Este noviembre – el Mes de Recuerdo tradicional de almas – los fieles de la Diócesis de Trenton están marcando un año bastante difícil por la perdida de tantas personas durante la pandemia global.

Este año, el muro virtual de la Temporada de Recuerdo coincide con el recorrido anual de las Antorchas en honor de Nuestra Señora de Guadalupe. El muro es oportunidad de poner en acción conmemorar el fallecimiento de un miembro familiar o amigo, especialmente cuando las restricciones por el coronavirus han limitado tanto a los funerales y Misas.

Los desconsolados están invitados a inscribir el nombre del difunto querido en el Muro Memorial al https://dioceseoftrenton.org/tribute-wall.

“Muchas personas que tratan de la muerte diariamente – como los profesionales que cuidan a los moribundos, consejeros para ayudar con el luto, el clérigo y personal médico – han dicho que los ritos de recuerdo benefician a la persona desconsolada por la muerte de un querido”, dijo Josue Arriola, director del departamento diocesano de evangelización y vida familiar.

Explicó que un rito de recuerdo es “un principio establecido que ayuda a la persona sanarse para que puede seguir viviendo la vida de forma significante”. Por ejemplo, los servicios funerarios ofrecen la oportunidad de despedirse del querido y para ayudar a la familia avanzar del luto al recuerdo. “El muro memorial provee un lugar para que las familias recuerden y honran a sus queridos para siempre”.

Arriola dijo que unos expertos suman la necesidad por el recuerdo con estas seis razones: reconocer la realidad de la muerte y que la muerte no es el fin; que las emociones que acompañan la muerte son reales; que la relación con la persona que ha fallecido se ha convertido de lo físico al espiritual; reconocer los cambios en la autoidentidad personal; reflexionar y buscar nuevas y más profundas razones de la Vidal y recibir el apoyo cariñoso de familia y amigos, reconociendo que no estamos solos.

 A pesar de que el luto tal vez nunca se vaya completamente, el recuerdo sigue muy vivo, notó Arriola. “Cocemos bien de la esperanza que tenemos en la vida eterna, y sabemos que la muerte corporal no es el fin de nuestra existencia. Queremos recordar a las personas que hemos amado y perdido, no solamente por ellas, sino por nosotros mismos, para sentirnos curados, sanados para poder vivir y nunca olvidar”.

Los ritos de recuerdo también sirven para quienes experimentan perdidas temporales, dijo Arriola.

“Mi papá era torero y estaba lejos de la familia durante muchos días cada mes”, compartió Arriola de su propia historia. “Cada vez que se iba, nos era difícil, entonces mi madre … [hizo a mi hermana y yo] cortar flores hermosas de su jardín; cada flor llevaba un mensaje a nuestro padre y pondríamos a cada flor en el río con el mensaje. Mi madre nos contaba de que esas flores llegarían a mi papá para entregarle nuestros mensajes. Claramente recuerdo aquel rito y la paz que nos daba”.