Siempre me siento agradecido de vivir en una región del país que disfruta de un claro y marcado cambio de las estaciones y los patrones climáticos que las acompañan. En años más recientes, sin embargo, esos patrones climáticos estacionales parecen superponerse y mezclarse un poco más que en el pasado. No soy meteorólogo ni científico, pero estoy seguro de que hay razones "científicas" para tal evidencia de "cambios climáticos". Y también estoy seguro de que hay muchas personas que estarán de acuerdo o en desacuerdo con esas razones, así como a quienes simplemente no les importa.

La expresión "cambio climático" a menudo se usa indistintamente con la de "calentamiento global", pero los dos términos, aunque algo relacionados, tiene un significado distinto. El “cambio climático” es un cambio duradero en los patrones climáticos promedio que afectan los climas regionales y globales con efectos observables. El “calentamiento global” se refiere al calentamiento real y demostrable de la superficie terrestre relacionado con las actividades humanas.   

La comunidad científica considera el “calentamiento global”, que avanza ahora a un ritmo sin precedentes desde la década de 1950, como un grave motivo de alarma, una “crisis global”. La dimensión de "actividades humanas" de esta "crisis global" y sus consecuencias relacionadas han planteado algunas cuestiones morales bastante serias de las que hay que conversar.                 

En el 2015, nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, estableció el primero de septiembre como la fecha anual para que los católicos y todas las personas de fé y buena voluntad celebren el Día Mundial para el Cuidado de la Creación. Publicó una carta encíclica titulada “Laudato Si' – Sobre el cuidado de nuestra “casa común” (24 de mayo de 2015), para poner ante nuestras mentes y corazones la urgencia moral del respeto, la corresponsabilidad y el cuidado de la creación de Dios como dimensión esencial de nuestra fé. Si bien reconoce el gran progreso que la humanidad ha tenido y continúa teniendo, el Santo Padre advierte que tales avances en todos los ámbitos no deben nunca amenazar el futuro del planeta ni del bien común de nuestras hermanas y hermanos que lo cohabitan junto a nosotros. Este documento es digno de lectura y reflexión.

El Papa Francisco no es el primer sucesor de San Pedro en abordar estos temas. El Papa San Paulo VI escribió en 1971, “debido a una explotación imprudente de la naturaleza, [la humanidad] corre el riesgo de destruirla y convertirse, a su vez, en víctima de esta degradación” (carta apostólica “Octogesima Adveniens”, párr. 21, 14 de mayo de 1971). El Papa San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI expresaron preocupaciones similares.

Este año, el Papa Francisco nos invita en su mensaje anual del “Día Mundial de la Creación” a “escuchar la voz de la creación”, alabando a Dios nuestro Creador por sus abundantes dones y al mismo tiempo “lamentando nuestro maltrato a está, nuestra casa común”.

La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación no se trata de diferentes posiciones políticas, teorías y opiniones científicas conflictivas o protestas y debates. Estas realidades tienen su propio lugar en la sociedad contemporánea y su propio público que abraza los diversos temas y las estrategias que se plantean y proponen. El Papa Francisco simplemente nos presenta ante nuestras mentes y corazones una vez más el mundo que Dios creó y nuestra responsabilidad moral, como parte de su creación para cuidar y proteger la tierra como nuestra "casa común", para ser "administradores de la creación".

Nos pide que reflexionemos y meditemos al respecto; que seamos agradecidos y que recemos por ello; nos pide comprometernos a preservarlo para nosotros y los que vendrán después de nosotros; ¡que hagamos todo lo que podamos para marcar la diferencia no sólo en y para el futuro sino en y para el presente! Su preocupación por nuestra “casa común” tiene buen “sentido común” no solo para los católicos sino para todos. Juntos, entonces, “escuchemos la voz de la creación” y unamos nuestras propias voces con ella en oración:

Oración por nuestra Tierra

Dios omnipotente,

que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas,

Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,

derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza.

Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.

Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados,

a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas

en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.

Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

Por Cristo nuestro Senor. Amen.

 

Por Papa Francisco, “Laudato Si”