Francesco Conte, 96, reacciona al recibir una dosis de la vacuna del COVID-19 en su hogar en Roma, Italia, el 17 de marzo, 2021. Foto CNS/Yara Nardi, Reuters
Francesco Conte, 96, reacciona al recibir una dosis de la vacuna del COVID-19 en su hogar en Roma, Italia, el 17 de marzo, 2021. Foto CNS/Yara Nardi, Reuters

NACIONES UNIDAS (CNS) – Los derechos humanos universalmente reconocidos son "socavados y rechazados" cuando las personas "ya no son vistas como un valor primordial que se debe cuidar y respetar", dijo el arzobispo Gabriele Caccia a un grupo de trabajo de la ONU sobre el envejecimiento el 29 de marzo.

Con demasiada frecuencia, los ancianos, junto con los pobres, los discapacitados y los no nacidos, son "tirados a un lado" y se les etiqueta como que "ya no son necesarios", dijo el observador permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas.

"Necesitamos ... un enfoque en el que se reconozca, proteja, valore y promueva el valor inherente de las personas mayores. La Santa Sede cree firmemente que '¡aquellos que dan lugar a las personas mayores dan lugar a la vida!'", dijo, citando la encíclica del papa Francisco "Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social".

En el mercado laboral y el mundo del trabajo, dijo el arzobispo Caccia, muchas personas mayores continúan enfrentando discriminación por edad "que socava la dignidad tanto de su trabajo como de ellos como trabajadores".

Esta discriminación se puede ver "en todos los aspectos del trabajo, incluidos los procesos de solicitud y contratación, la experiencia laboral en sí y las oportunidades tras la jubilación", dijo. "El trabajador anciano tiene sabiduría, experiencia y habilidades que no deben dejarse de lado".

Al mismo tiempo, los esfuerzos para abordar estos desafíos laborales de las generaciones mayores "no deben verse como una competencia entre grupos de edad", explicó.

Demasiado énfasis en su "participación continua en la fuerza laboral" no debería sugerir que "la jubilación es un fracaso o que el valor de uno depende de la productividad", explicó.

Y "centrarse únicamente en el trabajo remunerado corre el riesgo de trivializar el trabajo no remunerado irreemplazable en la familia que tan a menudo realizan los ancianos", continuó. "Estas contribuciones concretas a la familia, así como a la sociedad a través de voluntarios de edad avanzada, merecen un reconocimiento mucho mayor".

Señaló que actualmente muchos países "ofrecen formas muy concretas y prácticas para que las personas mayores se involucren en la sociedad, incluso a través de programas culturales, sociales y de esparcimiento, cuando sea posible", e instó a que se amplíen estas medidas.

El arzobispo Caccia también instó a los países a abordar los obstáculos que muchos hombres y mujeres de edad avanzada también enfrentan para acceder a los edificios de los tribunales, obtener asistencia legal y poder utilizar los recursos en "un entorno legal cada vez más digital, algo que la pandemia ha mostrado".

Dijo que la brecha digital y las disparidades en la educación que muchas personas ya experimentan no deberían aumentar a medida que envejecen.

El arzobispo instó a los líderes del gobierno a garantizar que las personas mayores también tengan acceso "a programas de atención y protección social, a la atención médica, al derecho a dar consentimiento informado y a arreglos de tutela".

"Las medidas efectivas para prevenir y abordar la violencia, el abuso, la discriminación y la negligencia", dijo, también "deben estar en su lugar".

Durante la pandemia de COVID-19, los ancianos han representado "la mayor parte de las vidas perdidas", dijo.

"Un número significativo de muertes por COVID-19 ocurrió en instituciones para ancianos" en la primera ola, dijo.

Estas instituciones, agregó, deberían haber protegido lo que él llamó la "parte más frágil de la sociedad", pero en cambio "la muerte les golpeó de manera desproporcionada".

El arzobispo Caccia instó al organismo mundial a prestar más atención a "los peligros de una institucionalización sin crítica y desordenada de las personas mayores" y buscar cómo garantizar la mejor atención posible, preservando, en la medida de lo posible, los lazos de las personas mayores con sus seres queridos y con un entorno familiar".

A menudo, las personas mayores, especialmente las más vulnerables y las más solas, son relegadas a instituciones que no pueden atender adecuadamente todas sus necesidades pero que se proponen "como la única solución posible para atenderlas", dijo.

Este enfoque "expone a muchas personas mayores al abandono, el abuso, la violencia y, en el caso de la pandemia, a un mayor riesgo de violaciones de los derechos a la vida y la salud", agregó el arzobispo.