El diácono Jorge tuvo la bendición de bautizar a su nieta Cecilia Rose.
El diácono Jorge tuvo la bendición de bautizar a su nieta Cecilia Rose.

La familia de Jorge Valente no se sorprendió al escuchar de que él iba a comenzar el programa del diaconado permanente en la Diócesis de Trenton en 2018. 

Ordenado el 15 de mayo en la Catedral Santa María de la Asunción, Trenton, por el obispo David M. O’Connell, C.M., el diácono Jorge servirá en la Parroquia Santa Rosa de Lima, Freehold. Y, para él, “servir” es la palabra clave. 

Nacido en Portugal, se le inculcó de niño una devoción profunda y fuerte a Nuestra Señora de Fátima. “Esa fe y confianza inexplicable en la Santa Madre se hizo parte de mía de joven y se ha quedado conmigo hasta hoy en día”.

De hecho, al llegar a los Estados Unidos en 1979 a los diecisiete años, el joven Valente encontró una parroquia en Newark dedicada a Nuestra Señora de Fátima. Sería ahí donde eventualmente le pediría la mano a su futura esposa Mary Jo. Los dos se casaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima en Elizabeth en 1984 encomendando su matrimonio a la Santa Madre. 

La pareja se sintió llamada a servir en las misiones. Ya con cuatro hijos, empezaron a discernir el llamado y decidieron ir a Cuzco, Perú, y luego a las afueras de Santiago, Chile, para enseñar y crear comunidad en las periferias durante cinco años. 

“Al volver desde las misiones, siempre le he preguntado al Señor cómo podría seguir sirviéndolo en su viña”, compartió Valente. Encontró, “por casualidad”, a la comunidad de Santa Rosa de Lima donde se ha involucrado en las actividades ministeriales y espirituales.

“Que mi nombre (Jorge) se escribe lo mismo que en portugués hace pensar a la gente que soy hispano”, dice el diácono, explicando que el censo nacional no considera a los portugueses como hispanos. “Pero en el corazón si soy hispano y tengo mucho orgullo de ser identificado como hispano. Para Dios somos todos iguales”.

En cuanto sus esperanzas para la familia de fe de Santa Rosa, “Las esperanzas son las misma para cualquier comunidad… acercar a las almas a Dios, especialmente a través de los Sacramentos. Formar y animar a la comunidad a servir a la Iglesia de alguna capacidad” añadiendo de manera especial ver al servicio como una vocación, “especialmente el sacerdocio”.