Usuario de Flickr Tommy Wong
Usuario de Flickr Tommy Wong

Hay tantas cosas en nuestra vida que requieren que hagamos un plan para prepararnos. Exámenes e investigaciones en la escuela, practicar para el partido, aplicaciones para la universidad y tantas más.

Actualmente, estoy planificando una fiesta para un familiar y hay tantas cosas que quedan por hacer antes del día de la fiesta. Necesito decidir donde tendremos la fiesta, enviar las invitaciones a todos en la lista, escoger y ordenar las decoraciones y luego ambientar todo, alistar el menú y la comida, y más todavía.

Al pensar en fiestas a que hemos ido, nos podemos reconocer todo el trabajo de preparación antemano para crear algo que queremos. Tenemos que asegurarnos de que todo esté listo para que todos se divierten y todo va según el plan. En fin, el éxito tiene que ver con la buena preparación y, entonces, esperar que llegue el momento para poder disfrutarlo.

En el Evangelio del día de hoy, Jesús nos habla de la importancia de la preparación y estar listos. Nos habla claramente sobre su Segunda Venida. A menudo, me pregunto sobre por qué nosotros, como personas de fe, no nos gusta contemplar eso, pero va a pasar y Él quiere que planeemos y que estemos preparados. Jesús nos dice que no sabremos el día ni la hora, pero que debemos estar preparados.

¿Cómo nos podemos preparar para este día? ¿Qué se puede hacer para prepararse? Primeramente, debemos tener una relación con Jesús y una de las mejoras maneras para lograr eso es a través de la oración. Orar y orar frecuentemente, no solo una vez por semana. Cada día debemos tener un plan de cuando vamos a rezar, tal vez sea antes de salir de la cama en la mañana o en la noche antes de cerrar los ojos. O a lo mejor sea una hora apartada especifica durante el día cuando volvemos de la escuela. Hace falta asistir a Misa y recibir la Eucaristía, la PRESENCIA REAL. Debemos apartar tiempo para el Sacramento de Reconciliación y debemos hacer uso de nuestras Biblias para escuchar la Palabra de Dios.

Todas estas cosas pueden ayudarnos a no solo estar preparados para el día que Él vendrá de nuevo, sino que nos ayudará a vivir nuestra mejor vida; una vida con dirección y razón, una llena de mucha alegría y el amor incondicional, porque nos llevará a cuidar a otros y porque nuestros corazones y vidas estarán enfocados en el Señor.

Hay que recordar que ese día que viene es un día de alegría y no de miedo. Jesús nos recuerda que no estamos abandonados nunca, hasta en los momentos más difíciles, nuestras horas más oscuras. Su presencia está entre nosotros hasta el fin. ¿Por qué esperar? El momento es ahora y nos está llamando para preparar nuestros corazones y nuestras vidas por el Señor. Estamos llamados a ser Su amor al prójimo y ayudar a los demás a prepararse también. ¡Que hagamos un plan para este día de alegría con los ojos abiertos y los corazones llenos de Su amor mientras gozamos de su presencia siempre!