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10/30/2018 10:02:00 AM
Parroquias mexicanas contribuyen con ayuda a caravana centroamericana
Rafael Gomez ofece unos sanwiches a migrantes rumbo al norte en una caravana en la madrugada el 24 de octubre mientras salen de Huixtla, México. Gente como Gómez está ayudando a las personas de la caravana de parte de su comunidad parroquial de San Francisco de Asís. (Foto CNS /David Agren)
Rafael Gomez ofece unos sanwiches a migrantes rumbo al norte en una caravana en la madrugada el 24 de octubre mientras salen de Huixtla, México. Gente como Gómez está ayudando a las personas de la caravana de parte de su comunidad parroquial de San Francisco de Asís.
(Foto CNS /David Agren)
Por David Agren
Catholic News Service

HUIXTLA, México (CNS) -- Miembros de la parroquia San Francisco de Asís en esta ciudad en el sur de México se levantaron temprano el 24 de octubre para darle de comer a una fracción de los migrantes centroamericanos que viajan en caravana intentando cruzar México y llegar a la frontera de Estados Unidos.

"¡Tortas!, tome una. El camino por delante es largo", gritaba Rafael Gómez desde la plataforma de una camioneta a los migrantes que pasaban mientras salían del pueblo al amanecer. Ellos habían dormido en las calles en lo que parecía un campamento de refugiados improvisado.

"Dios le bendiga", respondían agradecidos los que habían recibido el alimento mientras tomaban los panes de jamón y se dirigían hacia Mapastepec, a 40 millas de distancia.

La caravana salió de Honduras el 13 de octubre y llevaba por lo menos 4,500 participantes, según el gobierno mexicano.

Unas 1,700 personas ya han solicitado asilo en el país, pero la mayoría de los migrantes entrevistados por Catholic News Service dijeron que quieren llegar a Estados Unidos, donde les espera una bienvenida incierta.

Los católicos que trabajan con los migrantes dicen que la caravana es el resultado de una situación desesperada en el Triángulo Norte de Centroamérica -- Guatemala, Honduras y El Salvador -- ya que la pobreza, la violencia y la sequía han obligado a la gente a arriesgar el viaje peligroso por México. La situación política y persecución de manifestantes en contra del gobierno en Nicaragua también han obligado aún más personas a huir. Algunos se han unido a la caravana.

Sin embargo, el problema es especialmente agudo en Honduras, ya que los precios han subido, los salarios siguen estancados y las pandillas aterrorizan a la población. Muchos hondureños dicen que se les cobra "impuestos de la guerra", o extorsión, para poder vivir en sus propias casas.

"Ésta es una realidad indignante causada por la actual situación que vive Honduras", dijo la conferencia episcopal de Honduras en un comunicado del 20 de octubre, refiriéndose al a caravana.

"Está obligando a una decidida muchedumbre a dejar lo poco que tienen, aventurándose sin certeza alguna por la ruta migratoria hacia Estados Unidos, con el deseo de alcanzar la tierra prometida, el 'sueño americano', que les permita resolver sus problemas económicos y mejorar las condiciones de vida para los suyos y, en muchos casos, les garantice la tan anhelada seguridad física", dijeron los obispos.

Sin embargo, ellos señalaron amargamente que el país ha llegado a depender de remesas, ya que los hondureños en Estados Unidos apoyan a sus familias en su país.

"Hemos preferido alegrarnos por la llegada de remesas como una solución a los problemas internos. Lo novedoso de esa caravana es la forma masiva de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que van con la esperanza de obtener recursos suficientes para transformar a Honduras", dijeron los obispos.

El origen de la caravana no se conoce, pero los migrantes que caminan a través México con el grupo dijeron que se unieron cuando se dieron cuenta por las noticias, por mensajes en las redes sociales o escucharon rumores de la caravana. Muchos creyeron que era una manera de encontrar seguridad mientras que el grupo enorme se dirigía hacia el norte. En muchos casos pandillas criminales y policías corruptos en México abusan de los grupos pequeños de migrantes.  

La caravana ha capturado mucha atención internacional. También ha causado controversia en Estados Unidos, ya que el presidente Donald Trump ha tuiteado su desagrado. Trump ha amenazado con eliminar ayuda exterior a los países centroamericanos como represalia y dijo firmemente que los migrantes no entrarán a Estados Unidos.

Los gobiernos de Guatemala y México han intentado detener la caravana.

México cerró un puente que está en la frontera con Guatemala, y eso obligó a los migrantes a nadar y usar balsas para cruzar el río Suchiate que separa los dos países.

México también envió a su frontera sur dos aviones llenos de policías, pero la caravana pasó.

"Sus manos están atadas", dijo el alcalde de Huixtla, José Luis Laparra Calderón, sobre la policía federal. Él señaló que la presencia de periodistas extranjeros y de grupos de derechos humanos no permitió que la policía federal respondiera con mano dura.

Los participantes de la caravana no se ven afectados ante las amenazas de Trump y expresaron esperanza de que él cambie su actitud o que un poder superior intervenga. Casi todos compartieron temores de regresar a sus hogares.

"No queremos regresar a Honduras después de todo este esfuerzo para llegar aquí. Solamente queremos vivir una vida mejor", dijo Elías Ruiz, trabajador de construcción de 21 años de edad que huyó de San Pedro Sula al no poder sustentar a su esposa y pequeño hijo.

Ruiz decidió formar parte de la caravana después ser extorsionado por pandilleros tatuados. El trabajo era inestable y él no tenía suficiente dinero para cubrir sus gastos.

"Si no les pagas te matan", él dijo sobre las pandillas, "Ellos dicen 'haremos de ti un ejemplo'. El ejemplo es que te matan".

Después de levantar campamento en Huixtla la caravana siguió la ruta del llano costero del estado de Chiapas bajo temperaturas ardientes. La gente caminaba hasta que se cansaba, entonces pedía transportación en camionetas, camiones de carga y camiones tractores. La gente hasta empujaba coches de niños con bebés y cargaban niños pequeños en sus hombros.

Chiapas es el estado mexicano más pobre, pero la gente en la ruta compartía con la caravana agua, guineos, o bananas, ropa y cojines.

Las parroquias de la Diócesis de Tapachula han colectado provisiones para la caravana y han alimentado a sus participantes hambrientos. La parroquia de Huixtla distribuyó 3,000 tamales y otras provisiones. Karime Alejandro García, de 19 años de edad, y Dana de los Santos, de 17 años, llevaron a la carretera bolsas de ropa colectadas en la parroquia San Bartolomeo mientras la caravana pasaba por el pueblo de Villa Comaltitlán.

"Todos los barrios estaban colaborando según podían, algunos colectaron ropa, otros agua, alimento", dijo Alejandro. "Poco a poco estamos trabajando para tener algo que poder darle a nuestros hermanos".

"Como diócesis estamos intentando acompañar, como dice el Santo Padre, cuidar y proteger a los migrantes", dijo padre César Cañaveral, director de la pastoral diocesana de migrantes. "Lamentablemente no tenemos un gobierno que esté respondiendo a las necesidades de esta caravana".






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