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home : peces : peces December 14, 2018


7/18/2018 12:38:00 PM
A lo largo de la frontera, pocas cosas quedan claras
Rhina Guidos, periodista de Catholic News Service, camina al lado de un muro que sirve como una frontera entre los Estados Unidos y México en Hidalgo, Texas, el 3 de julio. (Foto CNS /Chaz Muth)
Rhina Guidos, periodista de Catholic News Service, camina al lado de un muro que sirve como una frontera entre los Estados Unidos y México en Hidalgo, Texas, el 3 de julio.
(Foto CNS /Chaz Muth)
Demostraciones afuera de una oficina de Homeland Security en Elizabeth, N.J., oponen a la políitica estadounidense de separar los hijos de sus familias al cruzar la frontera entre los Estados Unidos y México. El arzobispo Bernardito Auza, observador permamente del Vaticano a las Naciones Unidas, felicitó a las Naciones Unidas por enfatizar
Demostraciones afuera de una oficina de Homeland Security en Elizabeth, N.J., oponen a la políitica estadounidense de separar los hijos de sus familias al cruzar la frontera entre los Estados Unidos y México. El arzobispo Bernardito Auza, observador permamente del Vaticano a las Naciones Unidas, felicitó a las Naciones Unidas por enfatizar "el derecho a la unidad familiar y a la vida familiar" en su informe sobre la migración segura y organizada.
(Foto CNS /Stephanie Keith, Reuters)
Por Rhina Guidos
Catholic News Service

WASHINGTON (CNS) -- Con frecuencia escribo sobre personas que aman la estructura y personas que la odian, personas que quieren hacerla más grande, más fuerte y más larga, y aquellos que quieren derrumbarla. El 3 de julio, finalmente pude ver físicamente el muro fronterizo del que tanto se habla.

La visita al muro, o lo que existe cerca de McAllen, Texas, marcó el final de una visita de unas 48 horas reportando sobre la delegación de obispos católicos estadounidenses en la frontera. Los obispos visitaron dos ciudades fronterizas donde se encontraron con migrantes que acababan de cruzar la frontera y que se habían entregado a las autoridades de inmigración. También visitaron a niños y adolescentes en los centros de detención y procesamiento de inmigrantes, algunos que habían sido separados de sus familias.

A través de mensajes de texto, mi amiga Brenda Riojas, editora del periódico The Valley Catholic y directora de relaciones diocesanas para la Diócesis de Brownsville, me guio a mí y a mi colega de Catholic News Service Chaz Muth hacia una vieja estación de bombeo llamada Old Hidalgo Pumphouse, que casi oculta con su belleza natural la estructura de 18 pies de metal oxidado que queda detrás del museo y parque.

Estoy casi segura de que algunos que pasaron por allí pueden no haber notado el muro en la distancia, ya que el canto de los pájaros y chicharras y las flores abundantes y árboles agradan a los sentidos. Para ver el muro de cerca, uno tiene que salir de la estación de bombeo y caminar hacia una cuesta.

Para mí, llegar al pie de la estructura se sintió un poco anticlimático. Ningún tema del que he escrito en dos décadas como periodista ha producido tanto correo de odio o tuits tan llenos de odio como cuando escribo sobre el muro. Algunos insultos están dirigidos a mí solo por escribir sobre la estructura y la política desde Washington, y otros a los obispos o a la Iglesia Católica por su postura que se hizo famosa por el simple lema del papa: debemos construir puentes, no muros.

Discusiones de un muro más largo, el costo, tratos, roba mucho tiempo y oxígeno en Washington, lejos de los residentes que viven cerca de ciudades fronterizas como McAllen.

"El muro", a menudo visualizado como una estructura contigua, es un símbolo, según cómo lo mire la persona, de seguridad, para algunos, y exclusión y odio, para otros.

Y allí estaba, una parte del muro, frente a mí, en el silencio, dividiendo el paisaje natural mientras pájaros cruzaban entre los dos países por arriba y alrededor de la estructura.

La estación de bombeo cerca del muro se encuentra en la ciudad de Hidalgo, Texas, cerca de McAllen, y es un museo que muestra sistemas de agricultura y de irrigación del siglo XX, pero también es un exquisito centro de observación de aves. Las descripciones en internet que hablan del sendero detrás de la estación de bombeo dicen que se puede ver pelícanos, patos, halcones y periquitos en el camino, pero no dice que también uno se puede encontrar con agentes de la Patrulla Fronteriza.

Uno de ellos se detuvo en su automóvil para hablar conmigo mientras yo me refugiaba del calor bajo la sombra de un árbol. Aunque soy ciudadana de Estados Unidos, también soy una inmigrante a este país y no es fácil negar la inquietud que uno siente en la frontera dado lo que se escucha. Yo sabía que el agente tenía un trabajo que hacer. Me hizo algunas preguntas y, tal vez consiente de mi inquietud, me enseñó un pájaro en la distancia y me prestó sus binoculares para verlo mejor mientras me explicaba algunos de los peligros de la región.

Inmediatamente me acordé de una conversación con una mujer en el centro de humanitario de Catholic Charities del Valle Rio Grande, quien me dijo lo aterrorizada que estaba al pensar que las autoridades de inmigración le iban a separar de su hija, pero en cambio encontró preocupación por uno de los agentes porque su hija estaba enferma. Me acorde ver una espontánea muestra de gratitud de una mujer que detuvo a la hermana Norma Pimentel en una cafetería mientras estaba ayudando a los niños a escoger su desayuno, y una breve plática con el obispo de Brownsville, Daniel E. Flores, sobre sus visitas a centros de detención durante la Navidad y el día de la Virgen: tiempos de gran tristeza para aquellos que se encuentran sin libertad y pensando en eso días de gran fe que se pasan en familia.

Poco de lo que se habla de "la frontera" o "el muro" y las situaciones que se encuentran allí es fácil de comprender o resolver. Por un lado, no es fácil, quizás no es posible, controlar físicamente un terreno indomable de 2.000 millas que incluye ríos, piedra, tierras indígenas, propiedad personal, terreno sensible que protege a tantas especies.  

Personas como el obispo Flores, que vive y sirve a otros a lo largo de una parte contenciosa de la que se habla a lo largo del Valle del Río Grande, dicen que una parte importante de la solución es considerar las condiciones que producen el tráfico, situaciones como la violencia o las condiciones económicas y sociales que producen el movimiento migratorio de personas hacia el norte.

Igual que muchos residentes de la zona en cuestión y quienes frecuentemente alimentan y atienden el grito de los hambrientos, los pobres y perseguidos que cruzan el territorio fronterizo, el obispo Flores dice que algo se tiene que hacer, pero dijo que se debe hacer sin crueldad e indiferencia hacia seres humanos.

"Podemos ser un país de leyes sin ser un país al cual le falta compasión", dijo en su homilía durante una Misa que le dio el comienzo a la visita de los obispos a principios de julio.

Me sentí un poco culpable por solo poder estar en el área poco más de 48 horas, saliendo sin entender todo lo que hay que entender, y regresar a escribir sobre las personas en Washington que producen el rancor en los que están a favor y en contra del muro.

Uno se siente pequeño ante la enormidad de la situación que solo aquellos que viven allí realmente entienden y cuyas consecuencias se ven obligados a enfrentar.






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