el terreno.
(Foto CNS /Loren Elliott, Reuters)
Por Rhina Guidos
Catholic News Service

WASHINGTON (CNS) -- Los obispos católicos que trabajan cerca de la frontera de Estados Unidos con México, junto a otros prelados del país, expresaron su oposición el 15 de febrero inmediatamente después de la declaración de emergencia nacional del presidente Donald Trump en su búsqueda de ordenar la construcción de un muro en algunas partes de la frontera entre los dos países.

"En nuestra opinión, un muro fronterizo, primero y principal, es un símbolo de división y hostilidad entre dos países amigos", dijeron los obispos en una carta difundida después de la declaración del presidente.

"Por otra parte, el muro sería un uso ineficaz de recursos en un momento de austeridad financiera", agregaron. "Además, destruiría partes del medioambiente, alteraría el modo de vida de los hacendados y agricultores, debilitaría la cooperación y el comercio entre las comunidades fronterizas y, por lo menos en un caso, socavaría el derecho a la libertad de culto".

Durante una conferencia de prensa en el Jardín Rosado, Trump dijo que iba a firmar una declaración de emergencia nacional para evitar la invasión de drogas, tráfico humano, maras, o pandillas, y la inmigración ilegal que viene de la frontera sur.

Más tarde el presidente firmó un proyecto de ley sobre gastos que provee $1.3 billones para barreras y otras medidas a lo largo de la frontera -- una parte de los $5.7 billones que él ha estado pidiendo al Congreso para la construcción de un muro. Declarando la emergencia nacional, podría conseguir hasta $8 billones para su proyecto.

La promesa de un muro en la frontera sur fue clave en su campaña presidencial, pero como candidato él dijo que México, no Estados Unidos, pagaría por la estructura. Cuando México se negó pagar por la construcción del muro, él acudió a legisladores estadounidenses para pedir fondos, pero ellos han rechazado ampliamente otorgar dinero de los contribuyentes para construirlo, lo cual ocasionó un cierre parcial del gobierno a principios de este año.

En otra declaración de los obispos, luego del anuncio de Trump, el cardenal Daniel N. DiNardo de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), y el obispo Joe S. Vásquez de Austin, Texas, presidente del Comité de Migración de la USCCB, dijeron que estaban "profundamente preocupados por la medida tomada por el presidente para financiar la construcción de un muro a lo largo de la frontera EEUU-México, lo cual elude la clara intención del Congreso de limitar el financiamiento de un muro".

"Nos oponemos al uso de estos fondos para avanzar con la construcción del muro", dijeron el cardenal DiNardo y el obispo Vásquez. "Nos mantenemos firmes y decididos en la visión articulada por el papa Francisco de que en este momento debemos construir puentes y no muros".

En su declaración, los obispos de la frontera y los otros prelados que se unieron a ellos, dijeron que si bien están de acuerdo con el presidente en que hay "un desafío humanitario" en la frontera, "levantar un muro no resolverá el problema", afirmaron a la vez que le pidieron al Congreso que intervenga con más respuestas humanitarias.

La declaración fue firmada por el obispo Robert W. McElroy de San Diego; los obispos de Texas Mark P. Seitz de El Paso y James A. Tamayo de Laredo y el arzobispo Gustavo García-Siller de San Antonio; el obispo Edward J. Weisenburger de Tucson, Arizona; el cardenal Joseph W. Tobin de Newark, Nueva Jersey; el arzobispo de Nuevo México John C. Wester de Santa Fe, el obispo retirado Ricardo Ramírez de Las Cruces y el obispo retirado de Tucson Gerald F. Kicanas, quien es administrador apostólico de Las Cruces; el obispo John Stowe de Lexington, Kentucky; y los cardenales Sean P. O'Malley de Boston y Blase J. Cupich de Chicago.

En su discurso, el presidente dijo que él quiere construir el muro "no solo porque fue una promesa de campaña", sino porque "todos saben que un muro funciona" y que presidentes anteriores han hecho uso de este tipo de declaración de emergencia nacional sin problemas. Tales declaraciones son comunes y por lo menos 31 de las emergencias declaradas continúan vigentes, pero la actual parece estar diseñada para eludir al Congreso.

Los aproximadamente doce obispos en su declaración afirmaron que estaban preocupados de que un muro impulsaría a los migrantes hacia regiones más remotas de la frontera y generaría el riesgo de gran pérdida de vidas.

