¿Te has dado cuenta de que cuando vamos de apuro en un carro no nos damos cuenta del paisaje que tenemos afuera porque por la velocidad, las imágenes pasan tan rápido que nada se nos queda?

Pero también, muchas veces, cuando vamos manejando o quizás de pasajeros, por tener nuestra mente ocupada en los problemas o acontecimientos que se repiten en nuestra mente, ¿dejamos de ver de igual forma lo que hay a fuera?   Que hasta nos preguntamos: “¿ya pasamos por ahí”?

Así pasa muchas veces en nuestra jornada espiritual.                  

Cada año caminamos a través del tiempo cuaresmal hacia la Pascua   y por estar tan ocupados ... o preparando miles de cosas, despertamos un día y decimos: “¡que rápido…ya es Semana Santa”!

El Tiempo de Cuaresma es un tiempo de “Parar y mirar con detenimiento” nuestro proceso de conversión, es el tiempo de descubrir los pasos que hemos dado hacia el encuentro con el Señor con nuestro estilo de vida y profundidad espiritual.

¡Es el tiempo de parar, y descubrir la hermosura del paisaje de este tiempo litúrgico! Estos días, el paisaje que la Iglesia te ofrece para que te encuentres con el rostro de Dios es La Misericordia.

Allí afuera, esta Dios esperando que te detengas y lo contemples. El sabe que nuestra vida avanza a pasos agigantados y a toda velocidad.  Él sabe que tenemos que tomar decisiones personales y caminos decisivos en muchos aspectos de nuestra vida.  Él quiere darte el descanso y las fuerzas que necesitas.  ¡Él quiere ser tu motivación y tu meta final!

Que, en este tiempo de cuaresma, logres parar por unos instantes tu carrera a toda marcha, y descubras a Dios tan cercano, que retomes tu camino con un corazón inflamado con su presencia.

La Iglesia te ofrece ideas, espacios y momentos para este “Parar espiritual”:

  • Te ofrece los viernes de cuaresma con la devoción del Santo Viacrucis…sea individual o en comunidad…contempla el sacrificio de Cristo en la Cruz por ti;
  • Te ofrece la disciplina del ayuno, la abstinencia y la oración: para que, experimentando en tu cuerpo y alma la necesidad de orar, la necesidad de Jesús y del servicio al hermano, descubras tu verdadero llamado en el Señor;
  • También te ofrece el encuentro del perdón y la misericordia a través del sacramento de la Reconciliación: para que sientas la fuerza del Dios que amándote te dice:” vete y no vuelvas a pecar”;
  • Te ofrece ser alimentado con el Pan Vivo bajado del Cielo: para que recibiendo a Cristo presente en la Eucaristía seas uno con El.

Este es un tiempo de parar y mirar tu vida espiritual y tu caminar en el proceso de la conversión.

¡Pues la conversión, es un camino, que solo acaba cuando llegamos al encuentro con Dios a las puertas de la Eternidad!

Así que ánimo. El camino es largo… pero Cristo está contigo.