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7/31/2018 1:47:00 PM
Fronteras plantean reto para Iglesia Católica en cuenca del Amazonas
El papa Francisco saluda a una mujer durante una reunión en las Amazonas en Puerto Maldonado, Perú, el 19 de enero. Un Sínodo de Obispos regionales busca cómo responder a las necesidades pastorales de una región con pocos sacerdotes.(Foto CNS /Paul Haring)
El papa Francisco saluda a una mujer durante una reunión en las Amazonas en Puerto Maldonado, Perú, el 19 de enero. Un Sínodo de Obispos regionales busca cómo responder a las necesidades pastorales de una región con pocos sacerdotes.
(Foto CNS /Paul Haring)
Por Barbara J. Fraser
Catholic News Service

PUERTO MALDONADO, Perú (CNS) -- Un domingo por la noche, a principios de julio, cuatro hombres -- dos de ellos indígenas -- fueron brutalmente asesinados en Assis, un pequeño pueblo brasilero en la frontera con Perú.

Los asesinatos, aparentemente parte de un conflicto territorial entre una banda nacional de narcotraficantes y un rival local, ocurrieron lejos de las capitales de ambos países y no llegaron a ser noticia nacional. 

Pero para un equipo pastoral del sector, el evento fue un bien sabido recordatorio de los retos del ministerio en la frontera, a unas 140 millas de la ciudad donde el papa Francisco se reunió con casi 2,000 indígenas en enero. 

"La frontera es un espacio de misión", dijo la religiosa brasilera Joaninha Madeira de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres, miembro de un equipo misionero itinerante de tres personas con sede en Iñapari, Perú, conectado a Assis por un puente.

Las fronteras representan un reto para la Iglesia Católica en la cuenca del Amazonas, una región que el papa Francisco hizo destacar durante su viaje a Perú y que será el tema de un sínodo a realizarse en el Vaticano en octubre del 2019.

"Todo está conectado", dijo el padre jesuita Fernando López, uno de los fundadores del primer grupo itinerante de misioneros en el Amazonas hace dos décadas.

"La cuenca amazónica es una unidad territorial", agregó. "Los ríos amazónicos conectan toda la cuenca y, a través de los ríos, se conecta la biodiversidad y se conecta la socio diversidad de los pueblos y las culturas".

Al inicio de la época colonial, sin embargo, la cuenca fue conformada en nueve naciones, con fronteras internacionales separando a los indígenas que habitaban en esa región en diferentes países, a pesar de que compartían la misma cultura, lengua, tierra natal y vínculos familiares.

El resultado, dijo el padre López, es una profunda contradicción de fronteras impuestas por los centros de las colonias, los cuales dividían los pueblos en función de intereses económicos y territoriales y lógicas de poder. Eran fronteras impuestas, sin consultar a la población, sin consultar a nadie.

El descalabro causado por los asentamientos coloniales resuena a lo largo de los siglos. Durante una guerra fronteriza entre Ecuador y Perú a principios de 1990, algunos jóvenes soldados del pueblo indígena shuar de cada lado de la frontera terminaron ellos mismos disparando a miembros de sus propias familias extendidas, que eran parte del ejercito del otro país.

La situación es incluso más crítica para docenas de pequeños grupos semi-nómadas que eluden el contacto con la sociedad en general y se trasladan de un lado a otro cruzando las fronteras que, para ellos, son invisibles. La mayor concentración de esos grupos se ubica a lo largo de la frontera densamente selvática entre Perú y Brasil.

Lejos de las ciudades, con caminos demasiado apartados y accidentados para que las fuerzas de seguridad puedan patrullar, esas fronteras también son refugios para las bandas criminales que trafican ilegalmente drogas, oro y madera.

"Cuando el estado no ocupa un espacio, alguien lo va a ocupar", dijo Isaías Flores López, un miembro laico del equipo itinerante.

Los enfrentamientos entre esos grupos y las tribus indígenas pueden ser trágicos. Los miembros de un grupo semi-nómada conocido como los Xinane, que salieron de la selva en 2014 en el occidental estado brasilero de Acre, hablaron de lo que pudo haber sido una masacre por parte de narcotraficantes armados.

