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home : peces : peces December 15, 2018


6/25/2018 3:46:00 PM
El testimonio poderoso de la alegría
Un mensaje del Obispo David M. O'Connell, C.M.
Obispo O'Connell sonrie con varias Hermanas por la Vida que renovaron sus votos en una Misa especial en su Casa Madre en Suffern, New York. En la foto del izquierdo al derecho: Madre Agnes Mary Donovan, S.V., Hermana Naomi Maria Magnificat Collins, S.V., Hermana Sophia Rodrian, S.V., Obispo David M. O'Connell, C.M., Hermana Virginia Joy Cotter, S.V., y Hermana Claudia Marie den Tandt, S.V.
Obispo O'Connell sonrie con varias Hermanas por la Vida que renovaron sus votos en una Misa especial en su Casa Madre en Suffern, New York. En la foto del izquierdo al derecho: Madre Agnes Mary Donovan, S.V., Hermana Naomi Maria Magnificat Collins, S.V., Hermana Sophia Rodrian, S.V., Obispo David M. O'Connell, C.M., Hermana Virginia Joy Cotter, S.V., y Hermana Claudia Marie den Tandt, S.V.
Obispo O'Connell celebró la Misa para las Hermanas por la Vida en su casa madre en Suffern, New York. Fotos cortesía de Padre Michael Wallack
Obispo O'Connell celebró la Misa para las Hermanas por la Vida en su casa madre en Suffern, New York.
Fotos cortesía de Padre Michael Wallack

Bishop David M. O'Connell, C.M.


No pasa tan menudo que me encuentro rodeado por la experiencia de pura alegría. Mi visita a la Casa Madre de las Hermanas por la Vida en Suffern, New York, me fue una ocasión así.

La madre Agnes Mary Donovan, SV, General Superior, me invitó el año pasado a celebrar Misa para sus Hermanas por la Vida en qué cuatro de las Hermanas renovarían sus votos. Acepté la invitación porque me ofreció la oportunidad de celebrar la Misa para las Hermanas en el altar que yo les había regalado de la capilla de la casa del obispo en Trenton con un tabernáculo en qué podrían guardar el Sagrado Sacramento.

Al llegar a la propiedad, me sorprendió ver que los edificios se ubicaron lejos de la calle principal en el bosque, muy apartados. Me saludaron varias Hermanas mientras nos llevaron a mí y mi secretario sacerdotal, el padre Michael Wallack, al edificio principal para ver a Madre Agnes Mary. Nos conocimos varias veces a través de muchos años y nos acogió cariñosamente. Fuimos al comedor para tomar café y conversar sobre amigos mutuos, historias de nuestro ministerio y de nuestras propias vocaciones. Fue una conversación muy entretenida. Muchas hermanas entraban y salían al cuarto, saludándonos y sonriendo enormemente cada vez.

Mientras entramos a la capilla donde unas 90 Hermanas se habían congregado para la Misa desde sus casas religiosas regionales, se podía sentir la alegría que verdaderamente caracteriza esta comunidad. ¡Lo que más me sorprendió fue la edad joven de las Hermanas! Me impresionó mucho ver eso mientras órdenes religiosas por todos lados luchan para atraer nuevas vocaciones. No me demoró mucho reconocer el secreto de su éxito: ¡la alegría! La alegría que sale de amar a Jesucristo y entregarle la vida a él.

Confieso que me sentí un poco inadecuado y humilde predicar a esta comunidad porque sus vidas y presencia ahí juntas predicó de una manera mucho más poderosa, hermosa y alegre que yo pretendía. ¡Y sus sonrisas y hermoso canto me capturaron el corazón de una vez! ¡Que más mujeres jóvenes conocieran lo que yo sentí entre estas Hermanas! ¡Las quería traer conmigo a la Diócesis!

El Cardenal John O’Connor de New York fundó las Hermanas por la Vida en el 1991, uno de sus mayores logros. Su misión es proteger y aumentar la santidad de cada vida humana. Animo a ustedes leer más sobre ellas en su página web para conocerlas un poco.

Después de la Misa y renovar los votos, almorcé con Madre Agnes y las Hermanas. Padre Wallack generosamente ofreció celebrar la Misa para algunas Hermanas que no pudieron asistir la Misa porque llegaron tarde por el tráfico de Manhattan y después se añadieron a las festividades.

Me senté con Madre Agnes Mary, las hermanas que renovaron sus votos y dos Hermanas que eran mis estudiantes en la Universidad Católica. Contamos historias y nos reímos sin parar para más de una hora, algo que también pasaba en todas las otras mesas. No encuentro mejor manera para describir el día que “alegría pura”.

Al despedirnos y llegar al carro Padre Wallack y yo, la comunidad entera de Hermanas nos rodearon en las escaleras principales de la casa madre. Mientras me despedía, una de las Hermanas me susurró, “¡Nos ha encantado ver tu karaoke en el carro”! ¡Que gracioso! Yo solo esperaba traer algo de su alegría conmigo… y poder compartirla. Dios les bendiga y que crezcan más las Hermanas por la Vida y todas las comunidades religiosas de mujeres.






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