CIUDAD DEL VATICANO (CNS) – Las ocho Bienaventuranzas describen el camino a la santidad, pero la llamada a la mansedumbre parece ser especialmente desafiante hoy, dijo el papa Francisco. 

"Mansos son quienes saben controlarse a sí mismos, quienes dejan espacio a los demás; escuchan a los demás, respetan el modo de vida del otro, sus necesidades y peticiones. No pretenden abrumar o disminuir al otro, no quieren hacer sombra o dominarlo todo, ni imponen sus ideas o sus propios intereses con perjuicio de los demás", dijo el papa el 1 de noviembre. 

Observando la fiesta de Todos los Santos y comentando sobre la lectura del evangelio, que era la versión de Mateo de las bienaventuranzas, el papa Francisco le dijo a la gente congregada para rezar el Ángelus con él que los santos y beatos reconocidos por la iglesia hicieron el camino de las bienaventuranzas, cada uno a su propia manera. 

"Todos ellos tienen su propia personalidad y desarrollaron su propia vida de santidad según esa personalidad", dijo el papa, "y cada uno de nosotros puede hacer lo mismo, tomando este sendero: mansedumbre, mansedumbre, por favor, y así nos dirigiremos a la santidad". 

"En este momento de la vida, incluso globalmente, hay mucha agresividad", dijo. "En la vida diaria también, lo primero que se nos ocurre es la agresión, ponernos a la defensiva. Necesitamos la mansedumbre para avanzar por el camino de la santidad. Escuchar, respetar, no atacar: mansedumbre". 

Al final de la cita del mediodía, el papa Francisco habló a los presentes en la Plaza de San Pedro sobre el beato más reciente de la iglesia, el padre Michael J. McGivney, fundador de los Caballeros de Colón, que fue beatificado el 31 de octubre en Hartford, Connecticut. 

"Entregado a la evangelización, hizo todo lo posible para proveer lo necesario a los necesitados, promoviendo la ayuda mutua. Que su ejemplo sea un impulso para nosotros a ser siempre testigos del evangelio de caridad", dijo el papa, antes de pedirle a la gente en la plaza "dar un fuerte aplauso a este nuevo beato".  

El papa Francisco apeló de nuevo al fin de la lucha entre Armenia y Azerbaiyán sobre la región disputada de Nagorno Karabaj y ofreció oraciones por el pueblo de Turquía y Grecia afectados el 30 de octubre por un terremoto que causó al menos 80 muertes.