Mis compañeros seminaristas y yo nos sentamos juntos un poco después de mediodía el 16 de octubre del 1978 mirando la televisión. Salió humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina señalando al mundo que había sido elegido un nuevo papa por el Colegio de Cardenales reunidos adentro. “Habemos Papam, tenemos a un papa” proclamó el cardenal Perecle Felici, el mayor cardenal diácono. Fue la segunda vez aquel año que anunció ese mensaje. La vez anterior fue para anunciar al papa Juan Pablo I el 26 de agosto quien solo sirvió 33 días. A los 58 años, el polaco cardenal Karol Wojtyla era el primer papa elegido que no fuera de Italia desde el año 1523.

Confieso que no reconocí el nombre ni el rostro. Eso cambiaría pronto.

El papa Juan Pablo II terminaría con el segundo papado más largo, menos el de San Pedro, en la historia de la Iglesia.

Karol Wojtyla nació en Wadowice, Polonia, hace 100 años hoy, el 18 de mayo del 1920. ¡Que vida tuvo! Sobrevivió la ocupación de los nazis en su tierra natal y la Segunda Guerra Mundial. Fue ordenado al sacerdocio en el 1946 y fue enviado a Roma para seguir sus estudios. Con un doctorado de filosofía en la mano, el futuro papa empezaría su trabajo pastoral en Polonia en el 1948. Sacó un segundo doctorado en la Universidad Jagellónica en Krakoa, esta vez en teología, y avanzó en su ejercicio pastoral y académico, distinguiéndose como un maestro, autor y sacerdote excelente.

Doce años después de su ordenación sacerdotal, Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Krakoa. Participó en el Segundo Concilio Vaticano y fue nombrado Obispo de Krakoa en el 1964. Fue elevado a cardenal unos tres años después.

Se puede escribir tanto más sobre sus tempranos años y muchos logros, pero yo voy a dejar que cuenten su gran historia a personas más calificadas.

Sus 26 años de papado fueron únicos en el tiempo moderno. Sus viajes por el mundo fueron increíbles. El papa Juan Pablo II fue visto por más personas que cualquier otra en la historia. Tuvo papeles significantes dentro y fuera de la Iglesia, colaborando con lideres mundiales y de otras religiones en desarrollar la justicia y la paz por el mundo. Escribió 14 cartas encíclicas y promulgó un nuevo Código del Derecho Canónico y un Catequismo de la Iglesia Católica. De nuevo, no puedo hacer lo suficiente aquí para catalogar todas, pero las contribuciones del papa Juan Pablo II a la Iglesia y a la sociedad mundial ni son mensurable. Sobrevivió un intento de asesinato y sufría sus efectos y otros problemas de salud por mucho de su papado. Era, sin embargo, impávido en proclamar el Evangelio desde la Silla de Pedro.

Como todos encomendados con responsabilidades de liderazgo en la Iglesia y el mundo del día de hoy, el papa Juan Pablo II también tenía a personas críticas. Pero nada le impidió de dar por completo su vida cotidiana por lo que consideraba lo verdadero y lo hermoso y lo correcto.

El 2 de abril del 2005, el papa Juan Pablo II murió como vivía, un testigo sin cesar de fe y esperanza y misericordia, la encarnación de la Cruz de Cristo.

Notablemente después de muy poco tiempo, el papa Juan Pablo II fue canonizado un santo junto con el papa Juan XXIII por el papa Francisco el 27 de abril del 2014. En su homilía de la Misa de canonización, el papa Francisco dijo de ellos que

… tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresia del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Fueron sacerdotes y obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte, la cercanía materna de María.

Papa San Juan Pablo II, intercede por nosotros ahora en nuestra hora de necesidad.