Después de la muerte el 25 de mayo de George Floyd por un policía de Minneapolis y las manifestaciones y agitaciones que han ocurrido. Los líderes católicos de por todo el país, incluyéndole al obispo David M. O’Connell, C.M., aquí en la Diócesis de Trenton, han declarado la condenación clara del racismo sistémico que a veces ha alcanzado la injusticia en las manos de autoridades policiales en contra miembros de la comunidad negra.

En muchos casos, estas declaraciones han hecho eco de la enseñanza que se expresó en el documento del 2018 de la Conferencia de Obispos Católicos: “Abramos nuestros corazones: el incesante llamado al amor, carta pastoral contra el racismo”. Los obispos de los Estados Unidos abrumadoramente aprobaron la carta contra el racismo el 14 de noviembre durante su reunión del otoño ese año.

Avivado por una cantidad de casos muy públicos en cuanto hombres negros no armados fueron baleados y matados por policía, el documento ha provisto la base de muchas declaraciones hechas a favor del mensaje de que “las vidas negras importan”.

Al momento de aprobar el documento, los líderes de la USCCB quienes participaron en su creación explicaron: “Los obispos se sintieron llamados responder al tema del racismo, de nuevo, después de ver la deteriorización del discurso público, y episodios de violencia y animosidad con matices raciales o xenofóbicas, que han reemergido en la sociedad estadounidense en los últimos pocos años. Cartas pastorales por el pleno cuerpo de obispos son raras y pocas. Pero en los momentos claves de la historia, los obispos se han unido para anuncios importantes, prestando atención a un tema particular y con la intención de ofrecer una respuesta cristiana, llena de esperanza, frente a los problemas de nuestro tiempo. Ahora es uno de esos momentos”.

“A pesar de muchos pasos esperanzadores en nuestro país, el racismo todavía infecta nuestra nación”, dice la carta pastoral. “Los actos racistas son pecaminosos porque violan la justicia. Revelan que no se reconoce la dignidad humana de las personas ofendidas, que no se las reconoce como el prójimo al que Cristo nos llama a amar”, añade.

Dos años después, la relevancia de la carta se ha aumentado mientras la angustia por causa de la injusticia racial en los Estados Unidos sea más urgente.

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