“Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor” (1 Corintios 13:13).

Qué bonito es ver personas enamoradas. Para una persona enamorada, todo es bonito: el calor, el frio, la lluvia… todo es bonito. Para una persona enamorada, todo problema tiene solución; todo se puede superar, estando al lado de la amada o al amado. Las personas enamoradas nos muestran que, a pesar de todas las dificultades de la vida, el amor permanece.

El pasado 16 y 17 de julio en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Lakewood, catorce parejas se prepararon para tomar una de las grandes decisiones que cualquier persona puede tomar en la vida, la decisión de casarse.  Dentro de esta formación (PreCaná), las parejas escucharon que Dios tiene un sueño para sus matrimonios: “Dios anhela que cada uno de ustedes ayude al otro a lograr la santidad. Dios sueña que el estar juntos los haga mejores personas.”

El amor ayuda a cada uno de nosotros a ser mejores personas y nos trae una gran felicidad. Como nos dice San Juan Crisóstomo: “Si un hombre y una mujer se casan para acompañarse en el camino al cielo, entonces esa unión les traerá gran gozo.”

Este gozo también lo vivieron los miembros del equipo de formación de parejas. Cada uno de los presentadores compartió su testimonio de vida matrimonial y al compartirlo todos volvieron a vivir esos momentos hermosos de enamoramiento en sus vidas. Los dos días de formación, viernes 16 y sábado 17 de julio, estuvieron compuestos de música, pláticas, diálogo, dinámicas, diversión y muy buena comida. El quipo siempre se prepara muy bien, tanto en sus temas que van a presentar, como también en el ambiente del lugar.  Su deseo es que las parejas conozcan el plan de Dios para sus matrimonios, que conozcan más del gran paso que van a dar al casarse y que también se lleven una muy bonita experiencia.

Al terminar la formación, las parejas tienen bien claro el plan de Dios para su matrimonio. Tienen las herramientas necesarias para resolver conflictos (económicos, de adicción, celos, etc.). También saben cómo crecer en sus vidas espirituales de una forma personal, matrimonial y familiar.  Llevan en su corazón las tres palabras mágicas que nos habla el papa Francisco: “permiso, gracias, y perdón… Permiso para no ser invasivo en la vida del cónyuge. Gracias, agradecer lo que el otro hizo por mí, la belleza del decir gracias. Y la otra, perdón por favor, que a veces es más difícil, pero es necesario decirla.”

El amor que nos habla San Pablo en la primera carta a los Corintios es la fuente o la energía nuclear que ayuda a toda pareja a poder decir estas tres palabras mágicas y poder tener un matrimonio exitoso y feliz. Este amor que las parejas reconocen, que no es amor de un día sino un amor para siempre, “la persona que no decida amar para siempre encontrará muy difícil amar de verdad, tan siquiera un solo día (El papa san Juan Pablo II)”.

¡Que viva el amor!