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home : peces : peces February 21, 2019


1/22/2019 1:48:00 PM
De diferentes naciones, pero fe une a peregrinos de la JMJ en Panamá
Un peregrino participa en una ceremonia de envío en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago, Costa Rica, el 20 de enero antes de viajar a Panamá para la Jornada Mundial Juvenil. (Foto CNS /Juan Carlos Ulate, Reuters)
Un peregrino participa en una ceremonia de envío en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago, Costa Rica, el 20 de enero antes de viajar a Panamá para la Jornada Mundial Juvenil. 
(Foto CNS /Juan Carlos Ulate, Reuters)
Un pasajero camina en frente de un cartel con el papa Francisco el 21 de enero en el aeropuerto internacional Tocumen antes de la visita del pontifice a Panamá para la Jornada Mundial Juvenil en la Ciudad de Panamá. (Foto CNS /Henry Romero, Reuters)
Un pasajero camina en frente de un cartel con el papa Francisco el 21 de enero en el aeropuerto internacional Tocumen antes de la visita del pontifice a Panamá para la Jornada Mundial Juvenil en la Ciudad de Panamá.
(Foto CNS /Henry Romero, Reuters)
Por Rhina Guidos
Catholic News Service

CIUDAD DE PANAMÁ (CNS) -- Jorge Soto se puso una máscara típica de los luchadores de Lucha Libre en México y cada vez que daba unos pasos, los jóvenes se le acercaban para tomarse una foto con él. Usar la máscara fue algo divertido y se asocia con su país natal, uno del cual está orgulloso de representar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2019 en Panamá, dijo Soto.

Otros peregrinos llevaban las banderas de sus respectivos países como una capa en la espalda: Australia, El Salvador, Guatemala. Aunque la JMJ no había empezado oficialmente, parecía que había empezado el 21 de enero en el observatorio panorámico del Canal de Panamá, donde los jóvenes -- y los jóvenes de corazón -- formaron una fila bailando la conga mientras algunos tocaban tambores y otros cantaban y echaban porras en honor a la Iglesia Católica, al papa Francisco o la Virgen María.

Es un momento cuando "te sientes bien" con todo, dijo Soto, quien participa por segunda ocasión en la JMJ, una experiencia que le ayuda a entrar en contacto con un grupo internacional de jóvenes católicos y encontrar significado en la vida y en su fe, dijo.

Ya que su país natal batalla con el secularismo, dijo, "tenemos responsabilidad de buscar soluciones y ayudar a otros a no dejar caer su vida de fe". Parte de lo que la JMJ brinda, dijo, es una alianza y fortaleza en las creencias espirituales comunes, que existen a pesar de que la gente viene de diferentes partes del mundo, dijo.

Para Charlie Martin de Australia, de 16 años, el evento presenta la oportunidad de conectarse con una realidad física de una Iglesia Católica que estaba viva en las Américas siglos antes de que su país natal se convirtiera en una nación independiente en 1901, evidenciada en los muchos edificios históricos donde los católicos de la región se congregan para rendirle culto a Dios y donde han construido sus vidas de fe. Pero él también vivió diferentes expresiones de esa fe a la que está acostumbrado.

"Ha sido increíble, te sientes como una celebridad", dijo, explicando los calurosos saludos expresados por los panameños cuando ven a los peregrinos paseando. "Entramos en los centros comerciales y la gente nos aplaude".

Y de hecho, los panameños saludan los autobuses que transportan a los peregrinos y los negocios locales han colgado carteles dándoles la bienvenida a ellos y al papa Francisco a Panamá.

"Ha sido increíble", dijo Aubrey Tedd de 15 años, quien viaja con Martin. "Todos se unen con gran energía".

Aunque era evidente que algunos no hablaban el mismo idioma, aún así se detenían a darse la mano, a cantar juntos, a tomarse fotos y finalmente a bailar espontáneamente cerca del Canal de Panamá con personas que nunca habían visto, pero con quienes comparten algo de su más profundas creencias.

Aunque la mayoría andaban solo de paso visitando el canal, era evidente, por las banderas, por los botones con imágenes de santos y los crucifijos alrededor del cuello, que la mayoría de las personas reunidas en el lugar de la histórica vía fluvial habían llegado para algo más que turismo. Entonces, aunque no había un plan oficial, algunos, quizás inspirados por el espíritu, solo empezaron a echar porras.

"¡Qué viva la virgen!", empezaron a gritar algunos de los peregrinos mexicanos, aclamando a la Virgen María. "¡Qué viva el papa!", gritaban, aclamando al papa Francisco.

Haciendo fila frente al observatorio panorámico, también empezaron a gritar cerca del canal "¡Esta es la juventud del papa!".

Su alegría hizo sonreír al seminarista Hien Vu, 30, de Xuan Loc, Vietnam.

"Quiero experimentar este entusiasmo -- dijo -- y ver la esperanza de la Iglesia Católica".

Incluso aquellos que no son católicos, como José González, un protestante que estaba visitando el canal con su esposa católica, Silvia López, de Huehuetango, Guatemala, estaba disfrutando el momento. González dijo que había mucho que aprender de la experiencia de fe de la Jornada Mundial de la Juventud. De hecho, fue González quien la alentó a su esposa participar en la JMJ con él, pero por casualidad estaban visitando el canal cuando llegó el gran grupo de peregrinos.

"Nos habían hablado bien (de JMJ)", dijo González en referencia a uno de sus hermanos y agregó que estaba buscando algo de lo que -- tanto él como su esposa -- pudieran beneficiarse espiritualmente. La gente con diferentes creencias no tiene que estar en desacuerdo uno con el otro, dijo, o tener miedo de aprender de lo que otros les puedan enseñar porque la meta es la misma: la unidad y el propósito de construir un mundo mejor.

Poco después, la línea del baile de la conga comenzó. Los jóvenes peregrinos la iniciaron y entonces después algunos de los chaperones participaron.

"Es muy divertido estar con ellos", dijo el obispo auxiliar de Detroit, Donald F. Hanchon, a Catholic News Service.

Como pasó un tiempo estudiando en México, está familiarizado con las alegres expresiones de fe, particularmente de los jóvenes mexicanos, comentó. El país anfitrión del evento en Latinoamérica solo puede beneficiar a los católicos de otras partes del mundo. Pueden experimentar algo distinto de lo que están acostumbrados, dijo.

"Es una parte del mundo que vale la pena visitar", puntualizó.






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