No me considero ningún académico de las Escrituras, sino un lector de las Escrituras. Me gusta leer la biblia, especialmente los Evangelios, y conocer más al Señor Jesús a través de los textos sagrados. Animo a ustedes hacer lo mismo. A pesar de las tantas veces que he leído a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siempre suelo sacar algo nuevo, algo diferente, alga que no reconocía antes.

Durante el Tiempo de la Pascua, he prestado mayor atención en el Evangelio según San Lucas y su libro compañero, Hechos de los Apóstoles. No es ninguna coincidencia de por qué las lecturas para Misas durante este Tiempo Pascual salen de estos dos libros. Además que los textos sagrados en sí, me gusta aprovechar de unos comentarios escriturales disponibles muy buenos, incluyendo uno de nuestro propio sacerdote diocesano, el padre Pablo Gadenz – un académico verdadero de las escrituras – para profundizar mi comprensión de las escrituras del san Lucas.

Este domingo pasado, el Tercer Domingo de la Pascua, la lectura del Evangelio según San Lucas (24:35-48), presentó otra descripción de la apariencia del Señor Jesús resucitado a los discípulos después de su Resurrección.

Dos discípulos que se encontraron con el Señor Jesús resucitado en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35) volvieron a Jerusalén y encontraron a los Apóstoles reunidos ahí. Animadamente, les contaron de su experiencia de encontrarse con el Señor Jesús resucitado y cómo lo reconocieron “al partir el pan”. Mientras contaban lo que había ocurrido, el Señor Jesús aparece a todos en el mismo lugar.

El san Lucas explica que todos estuvieron “aterrorizados”, pensando que estaban en la presencia de “un espíritu”. El Señor Jesús resucitado calmó sus miedos y les dio la paz, un saludo único a sus apariencias después de su Resurrección. Les mostró las heridas de su Crucifixión para aliviar su mentes y corazones confusos y dudosos y les invitó tocarlo. Aunque no tuviera necesidad de comer, el Señor Jesús resucitado comió con ellos tal como había hecho con tanta frecuencia antes y les recordó del significado y razón de su sufrimiento, muerte y resurrección como las escrituras habían dicho.

“Ustedes son testigos de estas cosas”, dijo a ellos mientras “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras”.

Este pasaje del Evangelio de San Lucas debe “abrir” nuestro entendimiento también. El Tiempo de la Pascua es un recuerdo anual de lo que hemos leído y escuchado y creído de por nuestras vidas, pero es un misterio de la fe que vale la pena repetir. De hecho, nunca podemos creer ni proclamarlo demasiado.

El Señor Jesús se ha resucitado de la muerte … ¡para nosotros! Ha hecho posible el perdón del pecado, la vida eterna y la salvación para nosotros. La muerte ya no tiene dominio sobre él ni dominio sobre quienes creen en el poder de su Resurrección. Él ofrece y comparte su vida eterna con nosotros.

Frente a todas las cosas que nos afligen, nos causan dolor, nos deprimen, nos hacen dudar y temer, nos causa ansiedad, es el Señor Jesús resucitado quien nos aparece en estos momentos. Es el Señor Jesús resucitado quien nos consuela y promete, “La paz esté con ustedes”.

Creámoslo. Seamos sus testigos.