Me uniré con mis hermanos obispos de los Estados Unidos (la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos o USSCB por sus siglas en inglés) para nuestra reunión anual en Baltimore a partir de lunes, el 15 de noviembre. Será nuestra primera reunión “en vivo” desde el 2019 a causa de la pandemia. Aunque no haya ningún mandado de vacunarse, todos los obispos estás obligados a llevar mascarillas a dentro durante la reunión.

Al revisar la agenda propuesta, veo que hay muchas cosas ordinarias como reportajes y consultas para nuestra consideración general. El asunto grande parece ser revisar y, tal vez, una votación sobre el borrador de un nuevo documento sobre la Santa Eucaristía, compuesto por el comité por la doctrina de la conferencia episcopal, titulado “El misterio de la Eucaristía en la vida de la Iglesia”.

Junto con los otros temas, el borrador fue compartido con los obispos a través de su sitio digital del episcopado en septiembre. Unos obispos compartieron el texto borrador con su personal diocesano y otros lo compartieron con expertos teológicos para que lo revisaran. También llegó a las manos de unos periodistas quienes publicaron el texto con sus propios comentarios. Yo sabía que fue considerado ningún “documento clandestino” pero a algunas personas les encanta el drama. De toda manera, el borrador está disponible públicamente a quienes tengan interés en leerlo.

Mi experiencia ha sido que cuando la USCCB escribe algún documento, se da mucho tiempo y atención en desarrollar el texto ambos antes y durante las sesiones de nuestra reunión anual. La iniciativa por escribir tales documentos es por el bien de la Iglesia Católica en nuestro país. Confieso que mientras nosotros, como obispos, luchamos con los temas y el texto de nuestros documentos publicados, yo me pregunto frecuentemente a mí mismo, “¿quién leerá esto?; ¿alcanzará a los fieles ‘en las bancas’ o, de hecho, al clérigo por los cuales está escrito?”. Será que ¿estamos predicando a nosotros mismos (que no tiene que ser cosa negativa)?

En los años más recientes, ciertos documentos importantes declarados por el papa o la Santa Sede para la Iglesia Católica universal “se escapan” o llegan a manos de unos privilegiados o por los medios seculares (o unos católicos) antes de que los obispos – los maestros auténticos y autoritarios de la Iglesia por la virtud de la gracia de la ordenación y el oficio que ocupan – tuvieran chance de leer y estudiarlos para entonces enseñar a los fieles apropiada y ‘auténticamente’ sobre su contenido, significado y aplicación para la vida cristiana. Yo no sé quien está dejando que los documentos “se escapan” pero no me parece justo. Ya que los obispos hablan o escriben sobre algún texto, los “privilegiados” y medios seculares (o algunos católicos) han impuesto su perspectiva en el texto y los obispos entonces no tienen la oportunidad de enseñar, sino que ahora se encuentran en el lugar de tener que defender, clarificar o corregir la perspectiva incorrecta, que suele ser una mal representación.

No es que estoy criticando a los medios seculares aquí, aunque los medios católicos deban saber mejor. No es muy sabio criticar a quienes, digamos, ‘compran la tinta por el barril’. Ellos están ejerciendo su trabajo de compartir cosas de noticias. Es lo que les gana un sueldo y lo que vende periódicos o que atrae a gente a sus blog y sitios digitales. Solo digo que es desafortunado que los fieles no tengan el chance de estar enseñados por los maestros auténticos y autoritarios de la Iglesia Católica antes de que se publiquen los comentarios y opiniones. Pero, tristemente, es el mundo en que vivimos, y solo queda a nosotros obispos y párrocos hacer lo mejor que podamos para enseñar a los fieles.

La USCCB ha tenido la misma experiencia en cuanto la publicación de sus documentos. El documento propuesto de los obispos sobre la Santa Eucaristía es un ejemplo perfecto actual.

