Copias de la exhortación apostólica del papa Francisco, "Querida Amazonia",están presentadas en una conferencia de prensa para el lanzamiento el 12 de febrero en el Vaticano. 
Foto CNS/Paul Haring
Copias de la exhortación apostólica del papa Francisco, "Querida Amazonia",están presentadas en una conferencia de prensa para el lanzamiento el 12 de febrero en el Vaticano. Foto CNS/Paul Haring

CIUDAD DEL VATICANO – El papa Francisco dice que sueña con una región amazónica en donde se respeta los derechos del pobre e indígena, se preserva las culturas locales, se protege la naturaleza, y la Iglesia Católica se hace presente y activa con ‘rasgos amazónicos’.

En su exhortación apostólica “Querida Amazonia”, el papa Francisco no menciona la idea de ordenar a hombres casados al sacerdocio para que las comunidades católicas tuviesen acceso regular a la Eucaristía.

En lugar de eso, dijo que “es urgente evitar que los pueblos amazónicos estén privados de ese alimento de vida nueva y del sacramento del perdón”.

Esto no puede dejarnos indiferentes y exige de la Iglesia una respuesta específica y valiente” parra responder a las necesidades de los católicos, dijo, sin dictar lo que tal respuesta debe ser.

Sin embargo, el papa Francisco empieza el documento compartiendo que quiere “presentar oficialmente ese Documento” finalizado del Sínodo de Obispos en octubre sobre el Amazonas. El documento final pidió averiguar criterios para “ordenar como sacerdotes a hombres apropiados y respetados de la comunidad que tienen una familia constituida y estable, que han vivido bien su diaconado permanente y reciben una formación adecuada para el sacerdocio, para poder sostener la vida de la comunidad cristiana a través de la prédica y de la Palabra y la celebración de los sacramentos en las áreas más remotas de la región amazónica”.

Hablando del documento final, el papa Francisco escribió que el Sínodo “benefició de la participación de muchas personas que conocen mejor que yo o que la Curia Romana conocemos de los problemas y asuntos de la región amazónica”,

Tener una Iglesia con “rasgos amazónicos”, dijo el pontífice, requerirá mayores esfuerzos para evangelizar, reconocer de forma oficial el papel que tienen las mujeres y que seguirán en las comunidades católicas de la región, respetar las formas populares de piedad y mayores esfuerzos para culturalizar la fe católica dentro de las culturas amazónicas.

En el documento, el papa Francisco no mencionó el robo durante el Sínodo de estatuas de madera de una mujer embarazada, conocida como la “Pachamama” o descrita como un símbolo de vida y fertilidad por participantes del Sínodo.

Pero el papa insistió que, “No nos apresuremos en calificar de superstición o de paganismo algunas expresiones religiosas que surgen espontáneamente de la vida de los pueblos”.

El papa devotó varios pasajes largos al tema de “la inculturación”, el proceso a través de lo cual la fe se encarna en la cultura local, asumiendo las características locales que están en harmonía con la fe y entregar a la cultura local los valores y rasgos que vienen de la Iglesia universal.

“Sin embargo, el riesgo de los evangelizadores que llegan a un lugar”, dijo, “es creer que no sólo deben comunicar el Evangelio sino también la cultura en la cual ellos han crecido, olvidando que no se trata de ‘imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea’”.

En lugar de comportarse así, dijo el papa, “Hace falta aceptar con valentía la novedad del Espíritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo, porque ‘la inculturación coloca a la Iglesia en un camino difícil, pero necesario’”.

Una de las muchas características de muchas comunidades católicas en el Amazonas, escribió, es que, con la escasez de sacerdotes, están dirigidas y sostenidas por “mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo”.

A pesar de que el tema de ordenar a mujeres diáconos en el sínodo, no fue incluido en el documento final de los obispos.

En su exhortación, el papa Francisco dijo que la idea que el estatus de las mujeres y su participación en la Iglesia en cuanto su ordenación, “nos llevaría a clericalizar a mujeres, disminuir el gran valor que ya han logrado y sutilmente hacer que su contribución indispensable sea menos eficaz”.

En lugar de ordenación de mujeres, el papa urgió incluirlas a las mujeres en papeles “que no requieren de ordenes santas”, pero que estén establemente establecidos, reconocidos públicamente e incluir “una comisión de parte del obispo” y una voz en decisiones.

Entre poesías iluminando la hermosura de la región o lamentando su destrucción, mucho del documento se enfoca en la explotación de las comunidades indígenas de la región amazónica y los habitantes pobres y la destrucción de sus recursos naturales.

“Notoriamente desde las últimas décadas del siglo pasado, la Amazonia se presentó como un enorme vacío que debe ocuparse, como una riqueza en bruto que debe desarrollarse, como una inmensidad salvaje que debe ser domesticada. Todo esto con una mirada que no reconoce los derechos de los pueblos originarios o sencillamente los ignora como si no existieran o como si esas tierras que ellos habitan no les pertenecieran. Aun en los planes educativos de niños y jóvenes, los indígenas fueron vistos como intrusos o usurpadores. Sus vidas, sus inquietudes, su manera de luchar y de sobrevivir no interesaban, y se los consideraba más como un obstáculo del cual librarse que como seres humanos con la misma dignidad de cualquier otro y con derechos adquiridos”.

La destrucción del bosque, contaminar el Río Amazonas y sus tributarios y la disrupción y la contaminación de la tierra por industrias mineras, dijo, empobrecen aun más a los pobres de la región, aumentan los chances de que se harán victimas del trafico humano y destruir sus comunidades y culturas, que se fomentan en una relación cercana y cuidadosa con la naturaleza.

“La poesía ayuda a expresar una dolorosa sensación que hoy muchos compartimos. La verdad insoslayable es que, en las actuales condiciones, con este modo de tratar a la Amazonia, tanta vida y tanta hermosura están “tomando el rumbo del fin”, aunque muchos quieran seguir creyendo que no pasa nada”, dijo el papa Francisco.

Siguió que “Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonia y no sólo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera. Podemos amarla y no sólo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos íntimamente unidos a ella y no sólo defenderla”.