En esta edición de la Revista Monitor, el tema de enfoque resalta el Día de los Abuelos y las Personas Mayores para celebrar la tercera edad y todo lo que contiene una vida bien vivida de fe, amor, trabajo y todo lo demás.

Después de casi nueve décadas de vida, James (Jim) O’Brien, 88, tiene muchas historias y ha vivido por muchas etapas distintas – demasiadas para cualquier artículo breve – y aunque pueda ser difícil encapsular sus experiencias y lecciones aprendidas, en fin, se le escucha hablar de familia y amigos de calidad, de humildad y humanidad, de llamados y respuestas.

El feligrés de San Marcos, Sea Girt, reconoce bien los regalos de su vida. Buenos amigos le han ayudado a desarrollar y poner en práctica su vocación de construir el Reino en esta tierra. Él los llama “compañeros” porque han trascurrido mucho y compartido aún más. Su trabajo mayormente se ha enfocado en el desarrollo de comunidades marginadas de por el mundo. Ha trabajado en cada país de Latinoamérica y en varios países de África también, sea con los Misioneros de Maryknoll, el Cuerpo de Paz, o como trabajador y representante del gobierno de los Estados Unidos.

El señor O’Brien ha sido “gente puente” y se puede aprender mucho de su historia.

“Pues, no me santifiques”, dice con una risa, “pero siempre he pensado que cuando algo se te presenta, cuando algo aparezca en ‘tu plato’, hay que responder”. Al decir eso, O’Brien empezó a compartir una letanía de personas de lo largo de su vida que la pedían actuar de alguna manera.

“Te necesito para enseñar clases de inglés. Te necesito para ayudar con el proceso de DACA. Jim, ¿qué hacemos sobre tal cosa? ¿Cómo podemos ayudar a tal persona? Debemos hacer algo… etcétera.

“Si uno tiene una consciencia, no es difícil” hacer algo. “Mi familia me enseñó a no ser egoísta” con los dones y talentos que tiene, sean pequeños o grandes. Para Jim, su talento con idiomas le ha servido bien en el servicio a los demás. “Soy un gringo del norte, pero siempre tuve la empatía… pues siempre he sentido que las otras personas fueran mis hermanos”. Continuó que “He tenido muy buenos amigos que me han sido ejemplos de no tener miedo en la vida”.

Es fácil “portarnos como ovejas del rebaño”, pero, para Jim, han sido las personas que demuestran confianza en las cosas pequeñas que le sobresalen al pensar en su vida. Es la persona que “levanta la mano” para expresar una duda o lanzar una pregunta. Es quien admite no entender algo y querer aclaración o ayuda.

En la vida, dice O’Brien, “hay que responder a las cosas a las cuales podemos responder” sea una llamada de la esposa o vecino o sobrina… “quien sea… porque puede ser que una ayuda rápida cambie el rumbo de la vida de alguien por completo”. Actuar para ayudar al prójimo puede convertirse en un momento esencial de esa persona, “y para nosotros también”.

“Vivir es cambiar”.

Estas palabras de los obispos en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia, en 1968, encapsulan el consejo de Jim O’Brien. “Vivir mucho es haber cambiado a menudo” siguen los obispos.

“Vivir significa estar dispuestos a cambiar”, terminó O’Brien. Todos “estamos en una vía de desarrollo” y ese desarrollo no termina al cumplir ninguna edad.