El padre de la Divina Palabra Miguel Virella sirvió como celebrante principal en la última Misa celebrada en la Iglesia Espíritu Santo, uno de dos sitios litúrgicos de la Parroquia Madre de la Misericordia el 10 de junio, donde sirve como párroco. La Iglesia Espíritu Santo cerró por graves desafios económicos. Foto por Vic Mistretta
El padre de la Divina Palabra Miguel Virella sirvió como celebrante principal en la última Misa celebrada en la Iglesia Espíritu Santo, uno de dos sitios litúrgicos de la Parroquia Madre de la Misericordia el 10 de junio, donde sirve como párroco. La Iglesia Espíritu Santo cerró por graves desafios económicos. Foto por Vic Mistretta

“El Señor Dios nos llama a servir”. Para el sacerdote de la Divina Palabra el padre Miguel Virella, estas palabras siguen de inspirar su vocación sacerdotal que ahora alcanza el hito aniversario de 25 años.

Nacido en Cialis, Puerto Rico, el joven Virella entró a los Servidores de María como “sirviente” y fue enviado a Epworth, Iowa, para estudiar el inglés como segundo idioma en un seminario dirigido por los Misioneros de la Divina Palabra. Fue un lugar de diversas culturas y nacionalidades, y ese elemento multicultural se le nutrió mucho al alma y le ayudó en su proceso de discernimiento.

El párroco actual de la Parroquia Madre de la Misericordia, Asbury Park, hizo su primera profesión de votos el 22 de agosto del 1992 con la Sociedad de la Divina Palabra en la Capilla del Espíritu Santo, Ill. Profesó sus votos perpetuos en la misma capilla el 16 de septiembre del 1995 y fue ordenado al sacerdocio el 23 de marzo del 1996. Fue entonces que le asignaron a la Parroquia San Antonio Claret, Lakewood, de la Diócesis de Trenton.

Como sacerdote en la Diócesis, desde entonces, el padre Virella ha servido en la Parroquia Santa Rosa de Lima, Freehold; la Parroquia Nuestra Señora de la Providencia, Neptune, además que las Parroquias de San Pedro Claver y Espíritu Santo en Asbury Park.

Era el llamado de servir a los pobres que más le llamaba la atención al padre Virella como joven adulto. “Mi primer llamado era servir a las comunidades más pobres… Existe una alegría y también un sufrimiento” en servir a los pobres.

“El Señor Dios nos llama a ser sus servidores… a servir. A no vivir como los ricos… estamos llamados a servir. Estamos llamados a trabajar. Estamos llamados a cuidar a todos a quienes se nos hayan encomendado”.

Al reflexionar sobre sus primeros 25 años como sacerdote, el padre Virella recolectó como se sentía cuando nuevamente fue ordenado.

“Cuando primeramente comencé, yo quería cambiar al mundo. Yo quería estar presente para todo… todos los bautismos, las bodas, los funerales, las reuniones en casas. Yo quería acompañar a la gente en la corte, ser traductor para personas en el hospital o en la cárcel”, compartió el padre. “La etapa de mi vida cuando me ordenaron fue hermosa. Yo todavía quisiera hacer todo esto, pero la energía que tengo no es la misma que antes”.

Uno de los desafíos más grandes de su sacerdocio ha sido tener que cerrar parroquias. 21 de los 25 años del sacerdocio católico del padre Virella han estado en parroquias de Asbury Park. Ha significado acompañar a la comunidad de fe por las transiciones difíciles de cerrar, unir o trasladar parroquias.
“Yo siempre pido a todos a confiar y tener esperanza de que así tienen que ser las cosas… y que no es solamente en nuestra parroquia, sino en muchas”. Pero esa confianza y esperanza es más fácil en lo dicho que en la práctica porque, como explicó el padre Virella, las personas bautizaron a sus hijos, se casaron, enterraron a sus familiares y tantas otras cosas en las parroquias de Asbury Park desde hace muchos años, notando que la Iglesia Espíritu Santo abrió en el 1889.

Son las cosas sencillas que alimentan la fe y vida espiritual del padre Virella. “Las relaciones con la comunidad me fortalecen. En las cosas sencillas, el compartir con las familias, en la fe de la gente… en la fuerza con que el pueblo da en servir a la comunidad. Esas cosas me mantienen. Porque la gente ama a la Iglesia. Eso es cierto”.

Con una vista hacia lo que vendrá en su sacerdocio, el padre Virella se siente una conexión con Moisés. “Yo utilizo la imagen de Moisés porque la relación que Moisés tenía que Dios se basaba en la confianza. Él intentaba hacer todo lo que se le pedía Dios y seguía adelante, aunque le costase”.

“Mi esperanza es que yo pueda seguir sirviendo y que me muero de pie. Quisiera morir aun sirviendo… con la botas puestas y bien gastadas. En mi vejez, espero poder seguir sirviendo”.