Estatuas de Santa Ana y San Joaquín son partes del Jardín de los Abuelos afuera de la Iglesia Santa Ana en Lawrenceville. Foto del archivo
Estatuas de Santa Ana y San Joaquín son partes del Jardín de los Abuelos afuera de la Iglesia Santa Ana en Lawrenceville. Foto del archivo

Un día me levanté a descubrir que yo era una persona de tercera edad. ¿Qué pasó con el tiempo? Pareciera que solo ayer yo fuera “el joven” entre mis hermanos sacerdotes mayores. Debe ser que no presté atención cuando los días se convertían en meses y, entonces, años. Ahora, al verme en el espejo en la mañana, pregunto, “¿Quién eres TÚ? ¿De dónde eres TÚ”?

Es la verdad que la edad trae ciertos dolores y arrugas que nosotros “de tercera edad” no teníamos o que, por lo menos, nunca habíamos dado cuenta. Pero también es la verdad de que la edad trae cierta sabiduría y perspectiva que solo viene con la experiencia … ¡experiencia que solo viene por vivir la vida! Conozco eso, he hecho aquel. Mi pelo – cuando tenía pelo – era de color café … hace tiempo. Yo podía leer mi libro de oraciones o el menú del restaurante sin tener que usar lentes, hace tiempo. ¿Cuándo empezó mi ropa a encogerse? ¿Qué dijo ella? ¿Dónde están mis llaves? Si uno no tome estas cosas muy en serio, se hace posible sonreír y decir, “pues, me estoy envejeciendo”. No es tan mal, en realidad, especialmente cuando consideramos la alternativa.

El envejecer es un regalo, un regalo hermoso que debemos valorar. Es un regalo que nos ofrece memorias, recuerdos de bendiciones de por los años y de todas las personas que han bendecido el camino que hemos tomado. Como personas de tercera edad, hemos vivido y aprendido, nos hemos reído y llorado, hemos amado y hemos recibido el amor también. ¡Y habrá más por venir!

Este año, el papa Francisco ha establecido la primera “Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores” que la Iglesia Católica celebrará anualmente el cuarto domingo del mes de julio, cerca a las fiestas de los santos Joaquín y Ana, los abuelos del Señor Jesús. El Santo Padre observó que “El Espíritu Santo suscita aún hoy en los ancianos pensamientos y palabras de sabiduría: su voz es preciosa porque canta las alabanzas de Dios y guarda las raíces de los pueblos”. Siguió añadió que “la vejez es un regalo y que los abuelos son el eslabón entre las generaciones, para transmitir a los jóvenes las experiencias de vida y de fe” (Mensaje del Ángelus, 31 de enero 2021).

En su mensaje para la primera “Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores” el 25 de julio, con 84 años, el papa Francisco invitó a los ancianos a una “vocación renovada” en este punto posterior de la vida:

La de custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños. Escuchen bien: ¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.

“No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo”.

Celebrar el envejecer no trata solo de recordar el pasado. Se trata de los abuelos y de los ancianos – honrados “en su día” – usando su sabiduría y experiencia de cómo “vivir la vida” para fomentar en los más jóvenes un sueño de lo que se puede y lo que aun viene y hacerlo desde la fe, en la esperanza y en el amor, algo que solamente quienes hayan vivido pueden atestiguar, conscientes de la promesa del Señor, “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).