En el 2019, el Centro de Investigaciones de Pew publicó los resultados de un estudio conducido sobre lo que los católicos estadounidenses creen sobre la Santa Eucaristía notando que

La transustanciación – la idea de que durante la Misa el pan y vino usados para la Comunión se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo – es central a la fe católica. De hecho, la Iglesia Católica enseña que “la Eucaristía es ‘fuente y cima de toda la vida cristiana’”.

Su encuesta encontró que

… la mayoría de las personas que se describen como católicos no creen esta enseñanza central. De hecho, casi siete de cada diez católicos (69%) dicen que creen personalmente de que, durante la Misa católica, el pan y el vino usados para la Comunión sean “símbolos del cuerpo y sangre de Jesucristo”. Solo un tercio de los católicos estadounidenses (31%) dice que cree que “durante la Misa católica, el pan y vino verdaderamente se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo”.

La encuesta también preguntó a los católicos lo que saben de lo que la Iglesia enseña sobre la Eucaristía. La mayoría de los católicos que creen que el pan y vino sean simbólicos no saben que la Iglesia se basa en que la transustanciación ocurre. Un 43% de los católicos creen que el pan y vino sean simbólicos y también que esto es la posición de la Iglesia. Es más… uno en cada cinco católicos (22%) rechazan la idea de la transustanciación, aunque conozcan la enseñanza de la Iglesia.

La gran mayoría de aquellos que creen que el pan y el vino se conviertan verdaderamente en el cuerpo y la sangre de Cristo – 28% de todos los católicos – saben que esto es lo que enseña la Iglesia. Unos pocos de católicos (3%) profesan cree en la presencia verdadera de Cristo en la Eucaristía a pesar de no saber la enseñanza de la Iglesia sobre la transustanciación.

… La encuesta también encuentra la creencia en la presencia verdadera de Cristo en la Eucaristía es más común entre los católicos mayores, aunque las mayorías de cada grupo dividido por edad (incluyendo un 61% de las personas mayores de 61 años) creen que el pan y el vino sean símbolos, no el cuerpo y la sangre verdadero de Cristo.

Por supuesto, los resultados de una encuesta secular como esta sobre una enseñanza central de la fe católica fueron, y son, una preocupación para la Iglesia Católica, especialmente entre los obispos de los Estados Unidos. Si la encuesta (y es un SI grande) refleja precisamente esta creencia – o falta de creencia – de los católicos estadounidenses en la Santa Eucaristía, ¿dónde hemos fallado o equivocado en nuestra enseñanza como obispos? Surge otra pregunta también, que no es menos preocupante, ¿dónde han fallado o equivocado los fieles en su creencia? La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la Santa Eucaristía no ha cambiado. ¿Por qué nuestra creencia ha cambiado? La Santa Eucaristía no es ningún “símbolo” de la presencia del Señor Jesucristo. ES su presencia, entera y completa, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la comunidad de la fe celebrando el sacrificio eucarístico de la Misa y recibiendo la Santa Comunión y en el tabernáculo que contiene al Santísimo reservado.

En el 2006, trece años antes de la encuesta de Pew, la USCCB publicó un documento sobre la Eucaristía titulado, “’Dichosos los invitados a su cena’: Sobre la preparación para recibir dignamente a cristo en la Eucaristía”. Los obispos de aquel tiempo no solo presentaron una enseñanza enriquecedora y hermosa sobre la realidad y el significado de la Eucaristía, sino también trataron las preguntas difíciles sobre quienes pueden o no, quienes deben o no recibir la Santa Comunión, según la enseñanza de la Iglesia Católica. No nombraron a nadie ni señalaron ninguna ocupación, aunque su exposición quedó clara. Los obispos concluyeron su documento animando a todos los fieles a prepararse adecuadamente para “recibir la Santa Comunión dignamente”. Vuelvo a mis preguntas anteriores: “¿Quién leyó este documento?; ¿Alcanzó a los fieles ‘en las bancas’ y al clérigo en quien se le confía su cuidado pastoral?; ¿Estuvieran los obispos predicando entre ellos mismos?”.

