En este cuadro por James Tissot, La Resurrección, se ve al Cristo Resucitado saliendo del sepulcro al trinufar sobre la muerte. El obispo David M. O'Connell, C.M., nos recuerda que Jesús dijo, “'¡Yo hago nuevas todas las cosas!'” y que en la fe, seamos dispuestos a dejarlo a Él hacerlo". Usada con permiso, imagen en el museo Brooklyn
En este cuadro por James Tissot, La Resurrección, se ve al Cristo Resucitado saliendo del sepulcro al trinufar sobre la muerte. El obispo David M. O'Connell, C.M., nos recuerda que Jesús dijo, “'¡Yo hago nuevas todas las cosas!'” y que en la fe, seamos dispuestos a dejarlo a Él hacerlo". Usada con permiso, imagen en el museo Brooklyn

¡Yo hago nuevas todas las cosas! (Apocalipsis 21:5)

Los tres días antes del Domingo de la Pascua son muy instructivos. Nos hablan del compromiso a algo grande, de compartir nosotros con otros, del sacrificio que acompaña al amor, del tiempo precioso pero limitado que tenemos en esta tierra, de la esperanza de que más allá que esta vida haya aún más y mejor --- de hecho, ¡una eternidad de alegría por quienes tienen fe en Dios y viven la vida en amor!

Estas son buenas lecciones. Todas son partes del mensaje Pascual para quienes de nosotros que creen en la Vida, Muerte y Resurrección del Señor Jesucristo --- y consuelan a personas de buena voluntad, que tengan cualquier tradición de fe. La Pascua y esta estación de nueva vida de nuestro alrededor es un tiempo de paz y promesa.

Este año pasado no ha sido nada fácil. Eso es verdad no solo por razones de la pandemia y la economía. Dentro de la sociedad en sí, aunque hayamos visto unas cosas maravillosas a través del heroísmo y generosidad de muchos, ha habido tensión, heridos, racismo, desconfianza, divisiones, e incivilidad --- cosas contrarias a la paz o promesa de la Pascua.

La gran cosa del ciclo de la vida y el cambio de las estaciones es que podemos anhelar la próxima cosa de nuestras vidas, con la esperanza de que sea más sabia y cariñosa que el ciclo y estación anterior.

Ahora tenemos unos días durante Semana Santa y Pascua para respirar profundamente, tomar un pause y reflexionar sobre lo que realmente importa, orar y acercarnos a Dios, abrazar a quienes amamos en maneras que solo días santos pueden proveer, entregar las heridas que hemos sentido o que aun sentimos a las manos y pies y lado herido del Señor a quien clavaron a una cruz en estos mismos días, morir a nosotros y nuestro egoísmo y orgullo para resucitarnos a una vida nueva y diferente en que dejamos esas cosas atrás. Tomar el tiempo, apartar el tiempo para hacer todas estas cosas mientras la vida se renueva en nuestro alrededor.

La Pascua es un tiempo especial para los cristianos, para todos realmente. Aunque el Jueves Santo y Viernes Santo lleguen siempre primeros, juntos con los eventos sacrificiales que conmemoran, ahora y siempre sigue el amanecer de la Pascua y la paz y promesa de la vida eterna.

“¡Yo hago nuevas todas las cosas!” dijo Jesús. En la fe, seamos dispuestos a dejarlo a Él hacerlo. “Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

¡Felices Pascuas a todos ustedes!