El padre Aguirre bendice las ofrendas durante una Misa transmitida por la página parroquial de Facebook.  Imagen de una toma de pantalla
El padre Aguirre bendice las ofrendas durante una Misa transmitida por la página parroquial de Facebook. Imagen de una toma de pantalla

Hace ya un poco más de un año que el mundo entero comenzó a escuchar hablar sobre un nuevo virus, el Covid-19 que, poco a poco, nos fue cambiando nuestra forma de relacionarnos, de trabajar, de adorar.

Nunca imaginamos llegar a vivir una pandemia como la que hemos experimentado.  Poco a poco fuimos conociendo sus síntomas, formas de contagio y como evitarlo. Como sacerdote, pude conocer y acompañar el dolor de muchos pacientes a los cuales administré el Sacramento de la Unción y de muchas familias que perdieron a sus seres queridos debido a este virus.

También experimenté a nivel familiar la pérdida de familiares en Colombia que perdieron su lucha contra esta enfermedad. Y finalmente, yo mismo viví los efectos del Covid-19 el año pasado y pude sentir la oración de intercesión de muchas familias por mi pronta recuperación. Al mismo tiempo, pude entender que Dios me brindaba una nueva oportunidad para crecer en mi relación con Dios y mi prójimo.

Y esa oportunidad no solo se me ha dado a mí sino a todos nosotros para que nos reencontremos con Jesús y su Evangelio a través del perdón, del amor y de la misericordia con nosotros mismos, con nuestras familias y con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Y que mejor manera de comenzar este caminar que viviendo a plenitud este nuevo tiempo de Cuaresma el cual dimos inicio con el Miércoles de Ceniza este 17 de febrero.

La Cuaresma es ese tiempo maravilloso que la Iglesia nos brinda para que vivamos un “nuevo encuentro con Jesús”, y que mejor motivación que el hecho de poder estar con salud y con nuestras familias para dar un cambio a nuestras vidas.

Que este tiempo de oración, ayuno y sacrificio lo enfoquemos para que reflexionemos en cómo es nuestra relación con Dios y cómo la vivimos a través de nuestras acciones del día a día. Esta experiencia de la pandemia debe ayudarnos a dejar a un lado todas aquellas diferencias y actitudes que nos alejan de Dios y por consiguiente de nuestros hermanos.

Comencemos a orar más y a quejarnos menos, dejemos a un lado las críticas y divisiones y comencemos a servir y ser medios de unidad fraternidad. Pidamos menos y agradezcamos más a Dios y permitamos que su voz nos guie en nuestras vidas y acciones.

Que este tiempo de pandemia haga de esta Cuaresma la oportunidad precisa para redescubrir nuestra vocación de cristianos en el amor, en la oración, en el perdón y en el servicio.