Ahora, nos adelantamos al momento actual cuando estamos considerando un nuevo documento de la USCCB sobre la Santa Eucaristía. El borrador ciertamente es una exposición hermosa sobre “el misterio de la Santa Eucaristía en la vida de la Iglesia”. ¿Presentará algo diferente, algo más pleno, algo más rico o mejor que el documento de los obispos del 2006? Está escrito bien y hermosamente, aunque unos que ya lo hayan leído sugieren que es algo anticuado teológicamente, y hasta preconciliar (II Vaticano). ¿Tendrá algún impacto para las personas que participaron en la encuesta del 2019 de Pew? ¿Enseñará algo “más” que inspirará a los fieles de hoy en día para que “creen” lo que la Iglesia Católica ha enseñado y creído sobre la Santa Eucaristía de por los siglos? ¿Hará alguna diferencia? Ya que se discute, debate sobre el borrador y los obispos votan y está finalizado, veremos las respuestas a estas preguntas. Todo dependerá de cómo las diócesis y parroquias hagan que se conozca sus contenidos.

Desafortunadamente, esta iniciativa de buenas intenciones fue desviada antes de que escribiera el texto del borrador, por quienes pretenden, tal vez hasta demandan, que los obispos enfocan su atención y usan su autoridad de la enseñanza y la gobernación de confrontar a políticos católicos que reciben la Santa Comunión mientras mantienen ciertas posiciones contrarias a las enseñanzas de la Iglesia Católica, primordial entre ellas, el aborto. Los medios seculares, además de unos blogs y sitios digitales católicos, han contribuido grandemente a esta expectativa, especialmente desde la elección de un presidente que es ambos un católico bautizado y activo y decididamente proelección. Varios obispos también han aportado y compartido esa expectativa públicamente tal como se vio en la reunión virtual vergonzosa de junio 2021 de la USCCB y en varias subsecuentes declaraciones de obispos individuales o grupos regionales.

Que el aborto sea totalmente malo y que quienes que lo defienden como algo legitimo en acciones legislativas o judiciales sean “conspiradores en una maldad moral” no entran aquí. Los obispos han sido firmes y consistentes en denunciar tales cosas como malas y escandalosas en sí, especialmente cuando los defensores son católicos. Sin embargo, preguntas surgen como resultados. ¿Se debe prohibir a políticos y oficiales elegidos católicos proelecciones de recibir la Santa Comunión de manera oficial y explícitamente declararlo en cualquier documento nuevo sobre la Santa Eucaristía? Se debe afirmar y aplicar las provisiones del Derecho Canónico sobre el tema (can. 915 y 916) en el nuevo texto? ¿Cuál era el intento original de los obispos, ahora que la oportunidad de re-presentar y re-educar a los fieles sobre la doctrina sobre la Santa Eucaristía parece haberse convertido en un mandato de los obispos para esforzar la disciplina eclesial a políticos proelección? Algunos periodistas católicos han opinado que la “prohibición Eucarística” de políticos y oficiales elegidos católicos como el presidente Biden fue el intento real y el resultado esperado del nuevo documento propuesto sobre la Santa Eucaristía del principio. Como un obispo, yo nunca escuché tal intento expresado por los obispos. ¡Algunas personas pretenden saber más de lo que piensan y esperan los obispos que los meros obispos!

El borrador como existe actualmente no se enfoca específicamente en políticos y oficiales elegidos católicos proelecciones ni en prohibirlos de recibir la Santa Comunión, algo que ha desilusionado, frustrado y enojado a quienes lucharon mucho por su inclusión desde la reunión virtual de junio 2021 de la USCCB. Los obispos que elaboraron el texto optaron por una re-declaración y re-presentación más comprensiva de la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica sobre lo que significa para los católicos recibir la Santa Eucaristía dignamente, semejante a lo que los obispos presentaron en el 2006. A algunos obispos será suficiente y a otros no estará completo. Veremos lo que ocurrirá en la reunión de noviembre 2021 al considerar el borrador. Lo que sea, mi oración es que se conozca, valora y ama mejor a la Santa Eucaristía y que el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesucristo seguirá como el centro de nuestras vidas católicas como “fuente y cima”.