Todos hemos esperado y orado que los efectos de la pandemia fueran cosas del pasado al acercarnos al año escolar del 2021-22 en nuestras escuelas católicas. Tristemente, eso no es el caso. Aunque hayamos logrado mucho en varios esfuerzos, la pandemia sigue muy presente por la variante Delta con mayor contagio viral en muchas partes del país, incluyendo aquí en nuestro estado de New Jersey.

Estamos afortunados de que nuestras escuelas católicas podrán empezar las clases y otras actividades “en persona” en lugar de en línea. Ese hecho, en sí, hará mucha diferencia en facilitar la enseñanza y aprendizaje. Igual que importante es la socialización que tendremos y que tanto extrañamos el año pasado entre y dentro de nuestras comunidades católicas escolares. Otros esfuerzos para intentar parar el contagio del COVID y sus variantes, como llevar mascarillas en todas las escuelas públicas, privadas y parroquiales de New Jersey mandado por el gobernador (orden ejecutivo 251), empezarán a partir del 9 de agosto, 2021.

Se está escuchando muchas quejas y oposición por parte de los padres de familia sobre “el mandato de las mascarillas”. Se debe notar que también hay muchos a favor del requisito. Todas las escuelas católicas en la Diócesis de Trenton están obligadas a observar el mandato público estatal en las plantas escolares, con la excepción de los momentos y actividades declaradas en el orden del gobernador. No tenemos ninguna opción porque es un requisito para todas las escuelas de New Jersey. Entonces, seguimos adelante ahora agradecidos de poder volver a la escuela con la esperanza de que el mandato de las mascarillas no dure mucho. Hasta entonces, tenemos que enfocarnos en educar a nuestras hijas e hijos tal como nuestras escuelas católicas lo hayan hecho tan bien de por nuestra historia.

Este año, 2021, la Diócesis de Trenton celebra su 140 aniversario. Cuando fue establecida oficialmente por el papa Leo XII el 11 de agosto del 1881, ya había 23 escuelas católicas en lo que ahora son los condados de Burlington, Mercer, Monmouth y Ocean, con 68 iglesias y 51 sacerdotes sirviendo a más de 130,000 católicos que vivían aquí. La educación católica era una prioridad del primer obispo Michael J. O’Farrell, quien escribía y hablaba frecuentemente de su importancia a la vida y desarrollo espiritual de la diócesis naciente. Invitó a ordenes religiosos de hermanas y hermanos al territorio mientras se aumentaba la comunidad de estudiantes católicos. 

Hoy en día, hay 26 primarias católicas diocesanas, 5 secundarias católicas diocesanas y 7 escuelas católicas independientes o privadas, educando a más de 19,300 estudiantes. Junto al total de estudiantes en las escuelas católicas son más de 36,600 adolescentes participando en los programas de educación religiosa en las parroquias de por toda la Diócesis.

La educación católica sigue siendo una de las prioridades más importantes aquí. Contamos con los padres y madres de familia quienes son los “educadores principales” de la fe católica de sus hijos en el hogar (Catecismo de la Iglesia Católica, números 2221-2226). Ellos se sacrifican más aun en avanzar y desarrollar su trabajo en las escuelas católicas en lugar que a través de las alternativas disponibles de las escuelas públicas. Los párrocos y sacerdotes parroquiales, las mujeres y los hombres religiosos, los administradores diocesanos y escolares, los maestros y el personal de las escuelas católicas “colaboran” con los padres y madres de familia en transmitir la fe y los valores católicos a través de su palabra y ejemplo. En nuestra Diócesis, las escuelas católicas requieren que las personas a que se les confía la educación católica firmar una “declaración de testimonio cristiano” para atestiguar a su compromiso público de respetar, enseñar y vivir la fe católica, una indicación de que la escuela católica será lo que proclama ser – una manera de crear “una marca verdadera de promoción”.

Durante décadas, las investigaciones han demostrado la calidad excelente de la educación que los alumnos reciben en todas las materias, preparándolos para futuros estudios y dándolos la capacidad para tener éxito en la vida. Transmitir la fe, sin embargo, no se trata solamente de añadir la religión a las otras cosas que los maestros enseñan y que los alumnos aprenden. Es integral a su formación académica, moral y espiritual, una educación del “ser por completo”.

Sí, la pandemia ha sido un desafío tremendo para todos nosotros. El compromiso a nuestra fe católica, ojalá, nos ha ayudado a manejar las cargas que hemos encontrado en el hogar, el trabajo, la escuela, en nuestras parroquias y en la plena sociedad. Trabajando juntos en colaboración como una comunidad escolar católica – padres, madres, sacerdotes, religiosos, maestros, personal, bienhechores, e incluso a los mismos alumnos – anhelemos proveer a nuestros jóvenes una educación llena de fe que siga brillando hacia el futuro.