Santa María Goretti
Santa María Goretti

Las familias grandes no están de moda estos días. Durante los últimos 20 años, el promedio de hijos en la familia estadounidense ha sido 2.5, según el centro de investigaciones Pew, que sopongo que significa entre 2 y 3 más o menos. Yo crecí como uno de cuatro, todos varones nacidos en el 1947, 1949, 1955 (¡yo!) y 1959 – y ¡sobrevivimos! Menciono esto porque los psicólogos dicen que el tamaño familiar afecta el desarrollo del niño, además del lugar, cuánto tiempo hay entre hermanos y varios otros factores. Yo no lo he prestado mucha atención.

María Goretti era la tercera de siete hijos en su familia. Ella nació el 16 de octubre del 1890 en Corinaldo, Italia. Su padre, Luigi, mantenía una finca y, junto a su madre Assunta, guió a sus hijos mientras todos echaron la mano al trabajo de ella. En una pobreza tremenda en el 1895, la familia tenía que dejar la finca, dejar su hogar y empezar a trabajar por otros campesinos. Después de su tercera mudanza, la familia Goretti se mudó a vivir con otra familia de campesinos itinerantes, la familia Serenelli.

Cuando María cumplió 9 años, su padre contrató malaria y se murió, añadiendo aún más estrés a los recursos esparces de los Goretti. Mientras su madre y hermanas y hermanos trabajaban en la finca, María se quedaba en casa para atender a las necesidades del hogar. A través de todos los desafíos, la familia Goretti mantenía una fe religiosa profunda y esa fe fortalecía la unidad familiar.  

María nunca asistió a la escuela y no podía ni escribir ni leer. Cuando tenía cerca de los 11 años, ella empezó a asistir a una clase de la catequesis para prepararse para su primera comunión. Los biógrafos notan que ella tenía mucha dificultad con sus lecciones y no se sentía cómoda socialmente, a pesar de su madurez física.

Un día, mientras se sentaba en las escaleras afuera de la casa donde vivía, ella estaba cociendo una camisa cuando el hijo de la familia con que su familia vivía se le acercó. Alessandro Serenelli, 18, le jaló adentro e intentó violarla. Ella le rogaba que parara gritando, “No, Dios no quiere esto. Es pecado. Irías al infierno si lo hagas”. Él joven no logró violarla entonces le puñaleó con algo filudo 14 veces. María estaba cuidando a su hija menor, Teresa, quien se despertó y empezó a llorar. Cuando su madre y hermano llegaron a la casa, encontraron a María en el suelo. Con el apoyo del padre de Alessandro, lograron llevarla al hospital más cercano.

Aunque no tenían como administrarla ninguna anestesia, los médicos intentaron salvar su vida. Mientras moría, María, completamente consciente, informó a la policía que Alessandro se le había acercado buscando tener relaciones sexuales antes. Su estado en el hospital se deterioró rápidamente y llamaron a un sacerdote para administrar los últimos sacramentos. Sus últimas palabras grabadas son “Yo perdono a Alessandro Serenelli y quiero que él esté conmigo en el cielo para siempre”. Y al decir esto, se murió.

Arrestaron a Serenelli y hubo juicio por su crimen. La policía encontró bastante pornografía en su residencia. El protestaba su inocencia, diciendo que él se había defendido de los ataques de María. Eventualmente, Alessandro cambió su historia increíble y admitió que había intentado violar a María varias veces. Por ser menor de edad, le dieron a Alessandro 30 años en la prisión en lugar de la pena de muerte. Él se ganó fama por su enojo y agresión en la cárcel y le tenían que separar del poblado general de la prisión.

Después de la muerte de María, su madre no tenía cómo cuidar a sus hijos. En medio de pura pobreza, ella entregó a sus hijos al sistema de adopción.

En su sexto año en la prisión, Alessandro Serenelli tuvo una visión de María Goretti. En la visión, ella le dio 14 lirios blancos, uno para cada uno de sus heridas. Él pidió hablar con el obispo local, se confesó y tuvo una conversión total. Su comportamiento cambió tan radicalmente que le soltaron de la prisión 3 años antes del plan. De inmediato, él buscó a la madre de María y le rogó que le perdonara.

En los años después de su muerte, la vida joven de María Goretti, conocida por su piedad y rechazo de la impureza sexual, inspiró la devoción a ella de parte de sus vecinos y la gente del pueblo. Poco a poco, se conocía su historia en toda la región y las noticias llegaron a la atención de los oficiales de la Iglesia. Ellos empezaron el proceso a la santidad. Se atribuían milagros a su intercesión y le beatificaron en el 1947. Fue canonizada santa por el papa Pio XII el 24 de junio del 1950. Él le llamaba “la dulce mártir de la pureza”.  

A los 11 años de edad, María Goretti era la persona canonizada más joven de la historia de la Iglesia. Más de 500,000 personas asistieron la ceremonia afuera en la Plaza San Pedro porque no podían caber en la Basílica. Fue la primera canonización que se llevó a cabo afuera. Otro detalle asombroso: Assunta, la madre de María, y su asesino, Alessandro, quien se había hecho hermano franciscano, estuvieron presentes para la celebración, la primera vez que la madre de un santo asistiera la canonización de su hijo. Su fiesta es el 6 de julio, el día de su muerte.

Santa María Goretti era una niña joven y simple que se convirtió en santa. No asistió a ninguna escuela, no podía leer ni escribir, pero su vida breve atestiguó a tanta santidad y su muerte sirvió como un último sacrificio de la pureza. Ella es un modelo, ejemplo y patrona de la juventud, especialmente de mujeres jóvenes. Ella demuestra que no hace falta vivir una vida larga para poder alcanzar la santidad – sino solo una vida que sea vivida con y para el Señor. Para los jóvenes en el mundo de hoy en día, la pequeña María Goretti nos muestra que los santos se ven como ellos. Santa María Goretti, ruega por los jóvenes de la Diócesis e inspíralos a amar al Señor como tú.