Una parte de la delegación del V Encuentro para la Diócesis de Trenton se rie durante su llamada por Zoom.
Una parte de la delegación del V Encuentro para la Diócesis de Trenton se rie durante su llamada por Zoom.

Cuando comencé con el V Encuentro en el 2016, veía tan lejos el 2021. Con mis achaques de salud, el trabajo, la familia y ciertas resistencias cuando uno sirve al Señor, pensé que yo no podría llegar a este momento tan importante para la Iglesia Católica de los Estados Unidos. En la Diócesis comenzamos a prepararnos para llevar los encuentros a las parroquias, a mí me tocó presentar en algunas ocasiones la Lectio Divina.  Luego se dio comienzo a los encuentros parroquiales, en las familias, las parejas, los hijos, porque todos de una manera u otra, se fueron envolviendo con lo que estaba aconteciendo en sus parroquias.  Se comenzaron a experimentar cambios positivos, aunque, tristemente, con algunas resistencias también, pero ¡algo estaba sucediendo!

En el Encuentro Diocesano, pude vivir y escuchar muchos ecos, pues la mayoría de las parroquias y/o centros hispanos, presentaban las mismas historias dentro de un contexto sociedad-iglesia donde la ética cristiana estaba en tela de juicio.  Suena duro, pero era lo que los ecos, en mi perspectiva, gritaban por doquier.

Este fin de semana en el Taller Virtual del V Encuentro para  las Diócesis de los Estados Unidos, gracias a la invitación de Sandra López, pude participar, vivir, escuchar y volver a tener un encuentro personal con El Resucitado.  Créanme, que yo estaba con la ceguera de los discípulos de Emaús.  Las rutinas tienden, en ocasiones, a ser una especie de virus espiritual, que nos hace perder los sentidos: ver, escuchar, oler, tocar y saborear a Cristo.  Escuché los mismos ecos anteriores pero con posibles mejoras y soluciones. Surgieron hermosas ideas para ayudar a nuestras diócesis y parroquias a desarrollar trabajos pastorales que puedan servir de puentes y puertas abiertas que nos permitan dar el amor de Dios a todos, los que están dentro y los que están afuera en las periferias.

Y todo comienza desde Galilea (Mt. 4,12), desde nuestras parroquias.  Los contextos del 2020, nos dan una nueva visión sobre la vulnerabilidad de la humanidad.  Miremos con los ojos de Cristo, escuchemos con los ojos de Cristo y si en verdad queremos vivir en comunión con Cristo-prójimo, debemos quitarnos las vendas de los ojos y dejar que Su Amor nos queme por dentro.  Amemos al inmigrante, démosle acogida y no le pongamos tantos PERO… Fue en ésta área donde enfoqué mis ideas junto a mis compañeros de grupo, INMIGRACION.

Después de compartir ideas y sueños que se espera compartir más adelante, se finalizó este encuentro con la celebración de la Santa Misa virtual.  Ahí, en esa Cena Maravillosa, donde me dejé seducir por el Señor. Por eso canto,

¡SALGAMOS, SALGAMOS TODOS, CANTANDO HIMNOS DE AMOR!