Cuando se construyó un muro en el área de San Diego en la mitad de la década de los '90, por ejemplo, los inmigrantes eran guiados, a menudo por traficantes, hacia el desierto de Arizona y otras regiones remotas para cruzar la frontera -- explicaron, basándose en estadísticas de la Patrulla Fronteriza de EEUU que muestran que más de 7.000 migrantes murieron en esos sectores entre 1998 y 2016.

"La verdad es que la mayoría de las personas que vienen a la frontera EE. UU.-México buscan asilo, muchos de los cuales son mujeres y niños de Guatemala, Honduras y El Salvador que están escapando de la violencia y la persecución en sus países de origen", según la declaración de los obispos.

"A lo largo de su viaje en busca de seguridad, ellos encaran muchos peligros. Un muro no los mantendría a salvo de esos peligros. Más bien, los expondría a mayores peligros de los carteles de la droga, contrabandistas y traficantes de personas".

Afirmaron que si bien el país tiene el derecho de controlar y asegurar sus fronteras, "la política de seguridad en la frontera debe proteger y preservar los derechos humanos y la vida de todas las personas, independientemente de su estatus legal". En vez de un muro, dijeron, el Congreso debe concentrarse en estrategias más humanas, como reformar el sistema de inmigración "de modo que sea justo, proteja los derechos humanos y refleje los valores estadounidenses".

"Tiene mucho peso que los obispos en la frontera estén hablando en oposición a un muro. Ellos, más que nadie en la iglesia, conocen de primera mano la realidad que se vive a lo largo de la frontera y el sufrimiento que padecen las familias y niños debido a las recientes políticas de Estados Unidos", dijo Kevin Appleby, principal director de política de migración internacional en el Centro para Estudios de Migración en Nueva York, por medio de un correo electrónico a Catholic News Service.

El Centro para Estudios de Migración y la Red Ignaciana de Solidaridad en Ohio se sumaron a una declaración firmada por más de 40 líderes religiosos poniendo en tela de juicio la moralidad de construir la estructura.

"La historia ha demostrado que los muros fronterizos construidos para restringir los derechos humanos, tales como el Muro de Berlín, causan daño a los seres humanos, todos los cuales poseen derechos otorgados por Dios y son iguales a nosotros ante los ojos de Dios. Debido a esta injusticia, los muros eventualmente son derribados", según la declaración conjunta.

Otros grupos católicos como las Hermanas de la Misericordia y el Centro Columbano para la Defensa y Alcance a la Comunidad, también expresaron inicialmente su oposición a la declaración de Trump.

"Rotundamente nos oponemos a la decisión del presidente de declarar un estado de emergencia nacional para eludir al Congreso y desviar fondos para pagar la construcción de un muro fronterizo. Esta decisión es inmoral e innecesaria. La emergencia verdadera es la deshumanización de los inmigrantes y el total menosprecio por las comunidades fronterizas y el medioambiente. La construcción de un muro y promover la militarización, no es una solución", expresó el comunicado del centro Columbano.

"Una declaración de emergencia nacional destinada a financiar un muro inmoral, no corregirá años de fracasada política de inmigración ni corregirá el rol de Estados Unidos en las fundamentales causas de la migración", expresó en un comunicado la hermana de la Misericordia Patricia McDermott, presidenta de las Hermanas de la Misericordia de las Américas. "El muro real es de desinformación y valores equivocados. El presidente Trump siembra el miedo hacia los que buscan asilo, tildándolos erróneamente de criminales cuando la gran mayoría son personas que huyen de indescriptibles atrocidades buscando seguridad y una mejor vida".

Trump dijo que espera demandas por la declaración emitida, pero confía en que la Corte Suprema de Estados Unidos finalmente dictamine a su favor. El defendió su decisión y dijo que declaraciones de emergencia se han hecho anteriormente "por cosas mucho menos importantes".

"No tengo necesidad de hacer esto, pero lo prefiero para hacerlo mucho más rápido", dijo Trump, mientras expresaba su frustración que parecía enfocarse en el ex presidente de la Cámara Paul Ryan, R-Wisconsin, a quien Trump parece culpar por los iniciales fracasos para financiar su propuesto muro fronterizo.

"Estoy muy decepcionado con ciertas personas, una en particular por no haber presionado para acelerar esto", dijo Trump. Un reportero preguntó entonces: "¿Se refiere usted al anterior presidente de la Cámara Paul Ryan?"

"No hablemos de eso. Qué más da", respondió el presidente.






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