Un memorial en El Paso, Texas, cerca el sitio de un tiroteo masivo en Walmart el 3 de agosto, 2019. (Foto CNS/Tyler Orsburn)
Un memorial en El Paso, Texas, cerca el sitio de un tiroteo masivo en Walmart el 3 de agosto, 2019. (Foto CNS/Tyler Orsburn)
WASHINGTON (CNS) – Cuando el obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, rezó por los fallecidos en el primer aniversario del tiroteo masivo en un Walmart de su ciudad (a principios de agosto), realizó este solemne homenaje en medio de la pandemia por el coronavirus que ha mantenido gran parte del público estadounidense en modo de distanciamiento social.

Sin embargo, el nivel de violencia armada no ha disminuido en los cinco meses que los estadounidenses se han refugiado en sus hogares, reduciendo su actividad pública.

De hecho, estas cifras han aumentado según estadísticas publicadas por Gun Violence Archive (Archivo de Violencia Armada), un grupo de investigación sin fines de lucro que cataloga todos los incidentes de violencia armada en Estados Unidos, reportando 56 tiroteos masivos en mayo.

"No podemos simplemente aceptarlo como la nueva normalidad", acotó el obispo Seitz.

Las muertes por armas de fuego aumentaron un 16 por ciento en abril y un 15 por ciento en mayo (en comparación con los mismos meses de 2019), exhibiendo áreas urbanas que, además de experimentar un aumento de desempleo y estrés por los picos en los casos y muertes del COVID-19, están siendo afectadas por la violencia, según muestran los datos del Archivo de Violencia Armada.

"Durante varias décadas, los obispos de Estados Unidos han estado hablando sobre la violencia con armas de fuego y proponiendo diferentes formas de enfrentarla, incluyendo medidas razonables de control de armas para evitar que estas caigan en manos de personas que van a hacer daño a otros o hacerse daño a sí mismos ", expuso Michael B. O'Rouke, asesor de políticas de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

El llamado a leyes más razonables sobre armas a nivel estatal y federal ha continuado entre los obispos de Estados Unidos, quienes ven esto como un tema pro-vida.

El control de armas es un tema político candente para la mayoría de los estadounidenses que están a favor y en contra: y no es diferente entre los católicos. Existe división sobre el tema, algunos quieren más restricciones en la compra de armas y otros se resisten a cualquier restricción.

El obispo Denis J. Madden, obispo auxiliar retirado de la Arquidiócesis de Baltimore, ha testificado sobre el impacto de la violencia con armas de fuego ante los comités de la Asamblea General de Maryland a lo largo de los años y dice que siempre le sorprende el desprecio que encuentra de parte de algunas personas, quienes creen que él está tratando de violar su derecho a portar armas.

"No creo que exigir el registro de armas y la verificación de antecedentes es infringir las libertades de las personas", dijo el obispo Madden a CNS. "Parte del lenguaje que se utiliza en estos debates me preocupa, porque parece descontar el valor de las vidas perdidas por la violencia armada".

Los homicidios representaron alrededor del 35 por ciento de las casi 40,000 muertes por armas de fuego en Estados Unidos durante el 2017, mientras que las muertes por armas de fuego autoinfligidas representaron alrededor del 60 por ciento, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Durante la asamblea general en otoño de 2019 de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, el obispo Frank J. Dewane de Venice, Florida, calificó la muerte violenta por armas de fuego, ya sea autoinfligida, accidental, u homicida, como una crisis espiritual que aflige al país.

El obispo Dewane, que en ese entonces era el presidente del Comité de Obispos de Estados Unidos sobre Justicia Doméstica y Desarrollo Humano, describió la postura de larga data de USCCB sobre la necesidad de una legislación con "sentido común" que gobierne la disponibilidad de armas.

A lo largo de los años, explicó, los obispos han apoyado acciones con "sentido común", como la prohibición de armas de asalto, límites a los cargadores de gran capacidad, una ley federal para criminalizar el tráfico de armas, requisitos obligatorios de seguridad y almacenamiento de armas, mejor acceso a servicios de salud mental, y evaluación del impacto de la violencia en varios medios en la sociedad.

Los obispos estadounidenses se han enfrentado a reacciones violentas por presentar su postura en defensa del control de armas de parte de católicos que creen que los líderes de la iglesia deberían concentrarse en las necesidades pastorales de su rebaño y mantenerse alejados de debates políticos tan cargados.

"Los obispos están acostumbrados a presentar su punto de vista, dada la división de la política estadounidense", dijo Joseph E. Capizzi, profesor de teología moral en la Universidad Católica de América en Washington. "Las leyes sobre armas tienen una carga política, pero también la mayoría de los problemas que tratan: desde el aborto hasta la inmigración".

Cuando se trata de cuestiones morales, lo aparentemente político también es pastoral, señaló Capizzi.

"Los obispos hablan como nuestros pastores, como guías de nuestro bienestar compartido", añadió, "y cuando hablan sobre las leyes de armas, lo hacen mejor cuando relacionan la violencia armada con la crisis espiritual generalizada que azota a nuestra nación".