Defensoras del migrante, Marlene Laó-Collins, derecho, conversa con la hermana Norma Pimentel, izquierdo, directora de Caridades Católicas de la Diócesis de Brownsville, TX., y su hermana, Irasema Pimentel, medio, durante un evento en noviembre, 2019. Foto por Dana DiFillippo
Defensoras del migrante, Marlene Laó-Collins, derecho, conversa con la hermana Norma Pimentel, izquierdo, directora de Caridades Católicas de la Diócesis de Brownsville, TX., y su hermana, Irasema Pimentel, medio, durante un evento en noviembre, 2019. Foto por Dana DiFillippo
Los sueños… frecuentemente vienen y se van de la mente tan pronto que se despierte. Pero el sueño de poder legalizar el estatus para personas que migraron a los Estados Unidos con sus padres cuando eran menores de edad siempre se queda muy pendiente y vivo.

Entre noticias fuertes casi cada día sobre el racismo, la política y novedades de la pandemia del COVID-19, la decisión reciente de la Corte Suprema acerca el programa DACA (por sus cifras en inglés) llegó y parecía desaparecer. DACA es el programa federal que pretende dar un camino hacia la residencia permanente a personas que llegaron a los Estados Unidos cuando tenían menos de 16 años y que prácticamente sean estadounidenses a pesar de tener raíces en otro país. La mayoría ni conocerían como es vivir en su país natal. 

La decisión de la Corte Suprema con una votación de 5-4 salió en contra de las acciones de la administración del presidente Trump de terminar con el programa. La Corte dijo que el intento de la administración en fin fue “arbitrario y caprichoso”. Los Dreamers, soñadores en inglés, por el momento deben seguir renovándose en el programa. Ellos pueden seguir estudiando o trabajando como participantes dignos de la sociedad estadounidense, pero solo por ahora, porque todavía el programa no está codificado como ley. Al explicar la decisión, el tribunal superior John Roberts dijo que esta decisión no rechaza futuros intentos si la administración de Trump de terminar el programa.

“Todos celebramos la decisión de la Corte Suprema. Llena a muchos de nosotros con gran esperanza, especialmente a los Dreamers quienes ahora son adultos”, dijo Marlene Lao-Collins, directora ejecutiva de Caridades Católicas de la Diócesis de Trenton.

“Pero… por ahora, los participantes viven en un limbo. Como grupo defensor, animamos y urgimos a la administración federal avanzar el programa” y hacer que sea ya permanente y fuera de riesgo.

No es solo el gobierno federal que debe actuar sino también el estado de New Jersey dice Lao-Collins.

“New Jersey puede hacer algunas cosas acerca de crear la posibilidad de obtener credenciales y licencias si el empleo se los requiere a los Dreamers. El estado de New Jersey puede defender y apoyarlos para que no se quedan con incertidumbre”, dijo la directora.

Esa incertidumbre afecta directamente a los participantes comenta Roberto Hernández, director de El Centro de Recursos Humanos, una sede de Caridades Católicas en Trenton.

“La gente hesita renovarse en DACA como antes por miedo”, dijo Hernández. “La decisión no cambia nada en el programa. Los participantes deben mantenerse actualizados en el programa”.

Pero, siguió el director, asusta dar toda la información personal al gobierno durante este tiempo en que la comunidad migrante se siente tan atacada y vulnerable.

Mónica Cabrera, coordinadora de inmigración para El Centro, añadió que la situación actual “tiene un impacto grande en las familias jóvenes. Los recipientes de DACA llegaron aquí cuando eran niños, pero ahora tienen familias e hijos. Sus hijos son ciudadanos”.

“Seguro” es la palabra clave para las familias y personas en DACA según Carmen Pagán, directora de la sede de Caridades Católicas en el condado de Ocean ubicado en Lakewood.

Comentó de las disparidades en cuanto las respuestas legales o de las autoridades acerca crímenes o delitos, algo que se ve con más frecuencia estos días.

“No es realidad de que todos vivamos bajo la misma ley. Personas de DACA deben esforzarse más tomar buenas decisiones” y no portarse de maneras que pueden poner a riesgo su situación. “Somos una comunidad tan diversa que tenemos la tendencia de molestar o maltratar a quienes parecen más débiles”. Como sociedad, dijo Pagán, “tenemos que examinar nuestros sentimientos y reconocer lo que nos pide Dios. Nuestra vista debe ser por nuestra fe”.

“Debemos esforzarnos a conocernos”, dijo Lao-Collins. “Somos partes separadas pero un solo cuerpo en Cristo”.

Ella compartió que piensa que muchas de las divisiones que se ve tienen que ver con pensar que alguien está quitándole algo que no merece. “Bajo Dios, todos estamos merecidos y creados semejantes a Dios. Nadie está quitando nada de nadie” con respecto a la comunidad migrante.

Lao-Collins siguió, “Miremos a los datos, impuestos e impacto económico que brinda la comunidad inmigrante. Gracias a los inmigrantes, las comunidades en donde viven prosperan”.