El Papa Benedicto XVI, en la fiesta del Santo Rosario, nos dice que cada vida tiene su propia vocación, tiene su propio código y su propia ruta. Ninguna vida es sólo una imitación, estampada junto con una multitud de vidas idénticas.

Cada vida requiere el valor creativo de vivir la propia vida y no sólo convertirse en una copia de otra persona. Cada uno de nosotros somos únicos. Nadie es igual que otro, aunque sean hermanos, o hasta gemelos idénticos. Cada uno es único.

Recuerdo escuchar una historia de dos hermanos gemelos idénticos que viven aquí en los Estados Unidos. Uno de ellos tenía la documentación para salir y entrar del país, mientras que el otro tenía que esperar un par de años para obtener los documentos. Pero este hermano que no tenía documentación era él que más viajaba ya que utilizaba la documentación de su hermano, pues eran idénticos y toda la información era idéntica. Esta situación duró hasta que empezaron a chequear las huellas digitales.

El hermano viajero ya no pudo viajar porque sus huellas eran distintas.

Somos únicos, para muestra sencilla, vemos nuestras huellas digitales, pero no sólo ellas. Tenemos nuestros propios gustos, nuestros pensamientos, sentimientos, y una tremenda cantidad de otras cosas que nos hacen diferentes e individuales.

Por eso el Papa Benedicto, nos dice que si vemos las vidas de los Santos, todas son distintas. 

Nuestra vocación es única también. Por eso es que nacimos en el lugar que nacimos. Por eso es que tenemos los padres que tenemos. Por eso es que tenemos la familia que tenemos. Todo esto alimenta nuestra vocación, el llamado que Dios tiene para cada uno de nosotros.

No todos, nos dice el Papa Benedicto, tienen que ser una Madre Teresa o un Padre Pio. Podemos ser músico, artesano, madre de familia, mecánico, jardinero,  etc. Todos estamos llamados a vivir una vida extraordinaria.

En una entrevista que le hicieron a la Madre Teresa en Irlanda en el 1974, le preguntaron ‘qué es tener una Vocación’. Ella simplemente respondió que, [la] “vocación es pertenecerle a Jesús”. 

Mis hermanos y hermanas, todos tenemos una vocación, un propósito, un código, una ruta, que es el pertenecerle a Jesús.  ¿Cómo le pertenecemos a Jesús? “Si me aman”, dice Jesús, “guarden mis mandamientos” (Juan 14:15).