Hola, soy el obispo O’Connell. Durante este tiempo tan confuso y difícil, aseguro a todos los fieles que los tengo muy presentes en pensamiento y oración, pero más que nada quiero recordarlos que Dios está entre nosotros, siempre. De esto podemos estar seguros. Cuando miramos a la vida del Señor Jesús, vemos la frecuencia por los Evangelios que el Señor se acerca a los pobres, a los enfermos, y a los sufridos. Los llevaba la sanación, el confort, y la fortaleza para perseverar frente a las adversidades de sus vidas. El único requisito suyo era la fe. En el Libro de Isaías de las Santas Escrituras leemos que Él asumió nuestro dolor y aceptó nuestro sufrimiento. A través de sus heridas estamos sanados.

Esta pandemia del coronavirus nos ha llegado tan cruelmente durante este Tiempo Santo de la Cuaresma, un tiempo de penitencia y un tiempo de gracia. La Cuaresma siempre nos ubica frente a sacrificios que podemos aceptar para unirnos a la Cruz de Cristo, en la esperanza de que nosotros compartiremos su gloria. Tantos sacrificios, tantas cruces nos afrontan ahora, hasta el sacrificio temporal de poder asistir en la Santa Misa, algo que ninguno de nosotros queramos ni anticipemos. Pero todavía, tenemos que aceptar esa cruz y llevarla, aun si solo sea durante poco tiempo.

Dios no nos ha abandonado, como nunca abandonó a su hijo en el Calvario. Está con nosotros también en nuestro gran sacrificio. Pero nosotros nos levantaremos de esta adversidad, purificados y listos para recibirlo de nuevo.

Mis queridos hermanos y hermanas, en su Carta a los Romanos, San Pablo escribió, “Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración”. Buen consejo de alguien que conocía lo que era sufrir en Cristo. Buen consejo que yo les ofrezco a todos ustedes.

Dios los bendiga.