Andrés Luna recuerda los tiempos en México cuando los católicos no podían practicar su fe públicamente y las iglesias fueron cerradas al reflexionar sobre la situación actual de la pandemia.
Andrés Luna recuerda los tiempos en México cuando los católicos no podían practicar su fe públicamente y las iglesias fueron cerradas al reflexionar sobre la situación actual de la pandemia.

Hace más de un mes ahora, al igual que otros estados, que New Jersey se encuentra semiparalizado, debido a la pandemia del coronavirus, COVID 19.

Al momento de redactar esta nota, son ya cinco domingos sin poder asistir a la santa Misa y, lo que es más triste todavía, cinco domingos sin poder recibir la santa Eucaristía, sin poder comulgar nuestra fe con Cristo físicamente, pero, sí, al menos espiritualmente.

Afortunadamente, tenemos la confianza de que solo será temporalmente. ¿Por cuánto tiempo? No tenemos la certeza, solo Dios lo sabe. Lo que, sí, sabemos es que pronto regresaremos a la normalidad, aunque exista mucha preocupación y miedo a nuestro entorno. Tenemos la fe en que eso cambiará en un futuro cercano.

Los que tuvimos padres o abuelos que vivieron es México entre los años 1926 a 1929 los escuchamos hablar de aquel periodo en que el gobierno se le prohibía el derecho al culto religioso y a poder congregarse en una iglesia. Al mismo tiempo, privaban de la vida a sacerdotes y líderes religiosos, saqueaban y destruían nuestras iglesias católicas.

Al experimentar el vacío que se ve en nuestras Iglesias ahora, en cierto modo, no podemos menos que compararlo con lo que estamos viviendo el día de hoy. Gracias a la fe y el valor de los católicos, protestantes y hasta los no creyentes de ese entonces, lucharon juntos para que su libertad de expresión y derecho a culto se restauraran.

Gracias a Dios, nosotros no tenemos que luchar contra nadie para que un día no muy lejano nos podamos congregar de nuevo. Pero, sí, necesitaremos mucha fe y valor para demostrar que esa fe no se ha disminuido como el papa Francisco nos exhortaba en su homilía del sábado, 18 de abril. El papa dijo que, como los primeros apóstoles llenos de valor y coraje, pero sobre todo con franqueza, salgamos a difundir por el mundo la Buena Nueva de nuestro Señor Jesucristo Resucitado. 

Algo muy positivo que mi esposa y yo hemos vivido es que hemos podido ver las Misas celebradas por un amigo nuestro muy querido. Al vivir tan lejos, no nos vemos a menudo con él, pero hemos podido acompañarlo en vivo por la televisión durante la semana y, sobre todo, escuchar las homilías suyas. Para nosotros, eso ha sido una bendición durante estos tiempos difíciles.

Vamos a salir y demostrar que nuestra fe nunca estuvo semiparalizada, sino que, gracias a las diferentes formas y medios de comunicación, durante este tiempo de aislamiento nos mantuvimos en contacto; estudiando, creciendo, atendiendo Misas virtuales y reuniéndonos con nuestros grupos de oración a través de cualquier medio disponible. Que, con confianza, podemos decir que, a pesar de todas las limitaciones, estamos listos y dispuestos a mostrar la mejor versión de nuestra persona, para ser mejores discípulos y servir de la mejor manera a nuestro prójimo y a Cristo.

Andrés Luna es feligrés de la Parroquia Santa Ana, Browns Mills. Comparte esta reflexión sobre la fe en medio de esta situación actual de la pandemia.