No hay oportunidad más perfecta para aprender los misterios de nuestra fe que a través de las liturgias de la Semana Santa, el Triduo Pascual y la Pascua. En ellos, Dios interactúa con nosotros usando todos nuestros sentidos. Nos sumergimos en el sonido, la vista, el olfato, el tacto y el gusto.

A partir del Domingo de Ramos, nuestros sentidos del tacto y la vista se activan. Cuando entramos en la iglesia somos recibidos con palmas, las cuales se nos entregan para participar en la celebración. Escuchamos la historia de la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Nos rocían con agua bendita mientras se bendicen las palmas. Luego, participamos en la lectura de la Pasión y todos tienen su parte.

Al entrar al Triduo Pascual, vemos que se lavan los pies, escuchamos las campanas sonar con entusiasmo en todo el canto del Gloria, vemos la iglesia decorada lujosamente. Hay incienso, una procesión eucarística (la parroquia moviéndose junta, siguiendo a Cristo en la Eucaristía) y se reúnen para la Adoración del Santísimo Sacramento. Salimos de la Iglesia en silencio.

Nos reunimos de nuevo en silencio el Viernes Santo para la Veneración de la Cruz. Nuevamente participamos en la lectura de la Pasión. Hacemos los “movimientos católicos” por los que somos tan famosos durante las Intercesiones donde nos paramos, sentamos y arrodillamos repetidamente. La cruz se levanta en alto, nos acercamos a ella, la tocamos, trayendo nuestro dolores, penas y luchas mientras la abrazamos. Salimos de la Iglesia en silencio.

Volvemos después al anochecer del Sábado Santo y nos dan una vela a cada uno. Hay fuego, oscuridad, luz de velas, relatos de la historia de salvación, luz, campanas, incienso, cantos de alegría, y vuelve el Aleluya. Nos bendicen con agua bendita, quizás Bautismo de adultos con olor a crisma mezclado con incienso, azucenas, jacintos y toda materia de flores pascuales. Renovamos nuestros votos bautismales, recibimos la Santa Eucaristía y salimos de la Iglesia cantando la Resurrección de Jesus.

No voy a mentir, estas liturgias son más largas de lo normal, pero hay mucho para capturar la imaginación. Los padres pueden invitar tranquilamente a sus hijos a mirar, oler o tocar a medida que se desarrollan los elementos. Lleve la atención de sus hijos a los diversos elementos y momentos de la liturgia a medida que se van viviendo y explíqueles sus significados.

Hay muchas maneras de hacer que esta Semana Santa sea significativa incluso para los más pequeños. Aquí hay incluyo algunas sugerencias:

1) Déjelos sostener las palmas. Sí, de seguro que las van a tirar en duelo, pero ese es el comienzo de la creación de una conexión con este día especial. Coloque las palmas en la habitación de cada niño (en la cruz si tienen una), y traiga las palmas el siguiente año a la parroquia para que sean quemadas el Miércoles de Ceniza.

2) Tomar un poco de jugo de uva en la cena del Jueves Santo. Hable acerca de la Última Cena que Jesús tuvo con sus discípulos. Comience la cena lavando los pies de sus hijos y cuénteles la historia de cómo Jesús hizo eso por sus amigos.

3) El Viernes Santo, si son demasiado pequeños para sentarse durante la Veneración de la Cruz, tome un crucifijo que tenga en casa y hábleles sobre lo que Jesús hizo por nosotros.

3) Anticípeles acerca de lo que van a vivir en la liturgia antes de llegar a la iglesia y dígales a los niños que estén atentos a objetos particulares. Después de Pascua, llévelos a una búsqueda del tesoro por toda la Iglesia. Ayúdalos a encontrar las cosas que vieron durante la Semana Santa.

5) Si son demasiado pequeños para sentarse durante las liturgias de la Semana Santa, llévelos a la iglesia fuera del horario de misa y muéstreles las Estaciones de la Cruz, el Cirio Pascual, las flores, etc. Esté preparado para responder a sus preguntas.