Ángel y Pérez reparten platos y comidas ya preparados a familias que los necesitan.
Ángel y Pérez reparten platos y comidas ya preparados a familias que los necesitan.

“Siempre era sueño mío” tener restaurante propio. “Siempre quería tener un negocio propio”, compartió Liz Pérez, servidora y feligresa de la Parroquia San Marcos, Sea Girt.

Liz Pérez y su esposo, Diego Ángel, abrieron su restaurante, Mi Comida, en Main St., Manasquan, hace poco más de medio año. Sirviendo comida típica mexicana, Pérez dijo que las recetas son de su madre.

“Mi mamá siempre tenía muy bien sazón. A mucha gente le gusta cómo cocina mi mamá”. Nunca tuvo su propio negocio, pero “vendía su comida desde la casa”. Pérez recomiende las enchiladas.

¿Quién supiera que una pandemia golpeara el mundo y que su negocio tendría que cerrar?

La pandemia del COVID-19 ha creado confusión y dificultad para un gran segmento de la sociedad. Muchas personas han perdido el trabajo o no ha podido ir durante estos días de cuarentena. Niños han tenido que adaptarse sin prepararse para la educación remota.

Para muchas familias, la pandemia ha estresado un sistema que ya era delicado.

“Vi mucha necesidad”, dijo Pérez. “Cuando cerraron las escuelas, vi a nuestros propios hijos, y me di cuenta de que habría niños que contaban con comida en la escuela. La mayoría de sus padres habían perdido su trabajo” por lo de la pandemia.

Pérez y Ángel son muy activos en la Parroquia San Marcos. También, habían conocido al pastor de la Iglesia Primera Bautista en Manasquan, el reverendo Joe Gratzel. El pastor Joe puso las pilas rápidamente para responder a la necesidad.

El pastor Joe “me pidió 30 comidas para familias” para empezar. También tuvo la idea de poner una nevera afuera del restaurante para que personas pudieran pasar si necesitaran comida.

“Empezamos a preparar cajas de comida. Pusimos latas de arroz y frijoles, un pollo entero congelado, pedazo de carne, huevos y cereales y sopas”. El equipo generoso de Ángel, Liz y pastor Joe entonces entregaban las cajas a domicilios.

Después de empezar este servicio comunitario, la comunidad de San Marcos y el párroco, el monseñor Sean Flynn, se enteraron.

“Es maravilloso”, dijo el monseñor Flynn. “Es extremamente generoso de ellos. Es un signo de que la iglesia local esté respondiendo a las necesidades”.

La comunidad parroquial empezó a colaborar económicamente donando dinero y comprando comidas para familias.

El esfuerzo ha sido una oportunidad para la colaboración. El restaurante está abierto de nuevo y Pérez lo deja claro, “Comprar un plato o comida ayuda directamente a personas en nuestra comunidad”.

Se puede encontrar el perfil de Facebook del restaurante bajo “Mi Cocina on Main” para colaborar y apoyar porque, aunque las limitaciones de la cuarentena hayan disminuido, la situación delicada sigue para muchas familias.

Ángel añade, “Lo hacemos con cariño y voluntad para ayudar a los demás”.