"Asunción" por John Singleton Copley está en el Museo de Artes Finos en Boston, MA. El obispo O'Connell escribe, "Esta gran fiesta - cuando ocurra en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica – conmemora nuestra creencia de que el Señor Jesús Resucitado, reunido con sus discípulos en el monte Tabor cerca de Jerusalén, se subió al cielo en cuerpo y alma, volviendo a su Padre" en su reflexión sonre la Solemnidad de la Asunción del Señor.
"Asunción" por John Singleton Copley está en el Museo de Artes Finos en Boston, MA. El obispo O'Connell escribe, "Esta gran fiesta - cuando ocurra en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica – conmemora nuestra creencia de que el Señor Jesús Resucitado, reunido con sus discípulos en el monte Tabor cerca de Jerusalén, se subió al cielo en cuerpo y alma, volviendo a su Padre" en su reflexión sonre la Solemnidad de la Asunción del Señor.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles dice: “mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista” (Hechos 1: 9).

El Evangelio según San Marcos, el primer escrito de los cuatro Evangelios, nos dice esto: “Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban” (Marcos 16: 19-20).

Otras referencias en las escrituras del Nuevo Testamento señalan este acontecimiento, aunque de manera menos directa. El Evangelio según San Mateo describe lo que se llama “la Gran Comisión”, cuando el Jesús Resucitado dirige a sus Apóstoles:

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado.  Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban.  Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo:

“Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.  Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28: 16-20).

En el Evangelio según San Juan, después de su Resurrección, Jesús se refiere curiosamente a su Asunción mientras conversa con María Magdalena: “Suéltame, porque todavía no he vuelto al Padre” (Juan 20: 17).

Que el Resucitado Señor Jesús “se ascendiera” de la tierra a su Padre celestial es una creencia y enseñanza de la Iglesia Católica basada en las Escrituras después de su Resurrección.

Por los siglos, los académicos de las Escrituras, los Padres de la Iglesia, incluyéndole al San Agustín (354-430 AD), y otros grandes teólogos han comentado frecuentemente sobre su significado. Su Resurrección y Asunción, conocidas como su “Exaltación”, son consideradas como eventos fundamentales en la vida de Jesús en la tierra y entre los mayores misterios de nuestra fe católica. También otras tradiciones cristianas la celebran y se puede ver muchas obras de arte sobre ella por los tiempos.

Aunque la creencia de la Iglesia Católica en la Asunción del Señor Jesús se hiciera evidente en sus tiempos más tempranos, su conmemoración litúrgica como una solemnidad propia se apareció gradualmente en el calendario litúrgico desde el cuarto siglo. En el Credo Niceno (325 AD) y profesiones de fe subsecuentes, la Iglesia proclama que el Señor Jesús “subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”.

Ahora que el Tiempo de Pascua se concluye, consideramos la Solemnidad de la Asunción – tradicionalmente llamada el Jueves de la Asunción – y lo que significa a la comunidad de fe católica.

Representa el fin de la presencia encarnada y corporal del Resucitado Señor Jesús aquí en la tierra y su regreso al Padre. Destaca su presencia universal, eterna y espiritual entre nosotros: “Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Leemos en la Carta de San Pablo a los Colosenses: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria” (Colonenses 3: 1-4). Al igual que su Resurrección nos presenta con la vida eterna, su Asunción es nuestro camino a la gloria eterna. La Asunción preparó a la Iglesia por la presencia de su Espíritu Santo, su Paráclito, en Pentecostés, diez días después.

Con eso en mente, San Agustín explicó: “Como él ascendió sin apartarse de nosotros, también nosotros estamos ya con él allí …  Él está allí con nosotros; igualmente, nosotros estamos aquí con él. Él lo hace por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, aunque no lo podemos en virtud de la divinidad como él, lo podemos por el amor, pero amor hacia él… Descendió del cielo por misericordia y no asciende nadie sino él, puesto que también nosotros estamos en él por gracia” (Agustín, “Sermón sobre la Asunción del Señor”).

Para nosotros como católicos y para todos los cristianos, la Solemnidad de la Asunción – sea celebrada el jueves o el siguiente domingo – nos ofrece la esperanza de que Cristo volverá a nosotros en la gloria, que su Espíritu Santo seguirá con nosotros ahora y siempre mientras proclamamos su amor y misericordia y verdad, y que, a través de nuestra fe, seamos sus testigos “hasta el fin del mundo”.

Ahora que el Tiempo de Pascua se concluye, consideramos la Solemnidad de la Asunción – tradicionalmente llamada el Jueves de la Asunción – y lo que significa a la comunidad de fe católica.

Representa el fin de la presencia encarnada y corporal del Resucitado Señor Jesús aquí en la tierra y su regreso al Padre. Destaca su presencia universal, eterna y espiritual entre nosotros: “Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Leemos en la Carta de San Pablo a los Colosenses: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria” (Colonenses 3: 1-4). Al igual que su Resurrección nos presenta con la vida eterna, su Asunción es nuestro camino a la gloria eterna. La Asunción preparó a la Iglesia por la presencia de su Espíritu Santo, su Paráclito, en Pentecostés, diez días después.

Con eso en mente, San Agustín explicó: “Como él ascendió sin apartarse de nosotros, también nosotros estamos ya con él allí …  Él está allí con nosotros; igualmente, nosotros estamos aquí con él. Él lo hace por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, aunque no lo podemos en virtud de la divinidad como él, lo podemos por el amor, pero amor hacia él… Descendió del cielo por misericordia y no asciende nadie sino él, puesto que también nosotros estamos en él por gracia” (Agustín, “Sermón sobre la Asunción del Señor”).

Para nosotros como católicos y para todos los cristianos, la Solemnidad de la Asunción – sea celebrada el jueves o el siguiente domingo – nos ofrece la esperanza de que Cristo volverá a nosotros en la gloria, que su Espíritu Santo seguirá con nosotros ahora y siempre mientras proclamamos su amor y misericordia y verdad, y que, a través de nuestra fe, seamos sus testigos “hasta el fin del mundo”.