De primera vista, Nathaly parece como cualquier adolescente de 16 años – tímida con extraños, cansada de la manera que los adolescentes que no paran de actividades suelen estar, y rebotando fluidamente entre la pantalla de su computadora y su tarea para cumplir con el trabajo escolar de su secundaria en el norte de New Jersey.

Pobreza profunda

Pero hace solo un año, su vida le fue muy diferente. Nathaly vivía con su familia en Ecuador, donde la pandemia del coronavirus empeoró la pobreza duradera del país sudamericano. Más de un 52 por ciento de los ecuatorianos viven en la pobreza actualmente, por algunas estimaciones, además de una alta cantidad de adolescentes que dejan de estudiar y más trabajo de niños. Para comparar, un 12 por ciento de la población de los Estados Unidos vive en la pobreza. Con solo 15 años y embarazada, Nathaly tuvo miedo del futuro.

Sin decir ni una palabra a su familia, la joven dejó su casa en diciembre y se abarcó en un camino largo hacia una vida esperanzadora en los Estados Unidos. Hace doce años, su tía Betty había decidido hacer lo mismo. El camino de Betty hacia la frontera estadounidense fue muy peligroso, pero desde entonces, ella había construido una vida segura y estable en el norte de New Jersey. Con el deseo de proveer lo mismo a su sobrina, Betty le compró un boleto de avión para Nathaly a México – y rogaba a Dios que le protegiera a ella mientras viajaba sola por autobús y a pie hasta llegar a Texas.

El camino por México demoró siete días. En camino, Nathaly conoció a dos otras emigres jóvenes. La compañía fortaleció a las tres mientras navegaban el desierto e intentaban evadir a extraños en Juárez, una ciudad fronteriza con una historia violenta, especialmente para las mujeres. Al alcanzar la frontera, encontraron una parte seca del río donde cruzar. El futuro esperanzador por la cual habían luchado y sufrido parecía estar cerca.

Fue entonces que las autoridades fronterizas aparecieron. Los agentes migratorios agarraron a las tres niñas y las llevaron a una detención migratoria, donde su destino quedaría en manos de un juez. Sin embargo, Nathaly solo se sentía aliviada.

“Por lo menos sobreviviremos”, pensaba Nathaly, quien ya estaba en el octavo mes del embarazo durante ese viaje tan duro.

Niños inmigrantes más vulnerables

Para la mayoría de los inmigrantes captados después de entrar a los EE. UU. sin documentos, la deportación puede ser un destino inevitable. Pero para menores cruzando solos, como Nathaly, el futuro es más complicado. La ley federal manda unos procedimientos protectores para ellos, reconociendo los riesgos más altos que corren como niños vulnerables. Unos de los riesgos más conocidos y prevalentes son la explotación, el tráfico humano y la violencia. Una nueva política que se puso en marcha en febrero pretende acelerar la reunificación con sus familias.

Eso es el punto en donde la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) entra a la historia. La USCCB creó un programa llamado Caminos Seguros que reúne a adolescentes y niños no documentados que llegaron solos con patrocinadores en los EE. UU. (mayormente familiares). En New Jersey, Caridades Católicas Diócesis de Trenton provee servicios de por todo el estado después de las reunificaciones para ayudar a los niños a conseguir estabilidad y normalidad mientras sus casos migratorios avanzan por el sistema legal. La necesidad es aguda. En solo el mes de marzo, la patrulla fronteriza paró a casi 19,000 niños solitarios en la frontera, un récord desde el 2009 según datos federales.

En Caridades Católicas, Marilyn Zeno (en la foto al lado de Nathaly, su bebé, Betty, y la hija de Betty) maneja el programa que tiene su sede en Servicios Comunitarios de Lakewood, establecido en el 2012. Caridades Católicas ayudó a casi 70 niños desde el año pasado por el programa Caminos Seguros.

La meta… estabilidad

“Los proveemos con todos los recursos y referencias que necesitan para seguir adelante”, dijo Zeno. “Por ejemplo, si no tienes documentos, significa que tampoco tienes seguro médico. Entonces, les ayudamos a inscribirse para recibir cuidado caritativo para cubrir los costos médicos. Les ayudamos a matricularse en escuela. Les ayudamos a conseguir un carné de identificación. Si haya alguna necesidad para ayudar con la salud emocional o mental, les ponemos en contacto con consejeros y el cuidado de salud mental o emocional. Les ayudamos conectar con abogados que trabajan gratuitamente con sus casos. Hacemos lo que sea para ayudarles a conseguir la estabilidad y seguridad aquí”.

Para Nathaly, esa estabilidad significó trasladar su caso de Texas a New Jersey, donde vive ahora con su tía. También hubo que ayudarla a conseguir el cuidado obstetra y pediatra para su hijito quien nació en febrero.

Nathaly quiere quedarse en los EE. UU. y hacerse ciudadana. Sueña con ser doctora algún día, pero por ahora su prioridad es el bienestar de su hijo.

“Quiero terminar con mi educación para poder ofrecerle a mi hijo lo que yo nunca tuve en Ecuador”, dijo ella.