Se celebra el año eclesial con tiempos diferentes: Adviento, Navidad, Tiempo Ordinario, Cuaresma, Pascua, Pentecostés. Este fin de semana entramos en Adviento: cuatro semanas antes de Navidad. Los dos tiempos están conectados pero distintos. Adviento no es Navidad. Adviento es el comienzo del año eclesial porque celebra el principio de nuestra vida en la Iglesia – el tiempo en lo cual se anticipa a Jesús, en el vientre de la Virgen María. Adviento nos prepara para Navidad. Navidad conmemora la entrada física de Cristo a nuestro mundo. Adviento nos alista para la presencia física y espiritual del Hijo de Dios entre nosotros, “Emanuel”. Adviento es un tiempo de espera y expectativa llena de la esperanza, un tiempo santo. Estas cuatro semanas son una invitación a tomar un pause en nuestras vidas tan ocupadas cotidianas y a orar.

Durante Adviento, hablamos de las venidas de Cristo: a la historia (por nacer); en el misterio diario, en cada uno de nosotros; en la majestad, nuestro juicio final al fin del tiempo al reunirnos con Dios. Adviento es un tiempo para preparar nuestros hogares/corazones. Es por eso de que las lecturas de las Escrituras del tiempo toman un tono de anticipación.

Por ejemplo, este fin de semana oímos del profeta Jeremías, cientos de años antes del nacimiento de Cristo:

“Llegarán días”, afirma el Señor,
“en que cumpliré la promesa de bendición
que hice al pueblo de Israel y a la tribu de Judá.
”En aquellos días, y en aquel tiempo,
 haré que brote de David un renuevo justo,
 y él practicará la justicia y el derecho en el país.

También oímos de San Pablo en su Primera Carta a los Tesalonicenses:

Le rogamos a Dios que fortalezca sus corazones,
 y que, cuando nuestro Señor Jesús venga con todos sus santos,
ustedes vivan en santidad y nadie pueda acusarlos de nada
delante de nuestro Dios y Padre.

Finalmente, oímos en el Evangelio de San Lucas:

Estén siempre vigilantes.
Oren para que puedan escapar de todo
lo que va a suceder,
y así puedan presentarse delante del Hijo del hombre.

Adviento es un tiempo especial y una temporada especial para nosotros, como cristianos, para que hagamos lo justo y correcto mientras esperamos al Señor Jesús en todas sus venidas. Juntos, entonces, debemos aprovechar de estas cuatro semanas para enfocarnos no solo en todo lo que tiene que ver con las fiestas navideñas que vemos por el mundo, sino que, en Jesucristo, el Señor y Salvador, el Mesías, Emanuel, quien viene como ser humano para acercarnos a él.