Mas a menudo, no obstante, grupos criminales reclutan a jóvenes miembros de comunidades agrícolas o indígenas -- quienes conocen bien los caminos en la selva -- para transportar drogas que salen de Colombia, Perú y Bolivia y circulan a través de otros países amazónicos hasta los puertos costeros.

"Como los gobiernos no están presentes con políticas públicas de salud, educación, trabajo y más, la gente tiene muchas necesidades y las mafias aprovechan", dijo el padre López.

En regiones remotas, donde la mayoría de la gente depende del agro y la pesca para subsistir, enfermarse puede plantear costos inalcanzables. Si un narcotraficante les ofrece a los padres de un niño enfermo unos pocos cientos de dólares por llevar un paquete de drogas al otro lado de la frontera, la persona se plantea correr el riesgo ante la falta de otras opciones para conseguir dinero a fin de poder comprar las medicinas o viajar hasta un hospital, dijo el sacerdote.

La construcción de carreteras en áreas que antes eran casi inaccesibles intensifica los problemas. La pavimentación de la Vía Interoceánica en Madre de Dios, la región sureste del Amazonas que el papa Francisco visitó, completó una ruta pavimentada del Atlántico al Pacifico.

En vez del prometido desarrollo comercial, realmente, los estudios muestran que las mejoras principalmente beneficiaron a los mineros que extraen oro ilegalmente, incrementando el tráfico de mujeres con fines sexuales en los campamentos mineros, también la deforestación e incursión de mineros en áreas protegidas -- problemas que mencionó el papa Francisco durante su visita.

Las muchas fronteras nacionales del Amazonas constituyen las "periferias" que el papa llama prioridades para el trabajo pastoral -- según explicaron los miembros del grupo a Catholic News Service. 

En los discursos del papa Francisco en Puerto Maldonado -- cuando habló de los problemas que encaran los indígenas y otros habitantes del Amazonas -- y en la "casa común" que describe en su encíclica "Alabado Seas", ellos ven un renovado apoyo al trabajo pastoral en esas zonas complejas y remotas.

Igualmente, ven a los grupos itinerantes como el suyo, como un modelo para proveer cuidado pastoral a las comunidades remotas ubicadas a lo largo de los ríos de la región. El grupo itinerante -- no responsable de parroquias-- traspasa no solo fronteras geográficas, sino también fronteras que tradicionalmente han dividido a jurisdicciones de la iglesia.

Históricamente, diferentes congregaciones religiosas -- franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas y otros -- han sido responsables de vicariatos apostólicos en la región del Amazonas. En el equipo itinerante, sin embargo, los integrantes cuentan con el apoyo de sus congregaciones religiosas, lo que facilita que los grupos religiosos envíen misioneros al Amazonas sin tener que apoyar un vicariato o parroquia entera -- dijo el padre López.

López fue parte del primer grupo, el cual empezó a trabajar en Manaus, Brasil, en 1998. López y sus colegas luego formaron otro equipo que, entre 2004 y 2014, visitaron comunidades en el Amazonas y sus afluentes donde confluyen las fronteras de Perú, Colombia y Brasil.

Una vez que se consolidó la presencia de la iglesia allí, se mudaron a Iñapari en 2015 para servir a lo largo de las fronteras de Perú, Brasil y la vecina Bolivia. Otro grupo trabajó por Boa Vista, Brasil, por las fronteras de Venezuela, Brasil y Guyana, entre 2008 y 2013.

Los equipos itinerantes evocan a la iglesia antigua, cuando los misioneros como san Pablo iban de ciudad en ciudad formando comunidades cristianas, así como también la tradición de los primeros misioneros jesuitas en el Amazonas.

Si bien la iglesia debe sentar bases -- según el padre López -- también necesita agentes pastorales itinerantes que compartan la Buena Nueva de comunidad en comunidad.

Explicó que esos grupos ambulantes "brindan conexiones entre una comunidad religiosa y otra, de un lado de la frontera al otro, entre las comunidades que están en las cabeceras de los ríos y las que están rio abajo".

Comparó estos equipos con las abejas "que polinizan, conectan un lugar con otro y sacan a la luz lo invisible o lo que se ha convertido en invisible".






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